El 18 de septiembre de 2006, Jorge Julio López se preparó para dejar su casa en el barrio platense de Los Hornos. Lo iba a ir a buscar un sobrino para asistir a las últimas horas del juicio contra el represor Miguel Osvaldo Etchecolatz. El hombre, de 76 años en ese momento, había ofrecido un testimonio clave del juicio que terminó condenando al excomisario a prisión perpetua. López cerró con llave, salió, y los últimos que lo vieron fueron unos vecinos. Había desaparecido durante la dictadura; desapareció de nuevo en 2006. Veinte años después, nada de sabe de él y, así, corre el riesgo de desaparecer por tercera vez, esta vez de la memoria. Mientras tanto, tanto la Nación como el Gobierno bonaerense mantienen activas sendas recompensas por cualquier dato que conduzca a su paradero.
López había nacido en General Villegas, provincia de Buenos Aires, el 25 de noviembre de 1929. Se instaló en Los Hornos hacia 1955 y en 1973 comenzó a colaborar con la unidad básica Juan Pablo Maestre, ubicada a pocas cuadras de su casa.
La noche del 27 de octubre de 1976 fuerzas de seguridad ingresaron a Los Hornos con el fin de secuestrar a los militantes del barrio. Entre los detenidos-desaparecidos se encontraba Jorge Julio López.
Las fuerzas que lo secuestraron junto a las demás personas estaban bajo el mando de Etchecolatz, por entonces director de Investigaciones de la Policía Bonaerense y mano derecha del entonces jefe de Policía de la provincia, Ramón Camps. Etchecolatz dirigía los 21 centros clandestinos de detención (CCD) que había instalado la Bonaerense.
López estuvo detenido-desaparecido en cuatro centros clandestinos: Cuatrerismo, Pozo de Arana, la Comisaría Quinta y la Comisaría Octava. Allí sufrió torturas y presenció varios asesinatos, entre ellos los de dos compañeros de militancia en el barrio, Ambrosio Francisco de Marco y Patricia Dell'Orto.
El 4 de abril de 1977, cinco meses y cinco días después de haber sido secuestrado, fue "blanqueado" cuando el dictador Jorge Rafael Videla dispuso formalmente su detención sin juicio en la Unidad Penal N.º 9 de La Plata, de donde fue liberado el 25 de junio de 1979.
Luego de su liberación, López se mantuvo en silencio sobre el tema durante muchos años. Recién dos décadas después, el 7 de julio de 1999 declaró como testigo en el Juicio por la Verdad de La Plata, sin que se enterara ningún miembro de su familia. Allí relató en detalle, ante los jueces de la Cámara de Federal de Apelaciones, su secuestro, las torturas sufridas, los asesinatos, violaciones y demás delitos de lesa humanidad que presenció, y los diferentes centros clandestinos en los que estuvo.
Más tarde, bajo la presidencia de Néstor Kirchner, el Congreso de la Nación anuló las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. La causa por delitos de lesa humanidad contra Miguel Etchecolatz fue la primera en ser reabierta y Jorge Julio López fue uno de los testigos directos que declaró en el juicio sobre los crímenes que se le imputaban al represor.
López declaró en esa causa el 28 de junio de 2006. Sus hijos, hasta ese momento, nunca lo habían oído contar que alguna vez hubiera estado detenido.
Dos meses y medio después, el 18 de septiembre de 2006 era el día de los alegatos. López había arreglado con su sobrino Hugo Savegnago que lo pasara a buscar por su casa, con el fin de asistir al tribunal. Pero cuando Savegnano llegó a su casa no lo encontró. Según testimonios de los vecinos, salió de su casa por su propia voluntad y fue visto caminando solo por las cuadras adyacentes.
Al día siguiente, Etchecolatz y otros catorce represores fueron condenados por delitos cometidos en el centro de detención clandestino de La Cacha. Mientras se leía la sentencia, el fotógrafo Leo Vaca, del portal Infojus, tomó varias fotografías a Etchecolatz sosteniendo un papel, donde se leía escrita a mano la siguiente anotación: "Jorge Julio López".
La causa La causa judicial formada para investigar su desaparición fue asignada al Juzgado Federal N.º 1 de La Plata, a cargo del juez Manuel Blanco hasta su muerte en 2014. Al principio, la causa fue caratulada como desaparición simple y la investigación del hecho quedó a cargo de la Policía Bonaerense, la misma fuerza de la que Etchecolatz había sido un alto funcionario. En mayo de 2008, la causa fue caratulada “López, Jorge Julio, s/ desaparición forzada de personas” y la Policía Bonaerense fue apartada de la investigación.
En estos últimos 20 años hubo muchas ideas y vueltas sobre el paradero del albañil. Se habló al principio de un shock traumático que lo habría llevado a extraviarse, luego de grupos de extrema derecha que lo habrían secuestrado, y hasta se siguió una pista que apuntaba a su hijo Rubén López como responsable de su desaparición.
Pero nada se sabe todavía.
En los últimos meses, el Gobierno de Axel Kicillof aumentó la recompensa para quienes aporten datos que permitan determinar el paradero de López. Según se informó, la suma será de entre $ 5 millones y $ 10 millones, de acuerdo con la relevancia de la información aportada y los resultados que permita obtener en la investigación. Desde el Gobierno provincial recordaron que la recompensa había sido establecida originalmente en 2006 y que posteriormente fue incrementada en varias oportunidades.
Mientras tanto, el Ministerio de Seguridad de la Nación ofrece una recompensa de $ 5 millones por la misma causa.
Detalle: en septiembre de 2010 el entonces ministro de Justicia y Seguridad bonaerense, Ricardo Casal, afirmó que la recompensa por datos de López se había llevado a 1,5 millones de pesos. Esa suma equivalía a casi US$ 380.000, que traducidos al cambio actual son 590 millones de pesos. Nada menos.
Desde 2007, cuando se cumplió el primer año de la desaparición de Jorge Julio López, se realizan marchas cada 17 de septiembre en varios puntos del país en reclamo de justicia por el hecho.
Las marchas más fuertes se llevan a cabo en la ciudad de La Plata, con fuertes críticas a los gobiernos nacional y bonaerense.
Un mural en 7 y 48, en el centro platense, busca mantener la memoria del albañil que desapareció dos veces. Cada año los artistas modifican el número que marca el tiempo que pasó desde ese 17 de septiembre de 2006, y debajo aparece la frase “¿A qué te podés acostumbrar?”.
Además, en las paredes de la capital de la provincia grafitis, esténciles y otras intervenciones urbanas recordaban su figura con versiones modificadas de un famoso retrato de la fotógrafa Helen Zout.
Dos décadas después de aquella mañana misteriosa en Los Hornos, ese olvido parece que quiere llevar a López a su tercera desaparición.