Vocación, ese llamado a ser algo. Se lo suele pensar como un descubrir, quitar los velos, de algo que estaba ahí, antes de que nos topemos con lo social, con la experiencia. Quizás no sea tan así. Quizás haya que buscar en las historias de vida, porque nos arrojan aprendizajes, porque quienes tienen una búsqueda obsesiva son quienes nos ayudan a aprender a mirar.
En la vida de Mauricio Busso estaba la música, la docencia, la reparación de cualquier cosa que se le rompiera a un vecino. ¿Qué hacer con ese cóctel? Una pregunta que se le puede presentar a muchos, incluso con un título universitario en la mano. ¿Y ahora qué hacer?
Desde este espacio en El Universitario venimos contando historias de graduados con la intención de mostrar el rol de la universidad pública en la sociedad y la vigencia que tienen las carreras universitarias, una potencia oculta como cada vocación y que no se pueden sopesar de modo liviano, sobre todo en tiempos de facilidades y mediciones desprolijas, un horizonte que se abre no sólo en los proyectos productivos o en la inserción laboral sino, sobre todo, en la capacidad de ofrecer una perspectiva. El resto, el resto será destino.
Hoy Mauricio Busso es docente de las materias “Electrotecnia y Máquinas Eléctricas”, “Instalaciones Industriales” y “Energías Renovables” para carreras de Ingeniería, además de dictar cursos de energía solar en el Instituto de Oficios. Buscamos su palabra para conocer un poco más de esta historia que culmina en la creación de Mtec, una empresa de energías renovables que ya es una referencia provincial. Luego de haber sido uno de los dos primeros graduados de la carrera Ingeniería Industrial de la UNNOBA, allá por 2012, mantuvo su vínculo y lo expandió por muchas vías.
—Nosotros habíamos hablado en el 2014 para El Universitario, a pocos años de tu graduación. Recuerdo que estabas empezando a investigar sobre paneles solares. ¿Cómo fueron esos años de inicio profesional?
—Un año antes de recibirme había empezado a trabajar como ayudante docente. Es más, sigo dando clases desde esa época, tiempos en que también surgía mi interés por desarrollar proyectos propios, como una empresa de productos eléctricos que intenté sostener hasta hace poco y que nunca funcionó del todo. Pero yo siempre seguí dando clases e investigando para la universidad. En paralelo a mi vida de ingeniero tenía otros trabajos, como el de ser DJ. Pasaba música en eventos. Ese trabajo me permitió estudiar y hacer otras cosas por muchos años, es decir que fui cambiando de rubros. Pero fue finalmente la investigación la que me llevó para el lado de los paneles solares.
—¿Cómo fue ese descubrimiento?
—Viajé a la Universidad Nacional de Luján para conocer más, escribí artículos científicos, aunque nunca lo había visto como un negocio. Recién después de cursar la Maestría en Energías Renovables surgió la necesidad de encarar la energía solar desde otro lugar, desde lo productivo. Claro que yo ya venía trabajando con cosas pequeñas, instalaciones, desarrollos, y de a poco le empecé a dar cada vez más lugar a lo solar hasta que en 2019 me decidí a crear la empresa, que ahora ya tiene el nombre Mtec Energía Solar. En esos tiempos todavía era DJ, docente, investigador, y hacía todos los trabajos que podía. Tuve que esperar a que la empresa crezca lo suficiente como para dejar de pasar música. Hasta que me empecé a sentir cada vez más cómodo con mi propio proyecto y a confiar en él.
—¿Y qué pasó con la docencia?
—Sigo, porque los temas que doy son los temas que me apasionan.
—¿Qué es Mtec?
—Hacemos instalación de sistemas solares, tanto térmicos como fotovoltaicos. Los sistemas térmicos son los termotanques que se pueden ver en los techos de las casas, básicamente para calentar agua. En cambio la parte fotovoltaica es energía solar que se convierte en electricidad. Además tenemos otro producto, el dedicado al bombeo de agua mediante energía solar, que se instala en el campo. Entonces hay todo tipo de clientes, los residenciales que quieren ahorrar energía y obtener menor costo de la tarifa, los clientes industriales que tienen otras dimensiones y otra escala de equipos, y también los clientes del campo, alejados de la red eléctrica y donde es muy difícil o muy costosa la conexión y para quienes el sistema solar es la única solución. A veces la realización de un tendido de un kilómetro de distancia podría parecer poco, pero para un tendido es un costo altísimo. Ahí nosotros terminamos resolviendo con mucho menos.
—Nunca habíamos hablado del bombeo solar, ¿cómo funciona?
