viernes 27 de noviembre de 2020

LOCALES | 20 nov 2020

Mirada extrema

Nosotros y los miedos

Escribe Andrés ‘Tato’ Rissolo.


No quedan dudas que los tiempos que corren serían de una extraña fascinación para el productor y director cinematográfico Alfred Hitchcock, que a partir de su miedo infantil atribuló a millones de espectadores con sus películas manejadas íntegramente desde la psicología.

El tiempo de aislamiento y, fundamentalmente, la perspectiva de la falta de futuro que la pandemia imprime a estas horas, se suma al alto grado de incertidumbre política económica de la Argentina que disparó las alarmas de los centros controladores de salud mental, y de inmediato se pusieron a estudiar el impacto de estos factores en la salud mental.

Una nota al respecto publicada en este medio destaca la investigación del Observatorio de Psicología Social de la Universidad de Buenos Aires, que reveló interesantes datos, que al contrario de la mayoría de las encuestas que se enfocan en las megaciudades, el trabajo tiene una correspondencia con lo que acontece en las ciudades bonaerenses.

Precisamente, la investigación se relaciona con preguntas sobre la Salud Mental, Economía y Gestión Política. Respecto a algunos resultados y conclusiones, los investigadores, la mayoría de ellos han considerado que algunos indicadores como “angustia” y “pérdida del sentido de la vida” se han incrementado.

En esta “nueva normalidad” se observa que el abanico de sentimientos y emociones negativas, asociadas al malestar psicológico se mantiene en una meseta significativamente alta, donde la incertidumbre ha perdido centralidad en la definición de los estados de ánimo y han ganado terreno la angustia, la ansiedad, la depresión y la tristeza.

Es imprescindible, de lectura obligada, la nota “¿Qué pasó con la salud mental, la economía y la política tras siete meses de aislamiento?, publicada por este medio, para acercar luego lo dicho por Rafael Bengoa, médico cirujano de la Universidad del País Vasco y magister en Salud Comunitaria y Gestión Universidad de Londres.

Hoy codirige el Instituto de Salud y Estrategia (SI-Health), desde donde lideró un comité de Reforma de salud en Irlanda del Norte (“Sistemas, no estructuras”). Desde 2013 es “Senior fellow” de la Universidad de Harvard, integra un comité de reforma sanitaria en Escocia y es vicepresidente del programa Horizonte 20/20 de la Unión Europea.

Estuvo 14 años como asesor en la OMS (hasta 2006), donde lideró el área de Sistemas de Salud. En 2013 asesoró al expresidente de EE.UU. Barack Obama en la famosa reforma sanitaria “Obamacare,” que fuera abolida por Donald Trump tiempo después a instancia de los hermanos multimillonarios Charles y David Koch, según la opinión de Phillipe Bernard, corresponsal de “Le Monde”.

Según Bengoa, “las personas tenemos un sesgo psicológico que nos programa para la normalidad. Cuando ocurre una situación extraña, la mente quiere rápidamente volver a la normalidad. Que los ciudadanos quieran eso en esta acuciante situación de la pandemia Covid-19 en el mundo se entiende, pero los decisores deben saber que ese sesgo es muy negativo para la toma de decisiones”.

El intento de volver a la normalidad, aunque sea por razones económicas, ha jugado en contra de nosotros. La lección para Argentina es no bajar la guardia como hicieron España y otros países. Seguir insistiendo en las medidas de higiene que ya conocemos todos, eso, con confinamiento, funciona.

Sin embargo, destaca “un problema grave como es la falta de comunicación entre los tres estratos de la Salud: municipal, provincial y nacional. Ejemplo de esto son las distorsiones en la carga de datos en el sistema epidemiológico”.

Alemania nos da una lección interesante: lograron un entendimiento razonable entre la presidenta Merkel y las regiones. No les ganó la desunión política y entendieron que lo colectivo era más importante. Un país necesita uniformidad en el sistema de datos. Eso es buena salud pública, sea para Covid como para cáncer, obesidad o hipertensión. Nada de esto se ha arreglado con desunión política.

Un punto muy importante para destacar según Bengoa fue lo antedicho por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), pre pandemia, donde había insinuado “un cambio en el sistema asistencial, hablando de una estrategia para rediseñar el modelo asistencial argentino y mundial”.

“Se parte de un modelo de acceso a los servicios que se puede ver en algunos países de Europa. La idea es encontrar un equilibrio, un modelo sustentable entre el gasto del sector público y la calidad que se presta. Argentina ya venía mirando ese diseño macro, pensando en reconfigurarse para avanzar hacia una mejor cobertura sanitaria.

El cambio tiene que ver con reforzar la atención primaria de algunas estructuras hospitalarias y su vinculación con los servicios sociales. Pero lo central es: qué hacer con los enfermos crónicos. Qué modelo necesitamos para las próximas dos décadas, de modo de hacer frente al tsunami de enfermedades crónicas que se nos vienen encima. La única salida es la prevención.”

Pero este sistema no les sirve a los enfermos crónicos, a los que van a necesitar cuidado durante 40 o 50 años, por hipertensión, diabetes, cáncer, etc. Ellos precisan un sistema en contacto continuo, toda la vida, y eso no lo ofrece un modelo centrado en la medicina de agudos sino un modelo que complemente agudos y crónicos” aclara Bengoa.

“Queda al desnudo que tenemos una salud pública y atención primaria muy debilitadas. En esto influyen los presupuestos. Las cosas no se hacen bien; el horizonte de hacerlas mejor está ahí, alcanzable. Soy un ferviente creyente de la gestión pública de la salud, que con los años tiene un cierto desfasaje, causante del mal funcionamiento de los sistemas sanitarios, agobiados por el irremediable peso económico que les representa sostener una población saludable.

La fractura ocurre porque prima un viejo paradigma que resulta sordo ante las necesidades impuestas por los cambios demográficos, epidemiológicos y sociales. Se cubre la urgencia, pero hay que cambiar de paradigma porque lo que domina es la cronicidad, es decir, las enfermedades crónicas no transmisibles.

Esta circunstancia, que buena parte de la población precise durante treinta o cuarenta años tener un vínculo estrecho y continuo con el sistema de salud, requiere cambiar la mirada, aggiornarse, virar los sistemas de salud hacia la medicina preventiva” sentenció Bengoa en la entrevista brindada a la periodista Irene Hartmann.

Una diáfana precisión aporta Bengoa a la problemática de salud mundial. Decidir entre quienes atenderán las enfermedades urgencias y quienes las crónicas. Entre el Estado, las obras sociales y los privados, se tendrá que operar una megaprestación médica que moverá cifras económicas astronómicas en divisas u óbitos, según como se maneje.

En síntesis… vamos a necesitar políticos, sindicalistas y empresarios que se pongan de acuerdo, y un sistema de datos digitales afiatado para que todo sea un saludable ejercicio médico y no nos asalte una nueva perspectiva de falta de futuro.

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