sábado 28 de noviembre de 2020

HUMOR POLÍTICO | 27 oct 2020

pagina amarilla

El Reino de Alexia

En su corcel, cuando sale la luna, aparece el bravo… Alexia. Sí, enmascarado, sin Bernardo y con un yobaca flaco y contrariado, el rey salió a recorrer su feudo.


En su corcel, cuando sale la luna, aparece el bravo… Alexia. Sí, enmascarado, sin Bernardo y con un yobaca flaco y contrariado, el rey salió a recorrer su feudo.

Alexia estuvo encerrado un par de días, con un poco de cagazo por el virus de la corona, que no perdona a nadie. Por eso, y por las dudas, aunque Alexia se las tira de compadrito, sólo para los retratos y los amigos, no contra la realidad, ni se animó a mostrar su nariz. Porque una cosa es hacerse el guapo para la gilada y otra bien distinta ser gil en serio. Y Alexia de lo primero sabe y de lo segundo,  mejor ni averiguarlo. Por algo llegó adonde llegó.  Porque puede ser cualquier cosa, pero dolobu, eso sí que no.

La cuestión es que el virus de la corona es el tema en todo el reino, o al menos en gran parte de él. Hay cientos encerrados, algunos que no le dan bola y otros que no saben qué hacer. En medio de todos ellos, Alexia, como si nada. En el “piedra, papel o tijera”, el fulano es diamante. Zafa siempre.

No es que Alexia haga nada. Hacer hace, pero lo que hace se parece a un corso en contramano. Un día dice una cosa, otro, otra, toma unas medidas, se desdice, se pelea con algunos, se amiga,  y mientras tanto, va ganando tiempo. No importa que mientras tanto, el reino esté patas para arriba, que más de uno haya quedado en la calle y que no haya una idea superadora para la post pandemia. No, nada. Problema ajeno.

El Reino de Alexia es una isla, y nada hace mella en el rumbo elegido de su rey. Su norte es  su trono y su culo, su guía. El resto, se verá. Dios proveerá, le han escuchado decir. Y se puso una iglesia en el reino, como para atender en otros lados.

En ninguno da respuesta de nada, pero  hace como si. Y para algunos desesperados y otros desorientados, no es poca cosa. Ni qué decir para algunos desamparados. Es una vergüenza. Para Alexia, ‘una contribución’ al momento de crisis.

En medio del berenjenal, pasan los días en el reino, como si todo fuera una maravilla: comercios cerrados, posadas desaparecidas, tributos impagables, futuro sombrío. Todos los pesares son de las afueras, las vaquitas, son de Alexia.

Así cualquiera aguanta el temporal. Así cualquiera es guapo, con acres y la vida resuelta, todo es más fácil. Cómo no sonreír y contar que lo mejor está por venir.

Andá a decirle a uno de las afueras que quedó en la lona, que está con las patas en el barro y cagado de frío, que aguante, que el sol algún día va a aparecer.

Cómo no querés que te manden a cagar, Alexia. Quien promete el oro y el moro, se queda con el oro y deja el tendal, no puede cosechar elogios. Es imposible.

PetrEgo

El Lord Mayor de Ciudad Fría es como el Capitán Hielo. No importa que todo se haya desbocado ni que la pandemia haya puesto en jaque al sistema de salud y que los muertos sean un escándalo.

Fiel a su estilo y su anomia, PetrEgo no tuvo mejor idea que refregarles por la cara a todos los criticones de lo suyo,  que hay que acostumbrarse a convivir con el virus. Qué tanto ni tanto. A llorar a la Iglesia, si es la suya y con diezmo, mejor.

Después de todo, qué lo van a correr a él unos numeritos y un piojardo importante como el de este tiempo. PetrEgo es un estadista y no se queda en el presente; el fulano mira con optimismo el futuro. Claro, habrá que ver cuántos quedan para disfrutarlo, pero no es algo que le preocupe demasiado. Y como para él, la vida también es alegría, (no olvida sus orígenes ni la revolución de su ex jefe ojitos de cielo) no hay que andar pensando tanto en estas nimiedades.

Que los directores de clínicas  o del mismo Hospital hayan puesto el grito en el cielo y que los números de Ciudad Fría sumen más casos que provincias enteras como Misiones y Catamarca juntas, no significa nada.

Nadie entiende nada. No  fue casualidad que PetrEgo se haya disfrazado hace años de cieguito para ‘saber qué siente una persona con esa condición’, ni que fuera arquitecto, constructor, que ahora arremetió con su última creación, que espera la aprobación de Suar para llegar a Pol-Ka: ataviado con camisolín, ni se puso colorado por aparecer como médico, aconsejando algunos vecinos.

Entre tanto disfraz y desatino, podría probar uno nuevo: el de intendente. Por ahí, quién te dice, hasta le gusta y se pone a laburar como tal.

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