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El periodismo no está para entretener - Semanario de Junín

LOCALES | 6 SEP 2026

EDITORIAL DE DOMINGO

El periodismo no está para entretener

Si las explicaciones llegan tarde, las consecuencias suelen recaer sobre quienes nunca participaron de las decisiones: por eso el periodismo no está para entretener, sino para interpelar



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EDITORIAL PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 530 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 5 AL 11 DE SEPTIEMBRE  DE 2026

Hay quienes parecen creer que el periodismo tiene una función decorativa: acompañar, reproducir comunicados, celebrar inauguraciones y contar aquello que no molesta. Dócil, previsible, entretenido y conveniente. Pero no es nuestro caso.

De hecho, buena parte de esta comunidad sabe que nuestra función es la de preguntar, investigar y poner bajo la lupa las decisiones de quienes administran los recursos públicos. Justamente para contar aquello que alguien preferiría que no se contara.

Por supuesto que hay errores propios, pero lo que no puede hacer un medio es renunciar a su obligación de mirar allí donde el poder preferiría que nadie mirara.

Por estos días, la discusión vuelve a cobrar especial relevancia frente a la feroz disputa que el presidente Javier Milei y varios de sus funcionarios mantienen con medios y periodistas porteños.

La descalificación se convirtió en una herramienta habitual: cuando una información molesta, antes que discutirla, se intenta desacreditar a quien la publica. Y acá, en Junín, conocemos también esa lógica.

“Pasquín” es una palabra común entre los libertarios, pero también la hemos escuchado de boca de Pablo Petrecca y de algunos de sus colaboradores para referirse a Semanario. No es una crítica periodística. Es un intento de descalificación.

Porque si una información es falsa, se demuestra, y si un dato es incorrecto, se corrige, y si una opinión resulta injusta, se la rebate.

Aunque claro que Petrecca tiene la particularidad de relatar su “modelo” como si fuera algo incuestionable, como si debiera creerse por un mero acto de fe.

Pero la función del periodismo es precisamente no creer en nadie, ni siquiera en sí mismo, si no hay hechos para corroborarlo.

¿Cuántos vecinos de Junín se habrían enterado de determinadas decisiones sobre el patrimonio público si un medio no hubiera puesto el tema sobre la mesa? ¿Cuántos sabrían hoy que espacios y bienes que pertenecen a todos los juninenses están terminando en manos privadas mediante decisiones adoptadas por el Estado municipal?

La entrega de la Terminal de Ómnibus fue un antecedente. Ahora la discusión alcanza al Complejo Polideportivo Municipal, un ámbito que no es simplemente un inmueble más dentro del patrimonio de la ciudad. Es un espacio utilizado diariamente por miles de jóvenes que practican las más variadas disciplinas, por estudiantes a través de sus escuelas, por organizaciones sociales y también por vecinos y adultos mayores.

Por eso informar sobre su destino no es atacar a una gestión, sino cumplir una obligación con la comunidad, lo mismo que debieran hacer los funcionarios que, al ser electos, asumieron una responsabilidad y no una sarta de privilegios.

Cuando se trata del patrimonio de todos, ser neutral también es fallar.

Y como el periodismo no pide permiso para preguntar a quienes administran los bienes de toda una comunidad, se hace necesario saber: ¿por qué se toma una determinada decisión? ¿Qué se entrega? ¿Por cuánto tiempo? ¿En qué condiciones? ¿Quién se beneficia? ¿Qué recibe a cambio la comunidad? ¿Qué alternativas fueron evaluadas? ¿Qué costo tendrá mañana aquello que hoy se presenta como una solución?

Un intendente, ya sea licenciado o interino, no tiene por qué querer a un periodista, así como un ministro no tiene que sentirse cómodo con una investigación ni un Presidente tiene que aprobar una tapa.

Los funcionarios gobiernan y los periodistas informan y preguntan. Son funciones diferentes que nunca deben mezclarse.

Porque si solamente se publicara aquello que los administradores consideran conveniente, no se conocerían determinadas decisiones sobre el patrimonio público, ni sobre conflictos o reclamos. Tampoco se sabría de irregularidades ni se oirían las voces de quienes no tienen acceso directo a los despachos donde se toman las decisiones.

Una sociedad sin periodismo puede tener mucha información oficial, fotografías, discursos e inauguraciones. Lo que seguramente no tenga es control sobre quienes gobiernan. Si las explicaciones llegan tarde, las consecuencias suelen recaer sobre quienes nunca participaron de las decisiones.

Por eso el periodismo no está para entretener, sino para interpelar.