NOTA DE TAPA PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 527 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 15 AL 21 DE AGOSTO DE 2026
Juan Fiorini, en calidad de intendente interino, y Pablo Petrecca, senador provincial que no quiso perderse la foto ni la “doble con queso y papas grandes”, junto a empleados, máquinas y vehículos municipales que aportaron logística a la empresa privada, prepararon un acto como si se tratara de una obra propia.
El show, en este caso, no es nuevo. Comenzó cuando el municipio de Junín, luego de diez años de espera para terminar la “interminable” estación de ómnibus que le dejó armada el meonismo, decidió otorgar su administración mediante una concesión a una empresa que no tuvo otro oferente y que resultó ser parte del mismo grupo que construyó la terminal, a cambio de recibir además el predio de la vieja terminal céntrica, que llegó con los despojos al final de su camino.
Como pasó en otras oportunidades, por ejemplo con Havanna y los caminos rurales, las concesiones municipales parecen haber sido armadas a pedido del oferente, con privilegios otorgados por el Ejecutivo comunal a empresarios foráneos vinculados al poder de turno, con beneficios que difícilmente obtendría cualquiera de los comerciantes y empresarios locales que, por el contrario, son presionados con tasas municipales de dudoso origen, escasa contraprestación y cobro compulsivo.
Muy distinto es el panorama respecto de esta terminal de ómnibus que la gestión de Mario Meoni pensó para un futuro venturoso en materia económica, con viajeros y empresas de micros en una dinámica constante, a diferencia de lo que hoy ocurre en nuestro país, enmarcado por un gobierno nacional que destruyó el consumo de las clases media y media baja y puso en riesgo de quebranto a numerosos emprendimientos privados, salvo aquellos conformados por grandes grupos económicos o liderados por multimillonarios interesados en recursos naturales y negocios de alta rentabilidad.
El petrequismo eligió bendecir a sus empresarios amigos con el patrimonio real y potencial de todos los juninenses
El “Modelo Junín” que Petrecca quiere exportar, pero nadie compra, no es más que un plagio de las ideas de aquel Mauricio Macri que apareció en la escena nacional junto al locutor e intendente de Morón, Juan Carlos Rousselot, en medio del escándalo de corrupción relacionado con la construcción de cloacas en ese distrito del conurbano bonaerense, allá por 1988, cuando Petrecca sólo tenía 10 años.
De esta manera, y mediante la mecánica de poder hacer a su antojo con una mayoría de concejales que no formula cuestionamientos y otorga respaldo a cambio de eventuales acuerdos para las “roscas” de la política provincial, en Junín quien gobierna termina haciendo lo que quiere, además de saltar rápidamente en su nivel económico, aunque nunca en el intelectual.
Claro que para eso cuenta con la “vista gorda” de un Poder Judicial que, según ha denunciado reiteradamente este medio, no pone en tela de juicio determinadas presuntas irregularidades ni avanza con la celeridad esperada sobre las denuncias que llegan a sus escritorios.
Queda pendiente todavía conocer el por qué si la constructora de la terminal debía hacer esa y otras obras a cambio del predio de la antigua estación, se habría cobrado un subsidio del gobierno nacional, para hacer algo que ya estaba estipulado en los planos y corría por cuenta de la empresa.
El “Modelo Junín” que Petrecca quiere exportar no es más que un plagio de las ideas de aquel Macri que apareció en la escena nacional a fines de los 80
Entonces, lo que debió ser un símbolo de desarrollo del distrito quedó convertido en un mosaico de desaciertos.
Para muchos, la terminal es un “monumento a la corrupción”. Y no es que falten sospechas sino que sobran vecinos y dirigentes indiferentes y una justicia a la que hace rato se le ha caído el velo.
Hace poco, el secretario de Gobierno de la Municipalidad de Junín, Lisandro Benito, aseguró que “la terminal no se achica, crece paulatinamente”. Sin embargo, la expresión resulta, cuanto menos, contradictoria, porque nadie puede desconocer que su estructura original destinada al transporte de pasajeros quedó reducida a menos de la mitad por la construcción de locales comerciales. Por otra parte, el único crecimiento notorio parece estar en el negocio de la empresa concesionaria, que llegó como administradora de un complejo destinado al transporte y ahora también lo hará con locales comerciales.
