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En el "Modelo Junín" con trabajar ya no alcanza - Semanario de Junín

LOCALES | 16 OCT 2026

NOTA DE TAPA

En el "Modelo Junín" con trabajar ya no alcanza

Junín enfrenta una combinación difícil de factores negativos producto de la falta de inversiones productivas de importancia en la última década. Por eso la ciudad conserva actividad, pero genera menos capacidad para el bienestar de sus habitantes. La cultura del trabajo no desapareció sino lo que se debilitó es la economía capaz de sostenerla.



NOTA DE TAPA PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 535 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 10 AL 16 DE OCTUBRE DE 2026

Hay una imagen de Junín que se ha ido profundizando y probablemente no figure en ninguna estadística. Es viernes o sábado a la noche y el centro tiene menos movimiento. Las mesas de los bares aparecen con muchos lugares libres, algunas directamente vacías. Los restaurantes trabajan lejos de aquellos fines de semana en los que conseguir una mesa exigía reservar. Las calles que alguna vez fueron una postal del consumo local tienen ahora otra fisonomía.

No es una prueba científica de una crisis económica, por supuesto. Una mesa vacía no mide el Producto Bruto Geográfico ni una calle con menos gente permite calcular el índice de pobreza.

Pero esta foto ha ido en crecimiento y se repite junto con una caída de las ventas, pérdida de empleos, cierres comerciales, menor actividad y un endeudamiento que alcanza cifras cada vez mayores.

Por eso, cuando desde la política nos envían datos económicos sesgados, en muchos casos parcializados y cercanos a la falacia, la observación nos ubica mejor en la realidad, que es la única que termina desbaratando el relato.

En niveles generales la pobreza subió del 28 al 32%, lo que significa dos millones nuevos de pobres que aparecieron de modo silencioso porque no hubo un quiebre abrupto.

Junín no tiene una medición oficial propia de pobreza comparable con la que realiza el INDEC para los grandes aglomerados urbanos. Pero sí hay que mirar cuánto cuesta vivir y cuánto ingresa de dinero a los hogares.

Por eso sería incorrecto trasladar mecánicamente a la ciudad el 32,3% de pobreza registrado en el país durante el primer semestre de 2026.

Ese porcentaje corresponde al conjunto de 31 aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares. También es cierto que el 7,9% de desocupación nacional registrado durante el segundo trimestre muestra que el mercado laboral argentino tampoco atraviesa precisamente un momento de expansión.

La gestión petrequista intenta confundirnos acerca de que el aumento de locales son parte de un "desarrollo económico", cuando en realidad solo es una redistribución del gasto de consumo

INDICADORES LOCALES

Sin embargo, el distrito tiene sus propios indicadores y, cuando los colocamos todos juntos, aparece una foto que no necesita de una encuesta de pobreza para resultar preocupante.

Uno de los datos más contundentes proviene de la propia estadística provincial. El Producto Bruto Geográfico de Junín, que mide el valor de los bienes y servicios producidos dentro del distrito, alcanzó en 2023 unos $430.498 millones a valores corrientes.

Medido a precios constantes de 2004, para eliminar el efecto de la inflación, quedó en alrededor de $1.570 millones y registró una caída real del 10% respecto del año anterior.

Claro está que hubo una sequía de tres años y por eso el sector agropecuario, que representaba el 10,4% del PBG local, se desplomó 44,7% y explicó 7,39 puntos porcentuales de la caída total. El comercio, principal actividad económica del distrito con el 23,7% del producto, también retrocedió, aunque en una proporción mucho menor: 1,6%. La industria, que aporta el 11,4%, cayó 3,7%.

A pesar de la adversidad climática que atravesó el agro desde 2021, los datos posteriores del PBG municipal mostraron una nueva caída real del orden del 10% en 2024.

Esto no significa que todos los sectores hayan caído en la misma proporción ni que cada habitante haya perdido exactamente ese porcentaje de sus ingresos. Significa algo más elemental y es que la economía de Junín produce hoy menos riqueza que dos años antes.

Ese escenario genera, tarde o temprano, dificultades para crear nuevos puestos de trabajo, mejorar salarios y sostener el consumo.

Si la cosecha crece, pero los comercios, los servicios y las mesas del bar permanecen vacías, algo en el mecanismo del derrame merece ser revisado

CANIBALISMO

Pablo Petrecca y Juan Fiorini exaltan -como si estuvieran en una estudiantina- la llegada de nuevos comercios, pero dicha estrategia no es más que un fenómeno que se conoce formalmente como “canibalismo comercial” (o canibalización del mercado), y desde una perspectiva macroeconómica se describe como un escenario de suma cero o saturación de mercado.

