jueves 26 de noviembre de 2020

LOCALES | 21 nov 2020

Análisis SEMANARIO

Evaluar en pandemia: Entre la angustia y la desigualdad

Es importante que el cerebro de los chicos siga activo y no caiga en una laguna que hará difícil retomar la rutina escolar, pero está en manos de la comunidad docente transmitir calma y recordar a los educandos y a sus familias que calificar es inútil y las progresiones escolares que se han completado intentan reflejar el esfuerzo y dejar constancia de él.


TAGS: ALUMNOS, PANDEMIA

Por: Redacción Semanario

Buena parte de la comunidad docente parece aún no haber entendido que, al menos este 2020, no es ni será lo que era anteriormente en materia de “educación tradicional” como está presentado.

Motivo por el cual no pueden desprenderse de estas cuestiones relacionadas con la “evaluación” tal y como se lleva adelante desde hace 200 años atrás.

¿Se puede establecer realmente el rendimiento académico de un alumno de primaria o secundaria en un contexto como el vivido? ¿Vale la pena seguir angustiando a los chicos y sus familias respecto a si pasa o no de curso?

Quienes tienen a su cargo las normativas de la educación y sus consiguientes ramificaciones hacia abajo no pueden dejar de considerar la situación inédita de este ciclo lectivo y que se ha tratado de un “aprendizaje” de todas las partes y no sólo de una.

Acaso los padres, que han podido seguir en muchos casos las exposiciones de los docentes ¿podrán calificarlos?

¿CÓMO Y PARA QUÉ?

En un artículo escrito para la Asociación Educar para el Desarrollo Humano, la profesora Caterina Radzichewski se refiere precisamente al hecho de recibir notificaciones de padres de alumnos expresando su preocupación por las notas del boletín. “Me contaban cómo afectaban a sus hijos las calificaciones negativas, especialmente en cuarentena”, refirió la profesional.

Lo curioso es que el boletín que angustiaba a padres e hijos no era sino una progresión escolar sin calificación numérica y sin valoraciones (regular, bien, sobresaliente, etcétera). Las categorías a rellenar consideraban el vínculo con el docente, la entrega de las actividades propuestas y si se alcanzaron las expectativas en el proceso de aprendizaje que intentamos llevar adelante en este contexto tan insólito.

Para Radzichewski “conlleva cierta injusticia educativa asignar un número del uno al diez al trabajo que los chicos llevan adelante en sus hogares, heterogéneos y, muchas veces, poco colaborativos a causa del contexto en el cual se desarrolla la enseñanza (los docentes desconocemos la situación familiar de cada alumno). Además, carecemos de contacto directo y asiduo. Enfrentamos una educación virtual provisoria, pero por tiempo indefinido. No sabremos cuánto han aprendido los educandos hasta no regresar a la nueva normalidad luego de la pandemia”.

Por lo que hoy una de las preocupaciones ciertas está relacionada en cuán necesario resulta poner el acento en esos resultados y si éstos resultarán de algún tipo de ayuda para cuando se reanude la presencialidad.

La pregunta entonces que se hace la profesora es si “como docente ¿deseo realizar un escrutinio detallado de aquello que memorizaron y repiten? ¿O busco apreciar y valorar lo aprendido? ¿Cómo ordeno las prioridades enseñando a distancia y de manera virtual?”,

Por lo que se propone, antes que nada, considerar los dos objetivos centrales de esta “Enseñanza Remota de Emergencia”.

En primer lugar, y como ya hemos mencionado, mantener el vínculo entre el docente, el alumno y la institución. Eso cobra aún más sentido si consideramos que la educación es un derecho, y el Estado y las instituciones que la brindan tienen obligación de garantizarla.

“El segundo objetivo es mantener los cerebros de nuestros alumnos trabajando. Recluidos en sus casas deben leer, resolver ejercicios, mantenerse activos y socializar con sus compañeros y con el docente”.

En cambio, si congeláramos la educación formal durante meses y el único estímulo que los niños y jóvenes recibieran proviniese de la televisión o los videojuegos, “su capacidad de concentración se estancaría como un lago y costaría muchísimo retomar la enseñanza presencial y lograr que incorporasen técnicas de estudio y fuesen proactivos”.

Para mantener sus cerebros trabajando “les pedimos que miren videos que filmamos, que lean cuentos o resuelvan ejercicios matemáticos desde sus hogares. Así y todo, como hemos mencionado, hasta el regreso a las aulas no podremos medir la efectividad de estas estrategias ni sus resultados a medio y largo plazo”.

Entonces, vale la pena repreguntarse: ¿Cómo ordeno las prioridades enseñando a distancia y de manera virtual?

Aquellos alumnos sin posibilidad de conexión o acceso a las propuestas virtuales deben saber que no han sido dejados de lado. Los docentes debemos considerarlos y no bajar los brazos en el intento de tender un puente comunicacional.

“A aquellos alumnos con acceso al material y posibilidad de intercambio digital de las actividades, debemos motivarlos a trabajar de manera autónoma. No deben tener miedo a hacer preguntas y plantear dudas. Debemos retroalimentar su esfuerzo felicitándolos y destacando los aspectos positivos de su desempeño”, asegura la docente.

No es momento de centrarse en los errores sino de mantener los cerebros trabajando.

Es difícil estimular y motivar a distancia; más aún en un contexto incierto como es el actual.

Está en manos de la comunidad docente transmitir calma y recordar a los educandos y a sus familias que calificar es inútil y las progresiones escolares que se han completado intentan reflejar el esfuerzo y dejar constancia de él.

Para la docente, la Enseñanza Remota de Emergencia debe servir “a todos para replantear nuestras estrategias, incorporar herramientas digitales y pensar la evaluación de otra manera. Medir menos, pesar y examinar menos al alumno y apreciar más el valor del esfuerzo”.

¿TRANSFERIR CONOCIMIENTO?

La transferencia no es sino la capacidad de aplicar lo aprendido en un contexto nuevo y diferente. En definitiva, una competencia que capacite al individuo para hacer frente a gran número de situaciones.

Si todo lo que el docente pretende es trasladar un examen de tipo memorístico y exclusivamente de contenidos, en efecto la virtualidad del proceso no asegura que el estudiante realice dicha prueba únicamente en base a lo que recuerde.

Sin embargo, un modelo de enseñanza enfocado al desempeño, al saber hacer y aplicar, sí garantiza un aprendizaje sólido, transferible a otros contextos, que nos permita egresar estudiantes capaces de resolver problemas en entornos diversos.

Habrá que diseñar escenarios que nos permitan generar pruebas capaces de evaluar en qué medida nuestros estudiantes resuelven problemas con todos los recursos de los que disponen a su alcance, como haría cualquier ciudadano o profesional en su desempeño diario.

OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO:
Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias