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El Carpincho: restaurar lo que todavía se sigue contaminando - Semanario de Junín

LOCALES | 29 SEP 2026

FESTIVAL BIOCULTURAL

El Carpincho: restaurar lo que todavía se sigue contaminando

El Festival Biocultural puso nuevamente en escena el valor ambiental de la laguna y el trabajo de organizaciones, investigadores y vecinos que buscan recuperar el humedal. Sin embargo, la deuda recae en la falta de una política ambiental que debiera promover el municipio.



El fin de semana pasado, la laguna El Carpincho volvió a ocupar un lugar que merece mucho más que una fotografía de paisaje y que allí se realizó el Festival Biocultural, una iniciativa que reunió a vecinos, organizaciones, investigadores, artistas y trabajadores del humedal alrededor de una idea tan sencilla como trascendente en una ciudad donde por los general las autoridades se ocupan del tema ambiental de modo tribunero, cuando lo que se requiere es recuperar el vínculo de la comunidad con uno de los ecosistemas más valiosos de Junín, como resultan las encadenadas.

Hubo plantación de especies nativas, actividades de reconocimiento del ambiente, transmisión de “Voces del Humedal” y talleres de cestería y restauración con totora, mimbre y junco.

La propuesta forma parte de un trabajo que lleva varios años y que tiene como protagonistas a Casa Río y Arquitectura Rioplatense, junto con investigadores, naturalistas y habitantes del barrio Los Totoreros.

El proyecto, denominado originalmente “Totoreros”, busca mucho más que intervenir un espacio natural ya que pretende cruzar la restauración ecológica con los saberes de quienes viven y trabajan en el territorio.

No resulta un hecho de menor cuantía el que el proyecto fuera seleccionado entre más de 650 postulaciones internacionales y cuenta con financiamiento del Programa de Pequeñas Subvenciones para Proyectos de Restauración de Tierras de la G20 Global Land Initiative de Naciones Unidas.

Entre sus objetivos aparecen la creación de un vivero de plantas nativas, el desarrollo de un oficio vinculado con el tejido sustentable de totora y junco y la construcción comunitaria de miradores flotantes para la observación de aves.

Es decir, una rara avis, ya que hay gente trabajando seriamente para que El Carpincho pueda ser algo más que un espejo de agua al que se llega para pescar o pasar el día.

Se intenta recuperar un humedal, sus especies, sus saberes y también la relación de la comunidad con ese territorio.

Para poder abordarlo convenientemente resultan entonces necesario mirar qué ocurre con el agua.

Restaurar un humedal mientras continúan llegando líquidos contaminantes a su sistema hídrico sería, en el mejor de los casos, una tarea a medias

RECORRIENDO UN POCO EL HISTORIAL

La laguna El Carpincho es la menor de las lagunas encadenadas de Junín y forma parte de la cuenca del río Salado.

Tiene una importancia ambiental que excede largamente su superficie: los humedales regulan el agua, retienen sedimentos y nutrientes, ofrecen refugio y alimento a numerosas especies animales y vegetales que cumplen funciones fundamentales frente a las inundaciones y la erosión.

Sin embargo, durante décadas el espejo de agua estuvo sometido a una combinación de abandono, falta de controles y decisiones que trasladaron los problemas de un lugar a otro, sin que nadie con conocimiento académico se hiciera cargo.

La historia de los líquidos cloacales de Junín es conocida, quizás tanto como ocultada.

La planta de tratamiento construida décadas atrás nunca consiguió constituirse en una solución definitiva y, con el paso de los años, el sistema terminó recurriendo a derivaciones y bypass que llevan los efluentes hacia el río Salado.

En la actualidad existe un punto de vuelco detrás del tajamar de El Carpincho, aguas abajo de las compuertas, donde los líquidos cloacales urbanos son derivados sin tratamiento adecuado.

SEMANARIO documentó esa situación en variadas oportunidades y la describió como una práctica sostenida en el tiempo, no como una cuestión ocasional.

En junio pasado, funcionarios de la Autoridad del Agua de la Provincia recorrieron distintos sectores de Junín ante la existencia de presuntos vertidos contaminantes sobre el sistema hídrico.