Entonces, todos los dichos del Gobierno municipal terminaron conformando un relato difícil de sostener en torno a esta obra icónica de Junín.
Después de diez años de promesas truncas para terminarla, de un día para el otro dijeron que era caro administrarla y que por eso debían entregarla a un privado. La línea de pensamiento de Petrecca se parece demasiado a la del presidente Javier Milei: reducir la presencia del Estado allí donde podría desarrollar una actividad y entregarla al sector privado y, si son amigos, mejor.
Dijeron entonces que el costo de mantenimiento rondaba los 50 millones de pesos mensuales, pero nunca presentaron públicamente los costos respectivos. SEMANARIO llevó a cabo un trabajo al respecto y determinó que, en realidad, el costo era menos de la mitad, sin considerar además lo que se venía gastando en la vieja estructura de Winter y Rivadavia, que rondaba los 10 millones de pesos.
Si tenemos en cuenta que el destino como transporte se redujo a menos de la mitad, el costo de administrarla debería representar aproximadamente el 50% más de lo que costaba mantener la ubicada en el centro de la ciudad.
Y si además tenemos en cuenta que este nuevo predio ya contaba con mantenimiento municipal a través del servicio destinado al Complejo Polideportivo, entonces seguimos achicando gastos y agrandando las dudas sobre el relato de los funcionarios.
Pero lo cierto es que el año pasado, con el acompañamiento de los concejales oficialistas, radicales y Belén Veronelli, de La Libertad Avanza, terminaron otorgando la concesión a las firmas Soluciones Químicas S.A. y Planet Partners Development S.A., del grupo Rowing, constructor de la obra, por un alquiler mensual que, descontados los impuestos, ronda los 15 millones de pesos.
Aun así, no queda claro quién es responsable de pagar el costo del gas para la calefacción y el de la energía eléctrica, ya que existe una línea interna que también abastecerá a los locales y otra externa que ilumina el estacionamiento.
La concesión es amplia. La empresa asume todos los gastos operativos de la terminal y del centro comercial y, además, paga un canon acorde con el edificio que se le entregó, de 4.400 metros cuadrados. Sin embargo, más de 2.000 metros cuadrados fueron transformados en locales comerciales, con los que podría facturar alrededor de 100.000 dólares mensuales cuando pagará poco más de 10.000 dólares de alquiler.
¿Por qué el negocio no lo hizo el municipio y, por el contrario, terminó entregándoselo a la empresa por 30 años? Allí reside el gigantesco interrogante.
Si buscamos alguna comparación, recordemos que el hipermercado Chango Más fue inaugurado en 2010 y alquila el predio donde se ubica actualmente, sobre la colectora de la Ruta 7, pagando, según consultas realizadas en su momento, alrededor del mismo monto que pagará la concesionaria de la terminal de ómnibus.
La diferencia es que el grupo Rowing entró con una infraestructura ya consolidada y sin realizar la inversión inicial de construirla, mientras que Chango Más levantó todo desde cero, sobre un terreno vacío, donde invirtió para su centro comercial diez millones de pesos de entonces, que bajo la calculadora de inflación equivaldrían hoy a unos 3,6 millones de dólares.
Pero el maxi negocio del concesionario avalado por Petrecca y sus concejales todavía tiene un plus. Según el boletín oficial del municipio, la explotación es amplia y abarca todo el terreno. Incluso existen promesas oficiales que mencionaron la posibilidad de que allí se instale un hipermercado y estarían avanzadas las negociaciones para que se traslade La Anónima, que le cedería sus actuales instalaciones a la administradora de la terminal, para que siga generando ingresos que bien podría haberlos sumado el ejecutivo petrequista.
Es decir que, además de los locales, el negocio podría incluir hasta el subalquiler del predio. Suma y suma y sigue…
¿Por qué el negocio no lo hizo el municipio y, por el contrario, terminó entregándoselo a la empresa por 30 años?
