NOTA DE TAPA PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 528 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 21 AL 28 DE AGOSTO DE 2026
El proceso de normalización institucional del radicalismo provincial, con una multitudinaria Convención realizada en el Club Atenas de La Plata, donde participaron cerca de 2.000 dirigentes, terminó de ordenar una estructura que pretende llegar a 2027 con otra disposición. Intendentes, legisladores nacionales y provinciales, concejales, autoridades partidarias y más de un centenar de presidentes de comités distritales participaron de un encuentro que dejó planteados desafíos y, sobre todo, una estrategia política.
La carrera hacia 2027 todavía está lejos de tener un resultado definido. Tampoco existe hoy un escenario cerrado para la disputa por la gobernación bonaerense. Los números conocidos recientemente muestran, además, una sociedad que todavía no encuentra una opción definitiva. Detrás de la disputa entre el peronismo y La Libertad Avanza aparece un tercer actor que puede terminar siendo determinante: el electorado que todavía no sabe a quién votar.
En ese escenario, el radicalismo intenta sacudirse el polvo, levantar la cabeza y volver a caminar hacia adelante sin necesidad de esconderse detrás de las alianzas que, durante las últimas décadas, terminaron dejando al partido en un lugar secundario. ¿Podremos? Se preguntan sin que otros escuchen.
Porque una cosa es recuperar una estructura partidaria y otra, bastante diferente, recuperar representación social. Una cosa es reunir dirigentes en un comité y otra conseguir que alguien que dejó de votar radical vuelva a considerar a la UCR como una alternativa. Y una cosa es reivindicar una identidad histórica y otra conseguir que esa identidad pueda traducirse en votos, propuestas y dirigentes capaces de disputar el poder. En Junín, esa discusión ya comenzó.
La UCR local comenzó a mirar con mayor desconfianza la posibilidad de volver a ocupar el lugar de socio menor de una construcción ajena
La Unión Cívica Radical en la Cuarta Sección Electoral constituye una rareza dentro del mapa político bonaerense. El partido conserva cinco intendencias: General Viamonte, Lincoln, Trenque Lauquen, General Arenales y Florentino Ameghino. Son cinco gobiernos municipales que funcionan como una muestra concreta de que el radicalismo, pese a sus crisis, sus divisiones y sus alianzas, todavía conserva territorio, estructura y capacidad electoral.
Los intendentes de esos distritos ya marcaron una posición que resulta significativa para el futuro: tomar distancia tanto de sectores del peronismo de Axel Kicillof como de La Libertad Avanza. No se trata necesariamente de una definición cerrada sobre todas las alianzas futuras, pero sí de una señal política: la posibilidad de que la UCR vuelva a discutir desde su propia identidad y no desde el lugar que le asignen otros espacios.
En Junín, la experiencia de las últimas elecciones dejó una marca. El radicalismo se acompañó del intendente Pablo Petrecca, quien encabezó la lista de SOMOS Buenos Aires. Después del acto electoral, la relación política terminó con la retirada del juninense diploma en mano y sin siquiera dar las gracias. Para buena parte de la dirigencia radical aquello fue leído como una demostración de que las alianzas pueden ofrecer un resultado electoral inmediato, pero también dejar al partido a merced de oportunistas cuando llega la hora de repartir responsabilidades y discutir el poder.
La consecuencia de ese proceso parece ser un cambio de ánimo. La UCR local comenzó a mirar con mayor desconfianza la posibilidad de volver a ocupar el lugar de socio menor de una construcción ajena.
Eduardo Miquel, médico oftalmólogo y nuevo presidente del Comité de la UCR de Junín, intenta ubicarse por encima de las internas que históricamente atravesaron al partido. “Yo llego a través de un consenso generalizado, como prenda de unión, porque acá hay diferentes líneas”, explica.
