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Por qué la UCR arrasa en las aulas, pero se desdibuja como partido - Semanario de Junín

LOCALES | 5 NOV 2026

MIRADA

Por qué la UCR arrasa en las aulas, pero se desdibuja como partido

Franja Morada arrasó en los recientes comicios de la UNNOBA, pero el radicalismo no traduce ese éxito en Junín ni en la región. Un modelo eficaz atrapado entre las aulas y las urnas.



El reciente cierre de los comicios estudiantiles en la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires (UNNOBA) arrojó un resultado que, a esta altura, ya forma parte del paisaje natural de la región: el contundente triunfo de Franja Morada. Con más del 66% de los sufragios en disputas clave como el claustro de la Escuela de Tecnología, el brazo universitario de la Unión Cívica Radical (UCR) revalidó una hegemonía que arrastra casi dos décadas de vigencia ininterrumpida. Los estudiantes del interior bonaerense volvieron a elegir la previsibilidad, la gestión de servicios y la defensa del modelo reformista frente al emergente intento de penetración de las fuerzas libertarias.

Sin embargo, cuando las urnas se trasladan de los pasillos académicos al pavimento de las calles de Junín, o a los distritos de la región o de país, la contundencia morada se evapora en un laberinto de fragmentación y despersonalización política. ¿Cómo es posible que una fuerza que retiene rectorados, maneja presupuestos millonarios y moldea las conciencias de miles de jóvenes profesionales en el corazón productivo del país sea incapaz de parir un candidato competitivo para el sillón de la intendencia local, alguna comuna de la región, Gobernación o la misma presidencia de la Nación?

EL MICROMUNDO UNIVERSITARIO

Para entender el éxito radical intramuros hay que despojarse de las anteojeras ideológicas nacionales. En los claustros de Junín y Pergamino, el alumno no vota necesariamente una plataforma económica global; premia gestión y servicios cotidianos. Franja Morada entendió antes que nadie que la representación estudiantil moderna se dirime en la flexibilización de las correlatividades, la impresión económica de apuntes, el buffet sustentable y el reclamo corporativo ante las falencias edilicias o de transporte.

A esto se le suma el peso específico de la propia UNNOBA bajo la conducción histórica de figuras alineadas al reformismo como el rector Guillermo Tamarit. La universidad ha sido, durante veinte años, un ejemplo regional de orden, crecimiento edilicio y excelencia académica. En un ecosistema institucional sano, la marca del radicalismo universitario se mimetiza con la del progreso mismo de la institución. En las aulas, el discurso reformista funciona como un sentido común aglutinador.

Mientras Franja Morada consolida su hegemonía en la UNNOBA con el 66% de los votos, el radicalismo de Junín sigue subordinado a lógicas ajenas

JUNÍN COMO ESPEJO

En Junín, el contraste con la política municipal es brutal. Tras las dos décadas de intendencia del radical Abel Miguel (1983-2003), la UCR perdió el timón de la comuna y jamás lo pudo recuperar con colores puros. La aparición de Mario Meoni pateó el tablero: un dirigente de cuna radical que entendió que la estructura partidaria tradicional le ponía un techo a su ambición y construyó un liderazgo personalista, de fuerte corte vecinalista, que terminó recalando en el Frente Renovador y el peronismo.

Tras la era meonista, Junín abrazó una década de hegemonía PRO bajo el comando de Pablo Petrecca. ¿Dónde quedó el radicalismo local en este reparto? En el secundario rol de socio menor de las coaliciones de Juntos por el Cambio, aportando territorialidad en los pueblos del partido, pero cediendo siempre la centralidad del Palacio Municipal.

La UNNOBA, lejos de operar como una cantera de candidatos comunales, funciona como un refugio técnico-institucional autónomo. Los cuadros de gestión universitaria poseen un enorme prestigio social, pero cruzar "el charco" hacia el barro de la rosca política local es visto como ‘un riesgo innecesario de contaminación simbólica’.

La universidad es un orgullo transversal juninense del que participan votantes de todos los signos; partidizar a sus figuras directivas implicaría limar ese capital social inmaculado.

EL MAPA REGIONAL

El fenómeno de Junín se replica, con matices, en el panorama político de la Cuarta Sección Electoral. El radicalismo bonaerense posee aún una buena capilaridad para retener intendencias en el interior bonaerense, pero le cuesta horrores proyectar esas experiencias hacia liderazgos nacionales con volumen propio.

En la región emergen excepciones puntuales que demuestran que la gestión local eficiente es valorada, pero bajo liderazgos muy condicionados por el contexto distrital:

Nahuel Mittelbach (Florentino Ameghino): Representa la renovación generacional sub- 35 del partido, consolidando su poder sobre la base de gestiones de cercanía y modernización estatal, pero contenido en los márgenes de un distrito demográficamente chico.

Franco Flexas (General Viamonte): Ha sabido estructurar un armado vecinalista y transversal muy fuerte, blindando su pago chico de los vaivenes de las internas feroces de los comités nacionales.

Salvador Serenal (Lincoln): Un histórico que surfea las tensiones de las coaliciones bonaerenses reteniendo el control territorial a fuerza de gestión tradicional, pero sin intenciones (o posibilidades reales) de dar el salto al escenario mayor de la Provincia o la Nación. Estas intendencias operan como "principados" aislados. Cada cacique cuida su quinta y negocia de forma fragmentada con el poder central platense de turno. Falta el hilo conductor, la narrativa nacional unificada que transforme esa suma de intendencias en un proyecto de poder más allá de las comunas.

Los emergentes regionales como Mittelbach o Flexas gestionan con éxito sus pagos chicos, pero el radicalismo carece de un proyecto unificado nacional

LA ENCRUCIJADA NACIONAL

El drama definitivo del radicalismo ocurre cuando se pasa de la micropolítica de los centros de estudiantes o las intendencias rurales al tablero nacional. En los pasillos de las facultades de la UBA, La Plata o la UNNOBA, Franja Morada adopta un perfil nítidamente socialdemócrata, progresista y defensor acérrimo del rol del Estado en la educación pública.

Sin embargo, en el Congreso de la Nación y en los armados presidenciales, el partido sufre una crisis de nitidez ideológica terminal. Las disputas internas facciosas dividen al partido entre quienes proponen cooperar de forma amigable con los proyectos liberal- libertarios de turno, los que añoran las alianzas de centroderecha clásica y aquellos que intentan infructuosamente revivir una opción de centro puro.

Esa falta de nitidez confunde al electorado general. El votante no universitario, desprovisto del beneficio de los servicios cotidianos que ofrece la Franja en las aulas, se encuentra a nivel nacional con una UCR fragmentada, percibida muchas veces como un conglomerado de legisladores más preocupados por la supervivencia de sus estructuras que por ofrecer un modelo de país alternativo.

El espejo de la UNNOBA es nítido: mientras la política se reduzca a administrar con solvencia instituciones específicas, el radicalismo seguirá ganando elecciones cada octubre. Pero si el centenario partido no logra traducir ese modelo de gestión institucional en un relato político audaz, nítido y nacional, seguirá condenado a ver cómo intendencias clave como Junín, municipios de la región y los destinos de la Gobernación o Casa Rosada, continúan siendo gobernados por otras fuerzas políticas.