Deprecated: Function strftime() is deprecated in /home/u749477691/domains/semanariodejunin.com.ar/public_html/includes/models/noticia-amp.php on line 46

Deprecated: Function strftime() is deprecated in /home/u749477691/domains/semanariodejunin.com.ar/public_html/includes/models/noticia-amp.php on line 46

Deprecated: Function strftime() is deprecated in /home/u749477691/domains/semanariodejunin.com.ar/public_html/includes/models/noticia-amp.php on line 47

Deprecated: strtolower(): Passing null to parameter #1 ($string) of type string is deprecated in /home/u749477691/domains/semanariodejunin.com.ar/public_html/includes/simple_html_dom.php on line 711

Deprecated: strtolower(): Passing null to parameter #1 ($string) of type string is deprecated in /home/u749477691/domains/semanariodejunin.com.ar/public_html/includes/simple_html_dom.php on line 711
Siete años sin Héctor Silva - Semanario de Junín

DEPORTES | 18 JUN 2019

SARMIENTO

Siete años sin Héctor Silva

Hoy se cumplen siete años de la muerte de Héctor Nicolás Silva, ex entrenador de Sarmiento en varios ciclos.



Como futbolista, Silva (nacido en Montevideo, Uruguay), jugó como marcador central en Estudiantes de La Plata durante cuatro temporadas (1960/63), integrando el equipo superior en 30 encuentros, convirtiendo 5 goles. En su país de origen, había vestido las casacas de Defensor, Sudamérica y Rampla Juniors. Como DT, tuvo el inmenso halago de ser el conductor del primer campeón profesional de Sarmiento, en el torneo de Primera “C” de 1977.

Pero antes había logrado otro ascenso, el conquistado en 1974, también en la “C”. Además, fue entrenador verde en la gran campaña de 1975, en Primera “B”, permaneciendo en el cargo durante 32 fechas. Finalmente, dirigió al elenco en los últimos tramos del certamen de 1985, sucediendo a Oscar Malbernat y Federico Pizarro.

Pero la obra maestra de Héctor Silva resultó aquel formidable equipo del 77.

De entrada nomás, el grupo inició un romance con la gente, que iba a prolongarse hasta el final de la campaña. Sucedió de una manera impensada, ya que Sarmiento venía de caer nuevamente en la “C”, luego de un año atroz y olvidable (1976), después de muchas temporadas de lucha y sacrificios para regresar a Primera “B”. Lo cierto que la antorcha de la alegría se encendió a medida que “Francho” Benito y el uruguayo Silva fueron armando el plantel, poco a poco, con más ingratitudes que alegrías. A tal grado llegó el entusiasmo de los aficionados, que en los entrenamientos previos al campeonato eran seguidos, diariamente, por centenares de personas, que se acomodaban en las tribunas para mirar los trabajos físicos y tácticos, en general de un “aburrimiento” total para los no-protagonistas. Y cuando el equipo hacía fútbol, parecía que la cancha cobijaba un partido oficial. En rigor, fue un misterio que no volvió a repetirse, por varias razones. La principal: la curiosa reticencia de los técnicos a que el público y el periodismo observara los movimientos de sus jugadores, como si el fútbol fuese una ciencia exacta.

El del 77 fue uno de los equipos más completos, fantásticos, armoniosos, increíbles y mejor dotado que tuvo Sarmiento en toda su historia, incluyendo a los del 63 y 80, igualmente importantes. Claro que las comparaciones son odiosas, muy discutibles y el que arriesga un juicio de valor, se expone a opiniones diferentes. La elección se basa apenas en el análisis de la “química futbolística” del elenco que dirigió Héctor Silva y no teniendo en cuenta las repercusiones de otro suceso mayúsculo, muchísimo más trascendente, puesto que en tal caso, ¿quién dudaría en señalar con el dedo a la formación de Juan Carlos Montes, ganadora del ascenso a Primera, como el equipo de todos los tiempos?

Sin manejar la confrontación de categorías y adversarios, imposibles de medir, es indudable que ese fue un equipo inmaculado, mortífero, dotado de jugadores con una estética especial: Omar Atondo, Miguel Angel Alvarez, Jorge Benítez, Hugo Cortés, Luciano Polo, Oscar Melillo, Rodolfo Pezzatti, Guillermo Ocampo, Aldo González y otros también gravitantes, a su manera.

La abundante dialéctica del fútbol como comercio del espectáculo que generan tantas páginas y tantos programas televisivos de dudosa seriedad, se ha olvidado de mostrar este singular ejemplo de belleza y autenticidad. Claro, ¿vendería? Los estímulos y las vibraciones del corazón no se compran. El del 77 resultó el ideal de cualquier hincha del tablón, cada vez más resignado a los pelotazos, a las fricciones, a los jugadores igualadores para abajo: tenía talento, tenía sorpresa, tenía gol, tenía picardía, tenía sueños, tenía sabiduría y tenía... ¡al “Patón” Atondo!