Con el incremento de la demanda de cereales y oleaginosas para consumo humano, tanto en cantidad y calidad, o para el consumo animal, y lo más reciente aún, la producción de energía renovable, el futuro de las aplicaciones de agroquímicos constituye un eslabón importante de la cadena de producción.
El éxito de las pulverizaciones, tanto terrestres como aéreas, depende de una serie de factores como la maquinaria usada, las condiciones ambientales y las características físico-químicas de los productos utilizados.
Sin embargo, y a pesar de los recaudos tomados en las operaciones de aplicación, escuchamos y observamos cada vez con frecuencia problemas de “deriva” sobre los cultivos, que son afectados en distintos grados y por diferentes herbicidas.
Se reconocen dos tipos de deriva: física: es la traslación de la gota por efecto del viento; química: es la que se produce por evaporación antes de llegar al objetivo. En ambos casos las consecuencias son negativas, porque la dosis que llega al objetivo es menor que la que pretendemos. Por lo tanto, perdemos eficiencia de control y lo que no llega, va a depositarse sobre otros cultivos que pueden ser susceptibles, produciendo a veces pérdidas económicas importantes o contaminando el medio ambiente.
Y acá es donde empieza el vericueto para minimizar el daño más importante: porque además del cultivo para alimentarse, están en juego la tierra que lo sostiene y el agua que todos consumimos.
La deriva de agroquímicos es el desplazamiento de pesticidas fuera del área objetivo durante o después de la aplicación
La deriva de agroquímicos es el desplazamiento de pesticidas fuera del área objetivo durante o después de la aplicación. Esto genera graves riesgos ambientales, económicos y sanitarios, mientras que las empresas del sector sostienen argumentos centrados en la tecnología, las buenas prácticas y la necesidad productiva.
Claro que mientras las empresas sostienen sus argumentos, vinculados a la rentabilidad del negocio y a sus prácticas comerciales, en la vereda opuesta, cada vez son mayores las evidencias que sostienen la urgencia de regular de manera eficiente su uso, por el grave perjuicio que ocasionan al medio ambiente y la salud de animales, plantas y personas.
En Junín sigue vigente una ordenanza obsoleta que sólo favorece a la gente “con” campo
Cabe recordar que el gobierno de la provincia de Buenos Aires suspendió los efectos de la Resolución 246/18. La norma va por su octava prórroga consecutiva y nunca llegó a aplicarse plenamente.
La nueva prórroga quedó oficializada a fines de mayo de este año en la Resolución 162/26 firmada por Javier Rodríguez, ministro de Desarrollo Agrario bonaerense.
La Resolución 246/18 es la que define las “zonas de amortiguamiento” con algunas restricciones para fumigar y la Dirección de Control y Sanidad Vegetal pidió esta nueva prórroga porque “continúan desarrollándose las instancias de trabajo técnico” vinculadas a la “elaboración de un protocolo de aplicación de agroquímicos para las zonas de amortiguamiento”. También están puliendo detalles del Sistema Integral de Receta Agronómica Obligatoria (SIGIRAO).