El reciente requerimiento del Consejo Profesional de Química de la Provincia de Buenos Aires a los municipios para que informen sobre los niveles de arsénico en el agua de red reabre una discusión impostergable. Fundamentado en el detallado Mapa de Arsénico desarrollado por el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) y avalado por recientes fallos judiciales —como el que obliga a ABSA a adecuar la infraestructura en Bragado—, el pedido pone el foco en el recurso hídrico que consumen millones de bonaerenses y reactiva el debate en los distritos del noroeste provincial.
El arsénico es un elemento de origen natural presente en las capas subterráneas de la llanura pampeana. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se ubica entre las diez sustancias químicas de mayor preocupación para la salud pública. Su ingesta prolongada a través del agua y alimentos contaminados provoca Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE), una patología acumulativa capaz de derivar en lesiones cutáneas severas, enfermedades cardiovasculares, diabetes y diversos tipos de cáncer.
El Código Alimentario Argentino establece como límite máximo general 0,01 mg/L (equivalente a 10 mcg/L), aunque contempla de manera excepcional topes de hasta 0,05 mg/L en regiones con suelos altamente mineralizados. Al respecto, diversas publicaciones realizadas en esta materia por Semanario de Junín han puesto de relieve la gravedad del problema para la ciudad y la región, señalando en varias ocasiones que Junín es uno de los distritos bonaerenses con "agua insegura", advirtiendo sobre las recurrentes dificultades en las napas subterráneas y la necesidad imperiosa de contar con controles rigurosos
Cabe recordar que, en noviembre del año pasado, un estudio realizado por el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) puso en alerta a la provincia de Buenos Aires, debido a la contaminación por arsénico en el agua subterránea que se consume en gran parte de las ciudades del interior bonaerense. Algunos de esos distritos que aparecen “comprometidos” son Cañuelas, Chivilcoy, Ezeiza, Junín, Lobos, Mercedes, Monte, Navarro, San Vicente, Suipacha y Tres Arroyos, entre otros. Un dato: algunos de estos puntos geográficos son cercanos a lagunas o espejos de agua de grandes dimensiones.
En los últimos años, el abordaje de la problemática del arsénico y la calidad del agua en Junín ha estado marcado por un eje principal de gestión centrado en la expansión de la infraestructura de redes y la perforación de nuevos pozos de extracción para ampliar la cobertura urbana. No obstante, a nivel institucional y legislativo, el municipio enfrenta una demanda constante de mayores controles y soluciones de fondo.
Por su parte, el discurso oficial se ha centrado en este tiempo en contabilizar las acciones e iniciativas destacadas como:
El reciente requerimiento del Consejo Profesional de Química de la Provincia de Buenos Aires a los municipios para que informen sobre los niveles de arsénico en el agua de red reabre una discusión impostergable. Fundamentado en el Mapa de Arsénico desarrollado por el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) y avalado por fallos judiciales como el que obliga a ABSA a adecuar la infraestructura en Bragado, el pedido pone el foco en el recurso hídrico que consumen los bonaerenses y reactiva el debate en los distritos del noroeste provincial.
“El Consejo Profesional de Química exigió a los municipios detalles sobre controles y monitoreos de arsénico, poniendo bajo la lupa la seguridad del agua de red”
El arsénico es un elemento de origen natural presente en las capas subterráneas de la llanura pampeana. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se ubica entre las diez sustancias químicas de mayor preocupación para la salud pública. Su ingesta prolongada a través del agua y alimentos contaminados provoca Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE), una patología acumulativa capaz de derivar en lesiones cutáneas severas, enfermedades cardiovasculares, diabetes y diversos tipos de cáncer.
El Código Alimentario Argentino establece como límite máximo general 0,01 mg/L, aunque contempla de manera excepcional topes de hasta 0,05 mg/L en regiones con suelos altamente mineralizados. Ante esto, las sucesivas investigaciones y publicaciones realizadas por Semanario de Junín a lo largo de los años han puesto de relieve la persistencia de esta problemática, documentando los reiterados reclamos vecinales, la necesidad de controles rigurosos en las perforaciones locales y las demoras estructurales en materia de saneamiento hídrico que afectan directamente a Junín y a toda la región.
La exposición sostenida a niveles elevados representa un peligro para la población. Las estimaciones indican una posible afectación sobre más de cuatro millones de habitantes en el territorio nacional. El contacto ocurre al beber líquido contaminado, utilizarlo para cocinar alimentos o durante la higiene personal en la ducha. La presencia del químico varía según la profundidad de los pozos de extracción en cada domicilio.
El consumo continuo puede derivar en el Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE). Esta condición médica comienza muchas veces con manifestaciones dérmicas visibles. La falta de tratamiento médico oportuno habilita la aparición de patologías graves. El listado de enfermedades asociadas incluye cáncer de pulmón, cáncer de laringe, tos crónica y fibrosis pulmonar. Casos avanzados pueden desencadenar tumores y fallas multiorgánicas.
“Con un historial de advertencias periodísticas, la problemática del arsénico en la región exige obras de infraestructura y rigurosidad permanente en los análisis”
La solicitud enviada por los profesionales de la química a las administraciones comunales busca clarificar la periodicidad y el alcance de los monitoreos vigentes, conocer los registros analíticos recientes y transparentar la identificación de fuentes con concentraciones elevadas. Asimismo, demanda conocer las acciones preventivas, correctivas o de tratamiento previstas, así como la existencia de protocolos de vigilancia epidemiológica.
Desde el ámbito técnico aclaran que los altos registros detectados en perforaciones puntuales por los informes del ITBA corresponden a muestras específicas y no deben extrapolarse de manera lineal a la totalidad de las redes urbanas. Sin embargo, la problemática exige una respuesta articulada entre los gobiernos locales y las prestatarias para planificar obras estructurales de saneamiento e infraestructura hídrica que garanticen un suministro seguro y sustentable.