Y enseguida establece una diferencia que resulta central para entender la nueva etapa: “Yo soy independiente, soy solamente radical, no pertenezco a ninguna línea interna. Por lo tanto, tengo la posibilidad de hacer algunos planteos desde mi independencia para tratar de vincular al resto de las líneas”.
No es un dato menor en un partido que durante años encontró en sus propias internas una de las razones de su debilitamiento. Miquel parece entender que la recuperación de la UCR no puede comenzar por otra pelea entre radicales, sino por la reconstrucción de un espacio común.
“Tenemos el acompañamiento incondicional de todos y de la Juventud Radical y estamos tratando de visibilizar el partido, que la sociedad sepa que hay un radicalismo vivo y que estamos dispuestos a dar batalla desde el punto de vista electoral”, sostiene.
La palabra “visibilizar” adquiere aquí una importancia particular. El problema del radicalismo no sería solamente electoral. También es comunicacional y político. Durante los últimos años otros espacios ocuparon buena parte de la escena pública mientras la UCR quedó atrapada en discusiones internas o reducida a la participación dentro de alianzas más amplias, muchas veces encabezadas por dirigentes deshonestos.
Miquel cree que la región ofrece una oportunidad para revertir esa situación. “Estuvimos acompañando en la asunción a todas las autoridades de la Cuarta porque creemos que debemos unirnos fuertemente en la región”, señala.
Y lo que encontró allí parece haber reforzado su diagnóstico: “En todos esos lugares he visto la presencia de un radicalismo genuino, que está vivo, que está presente. Muchas veces se quiere plantear que el radicalismo está muerto. No, el radicalismo existe. Y hay mucha gente que, sin pertenecer al partido, tiene ideas radicales”.
Ese último punto puede ser uno de los desafíos más interesantes para la UCR de cara a 2027. El partido necesita saber cuántos de aquellos que alguna vez fueron radicales siguen siéndolo aunque hayan dejado de votar la boleta partidaria. También necesita descubrir cuántos ciudadanos que nunca se afiliaron se sienten representados por valores que históricamente estuvieron asociados al radicalismo.
El radicalismo juninense quiere volver a discutir Junín, y pretende hacerlo desde una estructura partidaria que considera propia
Miquel no esquiva la cuestión de fondo. Para él, el problema no es solamente recuperar votos, sino recuperar dignidad política.
“Lo cierto es que si no hubiéramos tenido un (Raúl) Alfonsín, hoy no tendríamos democracia, porque el que sentó a la Junta en el banquillo de los acusados fue Alfonsín”, sostiene. Y reivindica aquella decisión como una muestra de lo que entiende que debería volver a representar el partido: la capacidad de sostener una convicción incluso cuando hacerlo resulta incómodo o riesgoso.
La referencia al “Padre de la Democracias” tampoco aparece por casualidad. En un escenario político donde la discusión pública suele quedar reducida a la pelea inmediata, el radicalismo busca recuperar una tradición política que pretende presentar como propia: instituciones, democracia, convivencia, debate y una determinada concepción del Estado. Pero para Miquel la primera recuperación debe ser “hacia adentro”
“El mensaje es que no podemos seguir yendo detrás de nadie. Yo voy a visibilizar y voy a hacer público lo que muchas veces he dicho acá en el comité. ¿De qué nos sirvieron las alianzas?”, pregunta.
La respuesta llega inmediatamente: “Más allá de algún beneficio personal de algún dirigente, ¿qué nos dieron las alianzas? Terminamos minimizados, devaluados”.
La crítica apunta a una experiencia concreta y también a una estrategia que, desde su perspectiva, agotó su ciclo. Durante años la UCR formó parte de construcciones electorales que le permitieron conservar representación, (algunos) cargos o presencia institucional, pero al costo de una pérdida progresiva de identidad.
El problema ahora es cómo recuperar esa identidad sin convertirla en nostalgia.
“Para nosotros nuestro metro cuadrado es la ciudad de Junín. Nuestro metro cuadrado es la Cuarta Sección Electoral”, afirma Miquel.
