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Datos para la foto, silencio para la realidad - Semanario de Junín

LOCALES | 18 JUL 2026

HAMBRE URGENTE

Datos para la foto, silencio para la realidad

Junín cuenta desde hace nueve años con un Observatorio Nutricional destinado a monitorear uno de los problemas sociales más sensibles. Sin embargo, mientras la malnutrición vuelve a preocupar en la Argentina y el interior bonaerense, los datos públicos desaparecieron de la escena local. La ausencia de información contrasta con una gestión que encuentra recursos para proyectos millonarios, pero que deja sin respuesta necesidades básicas de instituciones educativas históricas.

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Hay una vieja máxima de la administración pública que sostiene que aquello que no se mide, no se puede gestionar. Pero existe una segunda consecuencia, quizás más grave: aquello que no se mide tampoco puede ser controlado por los ciudadanos.

Junín cuenta desde 2017 con un Observatorio Nutricional que fue presentado como una herramienta estratégica para monitorear la situación alimentaria de la población, detectar tendencias y orientar políticas públicas. La iniciativa fue celebrada en su momento porque colocaba a la ciudad en una posición de vanguardia respecto de un problema complejo que exige conocimiento científico, seguimiento permanente y capacidad de intervención.

Sin embargo, cuando se intenta conocer cuál es la situación actual de la malnutrición en el distrito, la información desaparece.

La última presentación pública de resultados identificable corresponde a noviembre de 2024. Desde entonces, transcurrieron cerca de veinte meses sin que se difundieran nuevos indicadores que permitan evaluar la evolución de un problema que afecta directamente la salud, el desarrollo y las oportunidades futuras de miles de niños y adolescentes.

La pregunta entonces es inevitable: ¿qué está ocurriendo hoy en Junín? Y la respuesta es: No lo sabemos. Y no lo sabemos porque quienes tienen la responsabilidad de producir y difundir esa información han dejado de hacerlo públicamente.

La situación adquiere mayor relevancia porque los informes conocidos estuvieron vinculados principalmente a relevamientos escolares. Poco o nada se conoce sobre la realidad de los sectores más vulnerables de la ciudad, precisamente aquellos donde la inseguridad alimentaria suele manifestarse con mayor crudeza.

La consecuencia es evidente. Sin datos actualizados, cualquier discusión sobre políticas alimentarias queda reducida a declaraciones de ocasión, percepciones subjetivas o consignas políticas. La evidencia desaparece y con ella desaparece también la posibilidad de exigir resultados.

Junín cuenta con un Observatorio Nutricional que fue presentado como una herramienta estratégica para monitorear la situación alimentaria

UN PROBLEMA QUE CRECE

Mientras Junín pierde visibilidad estadística, la problemática alimentaria vuelve a ocupar un lugar central en la agenda nacional.

Durante décadas se pensó que la desnutrición y la obesidad eran fenómenos distintos. Hoy la ciencia demuestra exactamente lo contrario. Ambos forman parte de lo que los especialistas denominan “doble carga de la malnutrición”, una realidad que combina déficits nutricionales con sobrepeso y obesidad, especialmente en los sectores de menores ingresos.

No se trata solamente de personas que comen poco. También incluye a quienes se alimentan mal porque los alimentos más accesibles suelen ser los de menor calidad nutricional.

La consecuencia es una generación expuesta simultáneamente a carencias alimentarias y enfermedades asociadas al exceso de productos ultraprocesados.

En ese contexto, investigadores de la Universidad de Buenos Aires y del CONICET elaboraron recientemente el primer mapa nacional de la doble carga de la malnutrición a escala jurisdiccional. El estudio analizó datos de casi un millón de niños menores de cinco años atendidos en el sistema público de salud y detectó fuertes desigualdades territoriales en distintas regiones del país, incluyendo la región central argentina. El trabajo científico no sólo aporta información. También deja una enseñanza política.

Los investigadores concluyen que las decisiones públicas deben apoyarse en evidencia y no en creencias, intuiciones o discursos. Justamente para eso sirven los observatorios, los sistemas estadísticos y los mecanismos de monitoreo permanente.

Por eso resulta difícil comprender que una ciudad que dispone de una estructura específica para relevar estos indicadores permanezca prácticamente en silencio cuando el problema vuelve a mostrar señales de agravamiento en distintos puntos del país.

Mientras no existan indicadores públicos, cualquier discurso podrá sostenerse sin necesidad de demostrar resultados

¿Y LAS PRIORIDADES?

La falta de datos sería preocupante por sí sola. Pero adquiere otra dimensión cuando se la observa junto a determinadas decisiones presupuestarias.

Durante los últimos años el gobierno municipal impulsó la construcción de una escuela de robótica con una inversión inicial cercana a los 300 millones de pesos. La apuesta fue presentada como una muestra de modernidad, innovación y preparación para los desafíos tecnológicos del futuro.

Nadie discute la importancia de incorporar nuevas herramientas educativas.

La discusión aparece cuando las prioridades parecen desentenderse de las necesidades más inmediatas.

Mientras se exhiben proyectos de alto impacto comunicacional, la Escuela de Arte Xul Solar debió suspender clases por la falta de calefacción en plena ola polar. La institución informó que necesitaba asistencia para reparar el sistema y, según trascendió, la respuesta municipal fue negativa.

Una ciudad que proyecta laboratorios tecnológicos de última generación, pero donde alumnos y docentes no pueden permanecer en las aulas porque no funcionan los calefactores.

La discusión aparece cuando las prioridades parecen desentenderse de las necesidades más inmediatas

Una gestión que dispone de recursos para mostrar obras emblemáticas, pero que encuentra dificultades cuando se trata de resolver problemas básicos de instituciones que forman parte de la identidad cultural juninense. Entonces, la contradicción no es educativa, sino política.

Porque gobernar implica establecer prioridades. Y las prioridades no se anuncian en conferencias de prensa ni en campañas publicitarias. Las prioridades se revelan cuando llega el momento de asignar recursos.

El problema no es que exista una escuela de robótica, sino que el petrequismo todavía no puede responder preguntas mucho más elementales.

¿Cuántos niños presentan problemas nutricionales en Junín?

¿La situación mejoró o empeoró durante los últimos dos años?

¿Cuáles son los barrios más afectados?

¿Qué resultados están obteniendo las políticas alimentarias vigentes?

¿Cuál es el impacto real del Servicio Alimentario Escolar?

Son preguntas básicas para cualquier administración que pretenda gestionar con evidencia. Y, paradójicamente, son preguntas que una ciudad con un Observatorio Nutricional debería poder responder sin dificultad.

Ahí tenemos el verdadero problema.

Porque la ausencia de datos no sólo impide conocer la realidad. También evita discutir responsabilidades como ocurre hace una década, donde el Ejecutivo no brinda respuestas a nadie y oculta la información más sensible para toda la comunidad.

Mientras no existan cifras actualizadas, nadie tendrá que explicar por qué una situación mejora, empeora o permanece igual. Mientras no existan indicadores públicos, cualquier discurso podrá sostenerse sin necesidad de demostrar resultados.

Pero la realidad no desaparece porque dejen de publicarse estadísticas.

Los chicos que se alimentan mal siguen existiendo. Las familias vulnerables siguen existiendo. Las necesidades de las escuelas siguen existiendo.

La diferencia es que, cuando los datos dejan de difundirse, lo que desaparece no es el problema. Lo que desaparece es la posibilidad de verlo con claridad.

Y una ciudad que deja de mirar sus problemas corre el riesgo de terminar creyendo que ya los resolvió, algo común en el Ejecutivo local, creerse sus propias mentiras.