Cuando la población y el poder adquisitivo de un distrito no crecen, la demanda total de bienes es fija. Al abrir nuevos locales, los ingresos de los vecinos miden exactamente lo mismo, solo se corta en porciones más chicas y los nuevos comercios no generan riqueza, sino que le quitan clientes a los comercios que ya existían. La oferta comercial compite ferozmente por los mismos ingresos, reduciendo los márgenes de ganancia individuales y poniendo en riesgo la sustentabilidad de todos los negocios de la zona.

Durante diez años, la gestión petrequista ha intentado confundirnos acerca de que el aumento de locales habilitados son parte de un "desarrollo económico", cuando en realidad solo es una redistribución del gasto de consumo existente.

Para que un distrito del interior rompa este bucle y crezca de forma genuina, necesita atraer "dinero externo", ya sea mediante el turismo, la radicación de industrias o el desarrollo de servicios capaces de venderse fuera del distrito, o sea sencillamente “valor agregado”.

No es casualidad entonces que haya desaparecido una parte de la capacidad de la economía para ofrecer trabajo suficiente, estable y capaz de sostener una vida digna.

PARADOJA DEL CAMPO RICO

Junín forma parte de una de las regiones agropecuarias más productivas del país. Cada campaña genera toneladas de soja, maíz y otros cultivos; circulan camiones, maquinaria, insumos, servicios y millones de dólares asociados a la producción.

Pero esa producción no es sinónimo de derrame local. El sector puede generar una enorme riqueza y, al mismo tiempo, distribuir una porción relativamente pequeña de ella dentro de la ciudad donde se produce parte de esa riqueza. Es uno de los puntos que quedó planteado en el análisis sobre la estructura de la renta agrícola publicado recientemente por SEMANARIO: el productor y el arrendatario afrontan riesgos climáticos, financieros y productivos mientras una parte considerable del excedente queda absorbida por impuestos, arrendamientos, proveedores de insumos, financiamiento y los grandes actores de la cadena comercial y exportadora.

No se trata de negar la importancia del campo, sino de discutir qué sucede con la riqueza una vez que sale del lote y porqué otros distritos cercanos han contado con inversiones que agregan valor a la producción y que esa ventaja no se ha logrado a nivel local.

El objetivo es debatir políticas que permitan atraer empresas que requieran de personal capacitado con buenos salarios, para lo cual contamos con una universidad y escuelas técnicas como usinas del conocimiento.

La pregunta relevante para una ciudad como Junín no es solamente cuánto produce su territorio rural, sino cuánto de esa riqueza se convierte finalmente en salarios, comercios, industrias, servicios, inversiones y consumo dentro de la comunidad.

Si la cosecha crece, pero los comercios, los servicios y las mesas del bar permanecen vacías, algo en el mecanismo del derrame merece ser revisado.

Trabajar sigue siendo necesario, pero la discusión ahora pasa por saber si la economía todavía es capaz de convertir ese trabajo en una vida que pueda pagarse

LA DEUDA PARALIZA

Hay un dato elemental que no puede ser soslayado y que permite salir de las percepciones y entrar directamente en la economía cotidiana.

En julio de 2026, según los datos difundidos a partir del Mapa de la Deuda, Junín registraba 50.059 personas con deudas (ver nota págs. 10/11/12).

La proporción de morosos sobre el universo de deudores superaba el 22%, y la mora medida sobre el monto total de deuda rondaba el 14,4%.

Hay una diferencia sustancial entre endeudarse para comprar una vivienda, financiar una inversión o adquirir un bien duradero y endeudarse para llegar a fin de mes.

La deuda permite que la caída del consumo no se vea inmediatamente, pero la posterga y el comercio es probablemente el lugar donde esa transformación se vuelve visible más rápido.

Los datos relevados en Junín durante 2026 muestran una caída interanual de 16,8% en las ventas durante el segundo trimestre. Tres de cada diez establecimientos relevados habían reducido personal y se registraron 687 bajas administrativas de comercios entre 2024 y 2025.

Una baja administrativa no equivale necesariamente al cierre definitivo de un comercio, y por eso no corresponde convertir automáticamente esas 687 bajas en 687 negocios desaparecidos. Pero el conjunto de indicadores resulta difícil de ignorar cuando se lo combina con la caída de las ventas y la reducción de personal.