En resumen, después de diez años sin terminarla, el Ejecutivo armó un relato para privatizar parte del negocio de la terminal con el objetivo de entregárselo al grupo que la construyó.
En ese caso, “inflaron” los gastos de administración y dijeron que el municipio no podía hacerse cargo. La pregunta era sencilla: si no están capacitados para administrar una terminal de ómnibus, ¿lo están para hacerlo con un distrito de más de 100 mil habitantes?
El relato fue instalado también en algunos medios de comunicación respecto de que administrar la terminal le significaba al municipio 50 millones de pesos mensuales y que no podía afrontar ese costo.
Eso permitió, con el acompañamiento de los concejales que respaldaron la concesión, ponerle un moño lujoso al regalo ofrecido al único oferente que se presentó: Walter Román, CEO de Rowing, constructor de la obra y titular del grupo que también participa de la también promocionada Zona de Actividades Logísticas sobre la Ruta 188, que por ahora forma parte de otras tantas promesas incumplidas del petrequismo.
Sólo basta saber sumar y restar para advertir que, si el oferente se obliga a pagar en un año 360 millones de pesos, equivalentes a 30 millones mensuales, el costo real de la administración no parece coincidir con los 50 millones mensuales instalados en el discurso oficial y menos todavía con lo que van a recaudar con los locales comerciales y el resto del predio, un predio que vale decirlo en tiempos de Meoni se peleaban para judicializarlo advirtiendo problemas ambientales, pero que desde que asumió Petrecca desaparecieron.
Se trata de un negocio que podría haber sido aprovechado enteramente por el municipio, que todavía deberá pagarle a la empresa hasta que ésta comience a generar ingresos importantes a través de nuevos emprendimientos en su entorno y de la generación de puestos de trabajo.
Pero el petrequismo eligió bendecir a sus empresarios amigos con el patrimonio real y potencial de todos los juninenses.
Paradojas que tiene la política con aquellos que, en cada elección, han elegido a la actual gestión.
Hay una contradicción que merece ser discutida en Junín. Mientras el municipio construye y promociona una Escuela de Robótica como emblema de la “economía del conocimiento”, la llegada de una cadena de comidas rápidas es presentada como una gran conquista para el empleo joven. La propia información publicada por La Verdad señala que más de 500 personas se postularon para trabajar en el nuevo local y que finalmente fueron seleccionadas 85.
No hay nada que objetar a esos 85 jóvenes que consiguieron su primera experiencia laboral formal. Por el contrario, es una buena noticia que tengan un empleo registrado, capacitación, obra social, aguinaldo y posibilidades de crecimiento, tal como destaca la empresa.
El problema es otro: ¿qué está haciendo Junín para que esos jóvenes tengan opciones laborales acordes con la formación que la propia ciudad dice estar impulsando?
Petrecca sostuvo al inaugurar la nueva sede de Robótica que Junín está cambiando su matriz productiva, que apuesta a la economía del conocimiento y que prepara a los chicos para un futuro en el que muchos de los trabajos actuales dejarán de existir.
La pregunta, entonces, aparece sola: ¿dónde están las empresas capaces de tomar a esos jóvenes cuando terminen de formarse?
Porque si más de 500 chicos se presentan para obtener 85 puestos de trabajo, el dato excede la celebración de una inauguración. También muestra la enorme demanda de empleo que existe entre los jóvenes juninenses.
Una ciudad puede necesitar hamburgueserías, comercios y servicios. Pero si invierte millones en formar programadores, especialistas en tecnología, robótica e inteligencia artificial, también debería ser capaz de generar las condiciones para que ese conocimiento encuentre un lugar donde desarrollarse, si es que sumamos los distintos centros de capacitación, incluida la universidad.
De lo contrario, nuestro distrito corre el riesgo de preparar a los jóvenes para el futuro mientras les ofrece, en el presente, empleos que poco tienen que ver con esa promesa.
La verdadera transformación de la matriz productiva no se mide por la cantidad de cursos inaugurados ni por las fotos de una nueva sede, sino cuando los jóvenes formados pueden elegir dónde trabajar, cuánto crecer y qué proyecto de vida construir en su propia ciudad.