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El sedentarismo cognitivo: cuando pensar se vuelve opcional - Semanario de Junín

SALUD | 29 OCT 2026

INTELIGENCIA ARTIFICIAL

El sedentarismo cognitivo: cuando pensar se vuelve opcional

Vale la pena preguntarnos si todas las dificultades deben ser eliminadas y si todo esfuerzo que podemos evitar merece ser abandonado



Hay algo paradójico en el extraordinario desarrollo de la inteligencia artificial. Hemos creado una tecnología capaz de ampliar nuestras posibilidades de conocimiento, ayudarnos a razonar y resolver problemas que hasta hace poco parecían inaccesibles. Sin embargo, esa misma herramienta que promete potenciar nuestra inteligencia podría terminar debilitando uno de sus ejercicios más elementales: el hábito de pensar por nosotros mismos.

No porque las máquinas nos impidan hacerlo, sino porque cada vez resulta más sencillo dejar que lo hagan por nosotros.

Aprender siempre exigió tiempo, paciencia y disposición a equivocarse. Pensar supone enfrentarnos con nuestras limitaciones, atravesar incertidumbres y construir respuestas que muchas veces resultan incompletas. Ahora tenemos la posibilidad de evitar buena parte de ese recorrido.

El problema no está en la respuesta. Está en todo aquello que dejamos de hacer para llegar a ella.

Algo parecido ocurrió con el esfuerzo físico. Los automóviles nos permiten recorrer grandes distancias sin caminar, los ascensores nos evitan subir escaleras y una infinidad de dispositivos realizan tareas que antes requerían nuestro movimiento. Nadie discute las ventajas de esos avances. Sin embargo, con el tiempo comprendimos que el cuerpo necesita ejercitarse, incluso cuando la tecnología nos permite evitarlo.

¿Podría estar sucediendo algo semejante con nuestra inteligencia?

La inteligencia artificial nos ofrece una nueva comodidad: la posibilidad de resolver cada vez más cuestiones sin realizar por nosotros mismos el esfuerzo intelectual que antes requerían. Así como nos acostumbramos a movernos cada vez menos, podríamos estar acostumbrándonos a pensar cada vez menos. Una especie de sedentarismo cognitivo. No porque utilizar tecnología implique necesariamente pensar menos, sino porque existe el riesgo de delegar incluso aquello que deberíamos seguir haciendo por nuestra cuenta.

La comparación con el sedentarismo físico tiene un aspecto particularmente interesante. Cuando caminamos, el beneficio no está solamente en llegar a destino. Está también en el movimiento, en el ejercicio mismo. Con el pensamiento sucede algo parecido. Su valor no reside exclusivamente en alcanzar una conclusión, sino también en las dudas que aparecen, los errores que cometemos, las contradicciones que descubrimos y el esfuerzo de construir un razonamiento propio.

Pensar no es solamente el resultado. Es también el camino.

Y ese camino, muchas veces incómodo, es precisamente el que podemos terminar abandonando cuando encontramos una respuesta antes de haber intentado elaborar la nuestra.

Esto no significa desconocer las posibilidades que ofrece la inteligencia artificial. Por el contrario, bien utilizada puede ayudarnos a comprender mejor, descubrir perspectivas diferentes y poner a prueba nuestras propias ideas. La cuestión no es cuánto puede hacer la tecnología por nosotros, sino cuánto estamos dispuestos a dejar de hacer nosotros mismos.

Vale la pena preguntarnos si todas las dificultades deben ser eliminadas y si todo esfuerzo que podemos evitar merece ser abandonado

Hay una diferencia entre pedirle a una máquina que nos ayude a desarrollar una idea y pedirle que tenga la idea por nosotros. Entre utilizarla para discutir nuestros argumentos y aceptar sus conclusiones sin haber construido previamente las propias.

Quizás una manera de evitar este nuevo sedentarismo sea recuperar un hábito sencillo: intentar pensar antes de consultar. Darnos un tiempo para elaborar una respuesta, aunque sea imperfecta, antes de buscar otra mejor. Y después sí, aprovechar la inteligencia artificial para confrontar nuestras ideas, descubrir sus debilidades y encontrar aquello que no habíamos considerado.

No se trata de renunciar a la tecnología, sino de evitar que su comodidad termine convirtiéndose en una dependencia.

Después de todo, nadie considera inútil salir a caminar porque exista un automóvil capaz de llevarnos más rápido al mismo lugar. Hay recorridos cuyo valor no depende del tiempo que tardamos en completarlos.

Durante mucho tiempo creímos que el progreso consistía en superar nuestras limitaciones. Y quizás sea así. Pero vale la pena preguntarnos si todas las dificultades deben ser eliminadas y si todo esfuerzo que podemos evitar merece ser abandonado.

Tal vez algunas de nuestras capacidades más humanas no se desarrollen a pesar de las dificultades, sino precisamente gracias a ellas.

Y entonces la pregunta deja de ser cuánto podrá pensar la inteligencia artificial por nosotros, para convertirse en otra, bastante más incómoda: ¿cuánto estaremos dispuestos a seguir pensando nosotros?

(*) Abogado.