No es una cuestión exclusivamente juninense. El INDEC informó que las ventas de supermercados a precios constantes cayeron 2,1% interanual en julio y acumularon una baja de 2,7% durante los primeros siete meses de 2026. Ese mismo mes, la actividad económica nacional cayó 1,4% interanual.

En Junín se lee también en una persiana baja, en un empleado menos, en un comercio que achica su horario o en una mesa que queda vacía un sábado a la noche.

Hay otro fenómeno que las estadísticas tradicionales de pobreza tienen dificultades para mostrar. Una persona puede tener trabajo y, sin embargo, no disponer realmente de su salario.

“Cobrar todos los meses” hoy no significa contar con dinero contante y sonante ya que una parte de ese ingreso ya está comprometida con cuotas de préstamos anteriores, tarjetas, créditos personales, mutuales, billeteras virtuales u otras formas de financiamiento. En ese caso, el salario nominal deja de ser una buena medida de la capacidad real de consumo.

No es lo mismo ganar $800.000 y disponer de ese dinero para vivir, que ganar $800.000 y recibir una fracción a veces de entre el 10 y el 30% después de haber descontado compromisos acumulados.

No tenemos recibos de sueldo que permitan establecer cuántos trabajadores de Junín se encuentran en esa situación y, por lo tanto, no corresponde convertir los casos que circulan entre trabajadores y fuentes gremiales en una estadística.

La pregunta que queda abierta, y que merece una investigación específica, es cuánto del ingreso de los trabajadores de Junín está comprometido antes de que ese dinero pueda convertirse en consumo.

Durante años se repitió una explicación sencilla para las dificultades económicas: “se perdió la cultura del trabajo”. Es una frase cómoda porque deposita la responsabilidad sobre el individuo.

Si alguien no consigue empleo, no sería porque no existen suficientes puestos, sino porque no quiere trabajar. En esa lógica podríamos decir que “si un joven trabaja informalmente, sería porque no busca algo mejor”.

O que “el comerciante cierra porque no supo adaptarse” y “si una familia se endeuda, será porque gastó por encima de sus posibilidades”.

Aunque parezca mentira, muchos usan esos argumentos para sostener una política económica que hace agua por varios lados.

Pero las estadísticas muestran que Junín tuvo una caída real del PBG del 10% en 2023 y otra del orden del 10% en 2024.

El comercio, que representa casi una cuarta parte de la economía local, perdió actividad. La industria también retrocedió. El sector agropecuario sufrió una contracción extraordinaria en 2023 y, aun cuando la producción agrícola volvió a mejorar posteriormente, eso no significa automáticamente que la riqueza generada se haya transformado en una expansión equivalente de los ingresos urbanos.

Pero el dinero que circula en la economía cotidiana alcanza cada vez menos para comprar aquello que antes podía pagarse con el salario. Por eso el día a día se torna frustrante para una mayoría.

Lo padece el joven que sale a “tirar currículums”, la mujer que se puso a cocinar para vender o el que comenzó a realizar viajes de aplicación, todos ellos fuera del sistema laboral que para sus padres funcionó y les permitió consolidar una vida donde, si no hubo desarrollo, al menos sí fue digna.

Trabajar sigue siendo necesario, pero la discusión ahora pasa por saber si la economía todavía es capaz de convertir ese trabajo en una vida que pueda pagarse.

FANTASÍA: CRECER NO ES ABRIR MÁS COMERCIOS

Una ciudad puede sumar locales, pero eso no significa necesariamente que esté generando nueva riqueza. Si la población, los salarios y el poder adquisitivo permanecen estancados, los nuevos negocios compiten por una cantidad de dinero que ya estaba circulando.

Eso es lo que se conoce como canibalización comercial. El resultado puede ser una redistribución del consumo existente, sin que aumente el tamaño de la economía.

El crecimiento genuino requiere algo diferente: inversiones que incorporen valor agregado y atraigan dinero nuevo al distrito.

Una industria que transforma materias primas, una empresa tecnológica que vende sus servicios fuera de Junín, una actividad turística capaz de captar visitantes o una compañía que se integre a cadenas productivas regionales generan un efecto distinto porque incorporan recursos que antes no circulaban en la economía local.

Junín tiene una ventaja que no debería desaprovechar: una fuerte producción agropecuaria y una infraestructura educativa que incluye universidad y escuelas técnicas. Además de ventajas naturales en materia de turismo.

Más locales pueden significar más competencia. Más producción y valor agregado significan una economía más grande. En un caso se reparte la misma torta; en el otro, se intenta hacerla crecer.