—Un sistema de bombeo solar es un reemplazo, o un complemento, del clásico molino. Se hace mediante una bomba eléctrica sumergible conectada a paneles solares. Un molino se alimenta de viento; nuestra bomba, en cambio, se alimenta del sol. No usa baterías, porque la acumulación la realiza el tanque de agua: es el único sistema solar que acumula y no usa baterías.
—¿Qué parte del trabajo hacen ustedes?
—Hacemos la ingeniería, que es el desarrollo del proyecto, básicamente mi trabajo actual, y después viene la instalación, que es llave en mano. Esto quiere decir que se entrega el equipo funcionando.
—¿Cómo resolviste el crecimiento de la empresa para no tener que hacer todo vos?
—Como decís, al principio era yo y tal vez un ayudante. Pero la empresa fue creciendo y tuve que aprender a delegar y tener nuevos roles. Actualmente está la parte administrativa, que maneja mi novia, graduada en Alimentos de la UNNOBA, y yo en la gerencia en general, y tenemos técnicos que se encargan de las instalaciones. Hasta el año pasado yo hacía instalaciones, pero el crecimiento me fue llevando cada vez más hacia la oficina, porque no podés estar instalando y atendiendo nuevos proyectos, visitando nuevos lugares, diseñando. Uno de los técnicos de la empresa estudia en la Universidad, es de Informática. También tenemos un convenio para que vengan estudiantes a hacer las prácticas profesionales supervisadas. Y desde inicios de 2024 abrimos un local con atención al público (calle Alem 231, Junín).
—¿De qué zona son los clientes?
—La zona de influencia es de 200 km a la redonda. La mayoría de las instalaciones son de fuera de Junín, hasta hemos ido a otras provincias, como Entre Ríos, Santa Fe. Un ejemplo de lo lejos que estamos llegando fue el proyecto que terminamos hace poco que abarcó toda la provincia de Buenos Aires, con la instalación de 65 termotanques solares en escuelas rurales, un trabajo con el cual llegamos hasta Bahía San Blás, en el extremo sur provincial.
—¿Qué fue lo más difícil que tuviste que hacer?
—En este terreno siempre aparece algo desafiante, algo nuevo, tecnologías nuevas. Por ejemplo hasta hace sólo dos años la batería de litio no era económicamente rentable y hoy es algo que avanzó porque los costos bajaron y tiene otra forma de instalarse. Hubo que incorporarla. Otro ejemplo: hace poco realizamos una instalación en una industria que necesitaba 100 KW, lo cual se logra con 180 paneles; eso fue lo más grande que hicimos, en General Viamonte, un gran desafío.
—¿Por qué necesitaban tanta electricidad en esa empresa?
—Por ahorro energético. Nuestro negocio comenzó a crecer hace dos años y en parte tuvo que ver con el aumento de las tarifas. A su vez los equipos fueron bajando de precio, una ecuación que a nosotros nos benefició.
—¿Y cómo es la realidad de los insumos de la industria solar? ¿Se puede fabricar algo acá o necesariamente se debe importar?
—Estamos muy lejos. China es el número uno indiscutido en paneles, tanto en tecnología como en costos. Con las baterías es igual. En inversores (conversión de corriente continua a alterna) hay una fábrica Argentina, pero sólo eso. Tenemos que reconocer que las primeras marcas están en China. Y no es un problema nuestro, es mundial. EE.UU. le compra a China. En lo que es energía solar, el control está en China. Y son productos de muy buena calidad. Lo que sí le compramos a los fabricantes locales son estructuras.
—¿Cómo ponderás el aporte de la universidad pública a tu proyecto de vida?
—Siempre tuve la idea de hacer una carrera universitaria, pero si no era por la UNNOBA no lo hubiera hecho, entendiendo la situación económica de la que venía mi familia. Gracias a la UNNOBA pude estudiar Ingeniería Industrial en mi ciudad, Junín. Esta carrera era una opción que no conocía y que terminó siendo la mejor carrera que podría haber elegido. Pero es más que eso, porque también te abre a la red de contactos de la propia universidad. Siento que me ha ayudado de diferentes formas, incluso con prácticas como el intercambio internacional que hice en Brasil, donde visité empresas, algo que te nutre para ser ingeniero, porque no podés estar solo y encerrado en lo tuyo, es imprescindible conocer otras industrias y a otros colegas. Y dentro de la universidad tengo el recuerdo de los congresos junto a otros estudiantes de Ingeniería. Todas estas experiencias se adquieren gracias al estudio de una carrera universitaria.