La definición tiene una traducción política inmediata. El radicalismo juninense quiere volver a discutir Junín. Y pretende hacerlo desde una estructura partidaria que considera propia, sin quedar subordinado a la agenda de otro espacio.
Desde 1983, Junín tuvo una fuerte tradición radical en la intendencia. La recuperación de esa historia es parte del argumento con el que la nueva conducción pretende volver a instalar al partido en la discusión local.
Miquel considera que las alianzas terminaron diluyendo esa identidad hasta el punto de que hoy resulta difícil establecer con precisión cuántos ciudadanos continúan identificándose con la UCR. Sin embargo, entiende que son muchos y apuesta a reunirlos.
Los radicales históricos, quienes nunca abandonaron la boleta partidaria, los sectores que acompañaron a dirigentes de distintas líneas internas y aquellos que transitaron experiencias políticas diferentes podrían volver a encontrarse bajo una misma bandera. “Ya empezaron a acercarse”, asegura.
Por eso buena parte de la dirigencia radical comienza a mirar con mayor simpatía la posibilidad de competir con marca propia.
“Vamos a ver qué dicen de arriba, pero esa es la idea que tenemos en el plenario, donde tenemos gente con una identidad radical pura. No estamos pensando en que otro nos ayude. Estamos pensando en ayudarnos a nosotros mismos y vincularnos con la sociedad, con la gente; ir a buscar a la gente que de hecho existe y que tiene el pensamiento radical”.
La frase puede sintetizar la apuesta de la nueva conducción: no esperar que otra estructura electoral le garantice un lugar, sino construir las condiciones para ocuparlo.
La nueva conducción pretende recuperar la credibilidad de quienes todavía se consideran radicales
La discusión electoral, sin embargo, aparece acompañada por otra preocupación que Miquel considera todavía más profunda: la degradación del debate político.
El radicalismo, en su mirada, atraviesa una crisis de identidad, pero también una crisis de representación de la política en general. Mientras algunos espacios tuvieron una sobreexposición pública, la UCR padeció una marcada “infraexposición” y quedó en una posición vulnerable.
La salida, para él, no pasa solamente por elegir candidatos o definir alianzas. También implica recuperar el valor de discutir ideas.
“Lo que estamos viendo es una pobreza intelectual que nos está acompañando en la política. Estoy viendo la pobreza intelectual que existe en la Legislatura, ya sea provincial o nacional. Donde había antes gente con pensamiento y con profundidad de pensamiento, que defendía las ideas peronistas, las ideas radicales, hoy no pueden manejarse sin la agresión verbal, solamente exponiendo sus ideas”.
Miquel menciona entonces nombres de distintas tradiciones políticas: Balbín, Tróccoli, Jaroslavsky y Cafiero. No los reivindica por pertenencia partidaria sino por una manera de ejercer la política. Pone un énfasis especial al mencionar al líder local Moisés Lebensohn. “Tipos que tenían una forma de expresarse sin la virulencia verbal. Eso no se ve hoy”, lamenta.
El planteo excede al radicalismo. En definitiva, se trata de una crítica a una política que muchas veces parece haber reemplazado la representación por la confrontación permanente.
“Esos valores que eran tan dignos de la política se han trastocado. La honestidad y la honorabilidad creo que deben estar en el último capítulo del texto de la política actual. Antiguamente hubo quienes hasta se suicidaban por las ideas. Hoy eso quedó en el pasado”.
La frase puede resultar incómoda, pero encaja con la idea que atraviesa toda la conversación: recuperar la política como una actividad vinculada a convicciones y no solamente a posiciones.
En ese camino, el Comité Hipólito Yrigoyen pretende convertirse nuevamente en un espacio de discusión. El encuentro realizado días atrás con la presencia del exfuncionario del gobernador Alejandro Armendáriz, Juan Antonio Portesi, quien presentó un libro sobre Raúl Alfonsín (ver recuadro), puede ser leído como una primera señal de esa intención. El presidente de la UCR Junín quiere multiplicar ese tipo de actividades.
