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La nueva vida de Bastian casi 10 meses después del dramático choque en Pinamar - Semanario de Junín

LOCALES | 28 SEP 2026

SINIESTRO EN PINAMAR

La nueva vida de Bastian casi 10 meses después del dramático choque en Pinamar

El 11 de enero, la Amarok guiada por un juninense lo embistió en La Frontera. El pequeño pasó 17 operaciones y se reencontró con la médica que lo salvó.



Melina Santillán espera en el hall de la clínica Santa Catalina de Neurorrehabilitación en Pilar. Es sábado y son las 8.30 de la mañana. Está parada junto a la entrada del pasillo que lleva a la habitación 101. Mira hacia el fondo y espera. Hace ocho meses que no ve a Bastian Jerez. “Estoy muy emocionada”, dice Melina mientras espera.

La última vez que vio al nene de 9 años fue en La Frontera en Pinamar, el lugar donde tuvo el choque que le costó 17 operaciones, varios meses de terapia intensiva, una larga rehabilitación. “Yo lo entregué muy grave. No estaba bien. Lo llevé a la ambulancia, lo acompañé y no lo vi más”, cuenta. Y enseguida agrega algo que para ella hace todavía más especial este momento: “Él no me conoce, pero quiere conocerme. Eso es lo más lindo. Que un niño reconozca que alguien le salvó la vida”.

El choque ocurrió el 11 de enero en La Frontera. Bastian estaba de vacaciones con su papá. Ese domingo habían ido a pasar el día a esa zona del norte de Pinamar. El nene iba en la parte trasera de un UTV, a upa de su padre, y junto a dos nenas menores de edad. El vehículo era conducido por una mujer, amiga del grupo de amigos de Maximiliano. Cuando estaban por bajar de un médano, chocaron con una Amarok que subía y manejaba el juninense Manuel Molinari, de 28 años, junto a su pareja.

El choque solo causó lesiones a Bastian, el resto resultó ileso. Melina llegó casi por casualidad. Atravesaba el control policial de La Frontera junto a su esposo, Juan José Torres, también médico, cuando vio a un grupo de personas. “Vi un cuerpo en el suelo y le dije a mi esposo: ‘Pará, hay un nene’”. Bastian estaba tendido sobre la arena, inconsciente. Apenas respiraba, estaba pálido y cianótico y tenía el corazón latiendo muy lento. Melina comenzó con las maniobras de asistencia respiratoria. Minutos después, el nene entró en paro cardiorrespiratorio. 

Melina se subió a la ambulancia y acompañó el traslado hasta el Hospital Municipal de Pinamar. Volvió al día siguiente. Bastian seguía delicado y el pronóstico era terrible. “Yo me hice presente, fue decir yo estoy acá. Y que para lo que necesiten me pueden consultar, pero ya escapaba de mí. No quería ni preguntarles, la verdad, no quería ni preguntar”, cuenta ahora. Tampoco quiso entrar a la habitación. “Estaban diciendo que Bastián no iba a sobrevivir y recién ahora puedo verlo”, recuerda emocionada.

La causa judicial sigue abierta. Macarena cuenta que tienen un equipo de abogados encabezado por Fernando Burlando. Sobre el resto, explica que los abogados están trabajando y que la familia se mantiene en comunicación con ellos. Mientras tanto, su prioridad es Bastian.

Ocho meses después

Macarena cuenta que Bastian pasó por 17 operaciones. “Es un guerrero”, afirma. Pasó seis meses en terapia intensiva. Al mes del accidente empezó a abrir los ojos de a poco, pero respondía solamente sí o no con la mirada. Estaba sedado, recibía medicación y sentía mucho dolor.

Hoy está en rehabilitación. Está empezando a hablar muy despacio, puede mover los brazos y comenzó a mover los dedos de a uno. Melina, que durante el encuentro le había tomado las manos, se lo señala a Macarena: “Agarra bastante fuerte”.

Hace kinesiología, lo están parando con ayuda y se ejercita en una bicicleta. También está trabajando la deglución. Come con ayuda de su familia, mastica y traga. “Me decían que nunca iba a salir del respirador y de la traqueotomía. Que se iba a alimentar toda su vida por un botón gástrico. Y está masticando, está tragando. No se ahoga”, cuenta Macarena.

Una vida que vuelve de a poco

Para que Bastian reciba el alta, todavía faltan algunos meses de rehabilitación, cree Macarena. Cuando le preguntan cómo imagina la primera noche en casa, se quiebra. “Esa noche no duermo, pero de felicidad. De felicidad de tantos días estar acá y no saber qué va a pasar”, imagina.

Aclara que la grafía del nombre de su hijo es sin acento, no Bastián, como todos los medios publicaron su nombre cuando ocurrió el siniestro. También revela que tiene una hermana de 15 años, Valentina. Cuenta que ella ya retomó su rutina, y que entre los hermanos incluso volvieron las peleas y los celos.

“Hay cosas que en la cotidiana uno no las valora y ahora sí”, reconoce. Que Bastian avise cuando le pica algo. Que pueda comunicar que tiene moco en la nariz. Que mueva un dedo. Que sonría. Que hable. Que mastique. Que trague. “Cada vez se comunica mucho mejor. Creamos otras formas de comunicarnos”, remarca.