El impacto de la desocupación y la suba de precios en los alimentos básicos repercute cada vez más fuerte en los sectores populares. En distintos puntos del país, una gran cantidad de comedores y merenderos comunitarios reportan un incremento sostenido en la demanda de asistencia alimentaria.
Familias enteras que antes lograban cubrir sus necesidades mínimas hoy se ven obligadas a recurrir a estos centros para garantizar, al menos, una comida diaria. En diálogo con Noticias Argentinas, referentes sociales expresaron que se ven "desbordados".
Ante la imposibilidad de adquirir carne, lácteos, frutas y verduras frescas producto de sus altos costos, los menúes se volvieron monótonos y basados casi exclusivamente en carbohidratos como fideos, arroz y harina.
Médicos y nutricionistas advirtieron que esta dieta precaria no cubre las necesidades básicas, lo que acelera los casos de malnutrición y déficit de crecimiento en las poblaciones más vulnerables.
La crisis afecta con especial crueldad a las infancias y a las personas mayores, quienes representan el grueso de los concurrentes a estos centros. Para muchos niños y niñas, el almuerzo o la merienda en el comedor barrial constituye la única ingesta sólida del día.
Las escuelas de los sectores periféricos también reportan que el hambre se traduce en desatención escolar, cansancio crónico y un debilitamiento generalizado de la salud de los alumnos, comprometiendo su desarrollo a largo plazo.