“Debemos proponer este tipo de encuentros para ganarle la batalla a la desazón. Hay graves problemas sociales, no alcanza la plata, el que no tiene vivienda alquila, el que no puede alquilar vuelve a la casa con los padres. Hay un contexto social que ha cambiado mucho y la política hace tiempo que no está ayudando porque precisamente los políticos se miran a sí mismos”.
Ahí aparece otra de las claves del desafío radical. El partido puede reivindicar su historia, recuperar sus símbolos y ordenar su estructura, pero si no consigue hablar de los problemas concretos de la sociedad, la recuperación quedará limitada al universo partidario.
Miquel lo reconoce cuando plantea que esa situación también explica la distancia de buena parte de la ciudadanía: “La gente se queda en su casa porque dice: ‘Son más de lo mismo’. Eso debemos ayudar a cambiarlo”.
No se trata solamente de convencer a quienes alguna vez votaron radical. Se trata de convencer a quienes dejaron de creer en la política.
En Junín la UCR conserva una historia electoral que no desapareció, aunque durante los últimos años haya quedado opacada por otras estructuras
La apuesta de la UCR de Junín todavía tiene muchas preguntas abiertas. La principal es si podrá transformar esta nueva energía partidaria en una construcción electoral competitiva. La segunda es si las diferentes líneas internas podrán convivir sin volver a caer en las viejas disputas que tantas veces terminaron debilitando al partido.
Y hay una tercera: qué ocurrirá cuando desde otros espacios vuelvan a aparecer ofertas de alianza. La respuesta de Miquel parece, por ahora, definida.
“En mi caso tengo una vida hecha, uno tiene una profesión y no estoy acá para ganar plata ni hacer negocio. Estoy para trabajar, como te dije, por el metro cuadrado que es la ciudad. Y exponer ideas y proyectos que todavía no se han visto que hayan salido a la luz”.
El mensaje está dirigido hacia afuera, pero también hacia adentro. La nueva conducción pretende recuperar la credibilidad de quienes todavía se consideran radicales y, al mismo tiempo, demostrar que existe una generación dispuesta a hacerse cargo del partido.
“Nosotros tenemos que fortalecer nuestro partido y nuestra identidad. Como yo le digo a los más jóvenes, no estoy acá para entregar las banderas del partido; estoy acá para levantarlas y no para un arreglo poco productivo, sino para que lidere la Unión Cívica Radical”. La frase contiene, probablemente, la síntesis de todo el proceso.
La UCR sabe que 2027 está lejos y que ninguna elección se gana dos años antes. También sabe que el mapa político puede cambiar muchas veces antes de que los ciudadanos vuelvan a las urnas. Pero entiende que si pretende llegar a esa fecha como protagonista deberá empezar a construir ahora.
En la Cuarta Sección tiene cinco intendencias. En Junín conserva una historia electoral que no desapareció, aunque durante los últimos años haya quedado opacada por otras estructuras. Tiene un comité, juventud, dirigentes, concejales, exfuncionarios y una memoria política que todavía forma parte de la identidad de buena parte de la sociedad. Lo que no tiene todavía es la certeza de que todo eso alcance.
Por eso la discusión que empieza a darse en la casa de Hipólito Yrigoyen no es solamente sobre candidaturas. Es sobre identidad. Sobre autonomía. Sobre si el radicalismo volverá a ser un actor que discuta el poder o continuará siendo una pieza necesaria para que otros armen sus propias mayorías.
El nuevo liderazgo parece haber elegido el camino más difícil: intentar que el partido vuelva a reconocerse antes de pedirle a la sociedad que vuelva a reconocerlo.