Entre los lugares observados figuraron instalaciones ubicadas en las inmediaciones del canal que conecta la laguna de Gómez con El Carpincho y el sector detrás del tajamar donde se produce el histórico vuelco de líquidos cloacales.

La intervención de la ADA no constituye una condena per se, ni permite anticipar sanciones, pero sí confirma algo que durante años fue señalado desde distintos ámbitos: el sistema hídrico que atraviesa Junín necesita controles mucho más rigurosos y una política ambiental que no se limite a actuar cuando el problema ya es evidente.

Durante la gestión del intendente Abel Paulino Miguel incluso hubo quienes consideraron que El Carpincho estaba condenado a convertirse poco menos que en un pantano.

La propuesta forma parte de un trabajo que lleva varios años y que tiene como protagonistas a Casa Río y Arquitectura Rioplatense

En los años ’90 una inspección llevada a cabo por la entonces Oficina de Control del Medio Ambiente, dependiente del gobierno de la provincia de Buenos Aires, constató en el canal que une El Carpincho con Gómez, infinidad de materiales contaminantes.

En el tramo que iba desde la ruta nacional 7 hacia el parque Borchex, se hallaron metales pesados, como cromo y plomo. También detergentes no biodegradables y gran cantidad de bacterias del tipo de scherichia coli, indicativo de que se arrojaba material fecal.

El hecho causó conmoción, hubo multas para algunas industrias ubicadas a la vera del río, también para el municipio y se detectaron conexiones ilegales que llegaban desde la ciudad. El descontrol era total.

Después llegaron períodos de sequía, inundaciones, obras, intervenciones y decisiones administrativas que tampoco tuvieron en cuenta la fragilidad del sistema.

En la última gran bajante, hace un par de años y mientras la laguna de Gómez llegó a quedar seca como no había acontecido en 100 años, las maniobras realizadas por particulares vinculados a los clubes ubicados sobre El Carpincho contribuyeron a preservar agua en ese espejo y la laguna puso sobrevivir a pesar de las dificultades y a pesar de la falta de políticas ambientales que prima en el distrito.

Durante la gestión del intendente Miguel incluso hubo quienes consideraron que El Carpincho estaba condenado a convertirse poco menos que en un pantano

RESTAURA Y CONTROLAR

Hay algo profundamente valioso en el trabajo que están desarrollando Casa Río, Arquitectura Rioplatense, los investigadores y los propios vecinos. El Proyecto Totoreros entendió que la conservación no puede hacerse desde un escritorio ni limitarse a declarar que un lugar es importante. Por eso incorporó a las familias del barrio Los Totoreros, valorizó el conocimiento de quienes trabajan con la totora y convirtió una planta del humedal en materia prima, oficio y posibilidad de desarrollo comunitario.

El Festival Biocultural representa una nueva etapa de ese proceso. Y es una buena noticia, sin embargo restaurar un humedal mientras continúan llegando líquidos contaminantes a su sistema hídrico sería, en el mejor de los casos, una tarea a medias.

No alcanza con plantar especies nativas si no se controla qué llega al agua y tampoco alcanza con construir miradores para observar las aves si no se garantiza que el ecosistema que las sostiene esté protegido.

Tampoco debemos quedarnos con la conexión biocultural si la relación cotidiana de la ciudad con sus cursos de agua continúa marcada por la descarga de residuos que deberían ser tratados antes de ingresar al ambiente y un control meticuloso de la descarga que llega desde la laguna de Gómez.

El Carpincho requiere de controles, monitoreo permanente de la calidad del agua, información pública y decisiones concretas para terminar con los vertidos que durante décadas fueron naturalizados.

El esfuerzo de quienes están restaurando el humedal merece ser acompañado por un estado municipal comprometido con este tipo de situaciones que hacen al patrimonio de Junín y por su valor ambiental y turístico.

La experiencia de El Carpincho muestra que la naturaleza puede resistir durante mucho tiempo, pero no debería seguir poniéndose a prueba respecto a cuánto más puede soportar.