martes 19 de mayo de 2026

LOCALES | 3 ene. 2020

intervención social

Con la solidaridad no alcanza: ¿hay que organizar los merenderos y comedores?

Al menos 4.000 juninenses requieren de ayuda solidaria para saciar el hambre más urgente, pero a partir de otras experiencias nacionales, y contando con el compromiso estatal, podrían lograrse mejores resultados en cuanto a calidad de alimentación, evaluación de la salud y apoyo escolar.


Por: Semanario

Los datos sobre la pobreza que nos inundan desde hace al menos 20 años no lograron tener más que algunas mejoras temporales para desbarrancarse en los últimos cuatro años.

Junín tuvo en este período una caída fuerte de los índices productivos y laborales que hicieron que las necesidades de nuestros vecinos se vieran duplicadas en menos de un año.

La organización Don Ito, que cumple un trabajo social de excepción en nuestro medio, a fines de 2018 había contabilizado a la mayoría de comedores y merenderos que funcionaban en Junín y eran poco menos de una veintena, hoy pasan los 35 y están cada vez más cerca de los 40.

Eso implica que entre 3500 y 4000 personas busquen ayuda alimentaria en algunos lugares barriales, ya que el municipio no tiene un trabajo mancomunado y serio al respecto y precisamente por ese motivo las presiones externas para cambios en el gabinete comunal fueron en ese sentido, aunque hasta el momento sin grandes logros y menos aún ideas o proyectos.

Más allá de lograrse la ley de emergencia económica en el Congreso Nacional, esto no implicará cambios milagrosos de la noche a la mañana, y el deterioro de las franjas sociales más vulnerables seguirá aconteciendo, al menos hasta que se aceiten los mecanismos que lleven ayuda monetaria a los bolsillos vacíos de las franjas pobres.

Mientras tanto, en este mix gobierno–vecinos solidarios, se suceden algunas desventajas organizativas que demuestran que a pesar de la buena voluntad se debe trabajar en forma mancomunada para llegar de mejor forma a paliar los inconvenientes de quienes más los sufren.

ORGANIZARSE PARA LA EFICIENCIA

Fue a partir de la crisis del nuevo milenio en nuestro país que los comedores y merenderos empezaron a fluir para dar respuesta inmediata al hambre que generó un gobierno que, al igual que el que dejó Mauricio Macri, basó su tarea en el endeudamiento y favorecimiento a sectores poderosos, promoviendo la concentración de la riqueza y creando mayor inequidad social.

Parece hasta contradictorio que mientras grupos de poder convencían a los votantes de apoyar políticas en contra de las mayorías, otros grupos intentaran promover la solidaridad como valor a la hora de salvar el destino de los caídos en la más extrema pobreza.

Esa organización social logró mejores perfomances en ciudades grandes debido a la gestión de dirigentes que fueron conociendo las características que permitieran mejorar las condiciones de vida de millones de habitantes.

Si bien hasta esa fecha las personas en riesgo de exclusión social se configuraban como principales beneficiarios de estos centros, en la actualidad los perfiles de usuarios que solicitan este tipo de ayuda son muy variados.

Entre ellos se incluyen sobre todo pensionistas y hombres de mediana edad que han perdido su trabajo, que en la mayor parte de los casos acuden acompañados de familias enteras que no disponen de ingresos para sustentar la alimentación de sus hijos. Aunque se trata de un servicio que cubre necesidades tan básicas como la nutrición, en la mayor parte de los casos el acceso a los comedores sociales requiere del cumplimiento de unas reglas específicas que ayudan a fomentar la organización y a distribuir los recursos de forma equitativa.

Por lo que se hace imprescindible comenzar a organizar estas estructuras en nuestro medio para dar una mejor contención y disponer mejor de los recursos.

Tal vez haya que pensar en dar entidad a una “Unión de merenderos y comedores de Junín”, con el objetivo de empezar a analizar la problemática en conjunto y dar soluciones equitativas a los distintos actores.

En este sentido, las sociedades de fomento podrían constituirse en un nexo de relevancia entre las necesidades del vecindario y el municipio y las organizaciones sociales.

Lo que sí resulta imprescindible es que haya una serie de disposiciones para hacer que la ayuda sea precisamente eso y no termine convirtiéndose en un problema más.

Los comedores, salvo algunas excepciones, no surgen como una ampliación de las actividades de una institución consolidada, sino que generan una institucionalidad propia asociada a la emergencia y con una expectativa de transitoriedad que luego puede llegar a perderse, pero esa pérdida no necesariamente se relaciona con el fin de la crisis, sino que puede tener otras circunstancias y por lo tanto se resigna la responsabilidad.