“Estamos acá para dar batalla y para acercarnos a la gente, a la sociedad, y decirle a todo el mundo que el comité está abierto, que acá puede entrar cualquiera y que el debate para toda la sociedad siempre va a estar abierto, como fueron los radicales. Si no hay pelea y si no hay interna, no ser radical”.
La frase puede sonar a reivindicación de una vieja tradición partidaria, pero también contiene una advertencia. El radicalismo no pretende eliminar sus diferencias. Pretende discutirlas sin volver a destruirse ¿Lo logrará?
De aquí a 2027 habrá tiempo para alianzas, rupturas, candidaturas, encuestas y nombres propios. Habrá, seguramente, dirigentes que intentarán volver a poner a la UCR dentro de una construcción más grande. Y habrá quienes sostengan que la única manera de recuperar poder es competir con identidad propia.
La boina blanca vuelve a aparecer en Junín y en la región. Pero esta vez no alcanza con ponérsela. Habrá que convencer a quienes dejaron de usarla, a quienes alguna vez la usaron y a quienes nunca la tuvieron. Habrá que demostrar que debajo de la boina todavía existe un proyecto político capaz de hablarle a una sociedad que, más que nuevos sellos electorales, parece estar buscando razones para volver a creer.
Y ahí estará la verdadera batalla radical de cara a 2027: no solamente recuperar una boleta, sino recuperar el sentido de votar por ella.
El nuevo liderazgo parece haber elegido el camino más difícil: intentar que el partido vuelva a reconocerse antes de pedirle a la sociedad que vuelva a reconocerlo
El martes pasadoM en el comité radical Hipólito Yrigoyen, Juan Antonio Portesi, presentó semblanzas del libro “Raúl Alfonsín visto por sus contemporáneos”.
Con buena cantidad de público y la vuelta de viejos conocidos, la actividad sirvió para desandar anécdotas de quien fuera presidente de la Nación, además de exaltar los atributos que tuvo su gestión.
Portesi, es compilador de una vasta obra y fue ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, durante la gobernación de Alejandro Armendáriz.
El libro propone acercarse a la figura de Alfonsín desde las voces de quienes compartieron con él distintos momentos de su trayectoria política, con una mirada centrada en su legado y en el lugar que ocupó en la historia democrática argentina.
La propuesta busca recuperar, desde distintas perspectivas, aspectos de la figura del dirigente radical, cuyo recorrido quedó estrechamente ligado a la recuperación de las instituciones democráticas tras la última dictadura militar.
Sin embargo, el encuentro también sirvió de excusa para trazar algunas “líneas a mano alzada” respecto al futuro del partido.
De ese modo, Portesi planteó la necesidad de debatir y más allá de su presentación dejó abierta la participación del público, quien prontamente se interesó en el ida y vuelta de las ideas y opiniones, algo que hoy parece tener poca chance en un mundo invadido por la mirada ansiosa de la pantallita del teléfono móvil.
Con la presencia de la senadora provincial, Natalia Quintana, el compilador señaló que fue presentada la iniciativa legislativa para que el próximo año 2027 sea considerado del “Centenario del nacimiento del Presidente de la Nación Raúl Ricardo Alfonsín”, habiéndose iniciado el trámite parlamentario respectivo.
Precisamente se encuentra editando el tercer libro sobre el líder oriundo de Chascomús, que versará sobre anécdotas de quien fuera Primer Mandatario. Portesi, también fue crítico de la situación política actual y autocrítico con la UCR.
Sostuvo que en el radicalismo “no hacemos culto a la personalidad sino a las ideas. Movimiento, conducta y doctrina” enumeró, para luego gregar que en los espacios políticos: “Hoy no hay doctrina”.
Incluso encendió el debate al expresar: “quien tiene la ficha de afiliación radical y no lo sienta, es mejor que la deje en el comité y se vaya a adonde quiera”, para luego ser taxativo al declarar que “se nos fue por la cloaca el partido”, asegurando además que “la política la deben marcar los titulares del partido y no los legisladores”.