El día transcurría con la habitual parsimonia que caracteriza a la labor legislativa local. Concejales de todos los bloques políticos permanecían agrupados alrededor de la mesa principal, sumergidos en lo que prometía ser otra jornada de debate técnico y profundo compromiso vecinal.
Un respetado integrante del cuerpo deliberativo y concejal del oficialismo (PRO-Coalición Cívica) sostenía su tablet con autoridad, deslizando el dedo por la pantalla para exhibir ante la atenta mirada de sus pares los complejos planos de infraestructura proyectados para la ciudad.
Sin embargo, el abnegado trabajo técnico sufrió un repentino cambio de enfoque estético. En medio de las líneas técnicas, las cotas de nivel y los trazados de zonificación, un deslizamiento digital inesperado transformó las pantallas en una platea preferencial de alto voltaje. Sin escalas, el plano técnico le cedió el protagonismo a una serie de fotografías explícitas de mujeres desnudas y contenido pornográfico que descolocó por completo a la comitiva.
Mientras los testigos se miraban desconcertados, los dedos del profesional no daban abasto para detener la andanada de traste y pechos que no paraban de asomar.
SONRISAS INCÓMODOS Y APURO POR BLOQUEAR
La fisonomía del debate mutó instantáneamente. Las discusiones presupuestarias pasaron a un forzado segundo plano mientras los ediles intentaban asimilar las bondades de la nueva "arquitectura humana" que parpadeaba en el dispositivo móvil. Entre miradas incómodas, sonrisas contenidas y un repentino apuro por bloquear el aparato, la sesión redescubrió el verdadero significado de la transparencia institucional.
La tecnología demostró, una vez más, que los archivos privados no entienden de protocolos ni de debates parlamentarios.