Según las encuestas a nivel nacional, los comedores comunitarios nacen como iniciativas de familias o grupos de vecinos que viven en barrios marginados y otros comedores surgen de la iniciativa de grupos externos al barrio que identifican las necesidades alimentarias (principalmente de los niños y ancianos) y deciden intervenir frente a las mismas.

Lo que menos aparece es la parte de grupos que surgen a partir de la implementación de planes sociales por parte de municipios o la provincia, por lo cual es necesario reformular estas acciones con el fin de mejorar la formalidad de las mismas.

ARTICULAR NECESIDADES

El conurbano bonaerense tiene un 40% de pobreza y si bien los datos no puede extrapolarse al interior de la provincia, no hay certezas porque no hay atención, acerca de lo que pasa en Junín.

De todas maneras, el número de 4.000 juninenses asistiendo a comedores es una cifra odiosa y sin dudas no refleja la verdadera necesidad de, al menos, unos 20.000 vecinos.

Pero no se trata sólo de alimentos, aquellos prodigados en el almuerzo y que son “estirados” en la merienda para “engañar al estómago en la cena”. Se trata de deficiencia alimentaria, ya que no se sabe con qué alimentos se “trata” de evitar el hambre por parte de vecinos solidarios que tienen mucho de voluntad pero poco de conocimiento acerca de necesidades nutricionales.

Al mismo tiempo, la presencia del Estado o la militancia partidaria en algunos de estos ámbitos, debiera servir al menos para iniciar un relevamiento en materia de salud y educación, para saber a ciencia cierta el estado sanitario y educacional de estos grupos.

Por lo que es menester lograr el compromiso de todos los actores sociales, poniendo énfasis en las sociedades de fomento, con el liderazgo de los organismos municipales y provinciales para dar mejor asistencia y que no se trate solamente de un impulso ligado más a la beneficencia pasajera y se eche a perder el abordaje completo de los requerimientos.

En muchos lugares del país -habrá que nutrirse de esos ejemplos- muchas organizaciones son las que trabajan para lograr efectos más complejos que quedarse sólo en la atención de saciar el hambre urgente.

La mayoría de los comedores ha incorporado prestaciones vinculadas a la asistencia y el cuidado familiar, las cuales en cierta manera complementan la tarea desarrollada por el comedor (cuidado y actividades para niños, adolescentes y ancianos, apoyo escolar, guarderías, ropero comunitario, entre otras).

Hacen falta incorporar acciones que apunten a intervenir sobre la situación barrial (planes de mejoramiento de vivienda, de promoción de la salud, generación de ingresos y otras acciones de desarrollo comunitario), las cuales permiten replantearlos objetivos institucionales.

Otro aspecto vinculado a la consolidación se refiere al trabajo conjunto con otras organizaciones.

En algunos casos se evidencia la tarea en redes barriales o municipales, lo cual en cierta manera ha posibilitado un mejor abordaje de las problemáticas comunitarias.

Es importante observar la complejidad de la situación y advertir la necesidad de mejorar ciertos aspectos para que el trabajo sea eficiente y abarcador.

Los procesos de desintegración social adquirieron en nuestro país características específicas, en función de las particularidades que poseyó el Estado Social que se sostuvo hasta mediados de los ‘70 y de la persistencia de los procesos de pauperización y exclusión social en las últimas décadas.

Frente a la marginación que se expresa en los contextos urbanos como consecuencia de estos procesos, las respuestas brindadas por el Estado resultaron insuficientes para garantizar la satisfacción de las necesidades básicas del conjunto de la sociedad.

Por lo cual se requiere visibilizar este tipo de situaciones en el orden local, sin necesidad de buscar ventajas políticas sino promover beneficios para la sociedad, implementando diversas estrategias comunitarias que operen en el campo de la satisfacción de las necesidades básicas.

En Junín no ha sido tan común, salvo en situaciones críticas, este tipo de acciones que implican compartir los alimentos en un determinado espacio, junto con los sentidos que encierran su distribución, su elaboración y la comensalidad de los mismos, lo cual expresa relaciones sociales algo siempre presente en la antropología y la sociología alimentaria.

Es precisamente la sociología la que nos indica la necesidad de ahondar en un interrogante general sobre la relación entre las políticas asistenciales, las modalidades de intervención social y las formas de articulación con las organizaciones y sectores comunitarios y barriales en la definición de un campo específico: el de las acciones alimentarias que definen también formas en las que se instituye la relación entre el Estado y la sociedad en un ámbito específico.

Un tema en el que el gobierno comunal no debe hacerse el desentendido.

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