Ya no es el clima, la racha de Sarmiento o el pique en la laguna de Gómez. Las charlas en Junín hoy, lamentablemente, son sobre la inseguridad y despiertan gran preocupación porque la escalada parece no tener fin y atenta peligrosamente contra los habitantes del distrito.
“Están desatados”, sostuvo un comerciante de Villa Belgrano respecto de los últimos hechos de robo en negocios del barrio. Todos recuerdan haber visto pasar algún patrullero con la sirena encendida y a toda velocidad. Y ocurre que esto no pasa solamente durante la noche, sino a toda hora del día.
Además, los ladrones no tienen problema en enfrentar, supuestamente armados, a los vecinos que —todavía— deben soportar este tipo de pérdidas, que se suman a la “malaria” reinante, producto de las políticas libertarias a nivel nacional que golpean en cada rincón del país.
El gobierno municipal, como siempre, trata de tirarse arriba de la información como si fuera una granada. Los diarios amigos ocultan los hechos detrás de los llamados telefónicos que llegan desde las oficinas de Rivadavia y Benito de Miguel.
“No queremos que ayuden a sembrar una sensación que no es tal”, dice del otro lado de la línea el funcionario, mientras ve el video que le llegó desde el COM, en el cual —supuestamente— dos menores roban un motociclo 0 km y escapan raudos, sin que hasta ahora hayan sido atrapados.
Según datos oficiales —porque nunca se brindan—, se robarían unas diez motos al día en nuestra ciudad.
Lo mismo ocurre con los saqueos a los autos estacionados. Primero miran hacia el interior para saber si hay algo importante que puedan llevarse. Entonces tantean si alguna puerta quedó abierta; de lo contrario, fuerzan la cerradura.
Los escruches en casas de familia, depósitos o garajes están a pleno. En las primeras se alzan con materiales de construcción, cables de electricidad y herramientas. También van por productos tecnológicos y digitales. En los lugares donde hay autos estacionados, ingresan y roban neumáticos y llantas.
La Policía dice que no da abasto para recorrer todos los sectores predeterminados y, como siempre, se queja de que atrapan a los responsables de los casos y al otro día están otra vez en la calle.
Uno de los datos más preocupantes es que, en algunos casos, la mayoría de los protagonistas son varones menores. Quienes conocen el sistema del hampa señalan que justamente los utilizan para eso, ya que, si son atrapados, a las pocas horas vuelven a la casa de sus padres, reciben un reto y después vuelven a entrar en el circuito, incluso trabajando para transas, como delivery del menudeo o en narcokioscos.
¿Qué hacen esos chicos robando en lugar de estar asistiendo a la escuela? Es una pregunta que nadie se hace, ya que prevalece la casta política, ocupada en reelegir cargos, no perder poder y hacer propaganda barata de un lugar de oportunidades, las cuales sólo las tienen los amigos y conocidos del poder de turno.