La flamante Terminal de Ómnibus de Junín, recientemente reconvertida en centro comercial Aló y próximamente "Paseo de la Ribera", sufrió un sorpresivo y total apagón el pasado sábado alrededor de las 22:30 horas.
No fue para jugar al Gallito ciego, ni para agregar un atractivo turístico. Se cortó la luz y el lugar primero se pareció a un arbolito de navidad, pero del prende y apaga, enseguida no quedó ni un foquito de emergencia encendido que alumbre el camino al colectivo o al menos al kiosco a preguntar si había velas.
Como era de esperar, el hecho provocó el malestar inmediato de pasajeros y comerciantes, y reavivó los duros cuestionamientos sobre la falta de infraestructura de base en el distrito, la planificación, el respaldo; aunque se sostenga lo contrario.
Lo más preocupante de esta situación es que en 2019 el por entonces ministro de Transporte de la Nación Mario Meoni firmó, junto al también intendente de Junín Pablo Petrecca, un convenio por una inversión de $119,500 millones que permitiría la finalización de las obras en la terminal de ómnibus de la ciudad, iniciadas en 2013.
La información de ese entonces señalaba que dichos fondos (unos 8.000 millones de pesos actuales) se destinarían a la instalación de tableros eléctricos, una red de sistema de datos, un circuito televisivo, seguridad, señalización, detección y prevención de incendios. Además, un grupo electrógeno más potente y un sistema de aire acondicionado central. Entonces ¿qué pasó que no funcionó el grupo? y algo más: ¿se invirtió en todo eso que se dijo? ¿quién fue el que firmó el final de obra?
Mientras las linternas de los celulares se convirtieron en estrellas de la noche al mejor estilo de un recital de rock, el humor de los que se chocaban los bancos en medio de la oscuridad iba en otra sintonía: Se acordaron del Modelo Junín, y de una gestión que carga con indiscutible talento para el diseño de renders vistosos, pero sigue renga en la planificación subterránea.
Resulta tragicómico que tras más de una década de promesas, idas, vueltas e inversiones millonarias de los contribuyentes locales, el nuevo orgullo turístico y comercial de la ciudad no cuente siquiera con un soporte energético adecuado para garantizar que no se corten las luces a mitad de la noche, a pesar de que figuraba en la inversión.
Mientras el discurso oficial insiste en vender una ciudad moderna y en pleno desarrollo, las industrias locales sufren parates constantes en sus plantas y la emblemática terminal queda en penumbras pero el candidato Petrecca sigue enarbolando la bandera que 'donde gobierna el PRO se vive mejor' y para ejemplo 'alcanza con ver lo que se hizo en Junín'.
En ese Junín, parece que la luz va por carriles separados al del cotillón publicitario que intenta vender: mucho shopping en la superficie, pero abajo, apenas un fusible flojo.
Nadie dijo nada. Ni mu. Según contaron algunas malas lenguas, la oscuridad fue tan importante que se perdieron las explicaciones y una inversión de 8.000 millones de pesos. Nada más, ni nada menos.