viernes 27 de noviembre de 2020

LOCALES | 21 nov 2020

Gobierno nacional

Mario Meoni admite que muchas veces está en el “ojo de la tormenta” y puede salir del gabinete

Un repaso por su vida personal y política, lo que piensa del tren y un análisis sobre distintos tópicos políticos. “Más allá de aparecer en alguna que otra línea algún fin de semana de algún medio diciendo que estoy en la lista de los que pueden salir, no tuve inconvenientes”, remarcó el ministro de Transporte.


Del interior de la provincia de Buenos Aires, radical que se siente heredero de las ideas de Raúl Alfonsín, Mario Meoni tiene un pasado incluso inmediato muy distinto del de muchos de los colaboradores de Alberto Fernández. Defensor del ferrocarril, señala que su cartera es ideal para hacer obras que pueden ser útiles o indispensables para la reactivación económica. Pero también para hacer marketing, defecto que le atribuye a su antecesor, Guillermo Dietrich. Afirma que la UCR se corrió a la derecha al unirse a Juntos por el Cambio. Y que no le molestó la carta de Cristina criticando a “los funcionarios que no funcionan”.

Un análisis a fondo en una nota concedida a Perfil por parte del ministro de Transporte de la Nación.

—¿Cuál es el medio de transporte que primero potenciaría el desarrollo?

—El ferrocarril. Es el medio para la Argentina, por sus dimensiones. Tenemos que modernizarlo todo. En vías, incorporar trenes que tengan posibilidad de llevar carga refrigerada. En Argentina siempre fue un tren de carga bruta. Lleva granos, minerales o piedras. Productos primarios y no elaborados, excepto alguna carga de aceites. Necesitamos trenes refrigerados, pero para eso precisamos vías que nos puedan proveer un producto fresco de Tucumán en Buenos Aires en no más de 12 o 14 horas. Eso es factible solo con vías nuevas. Las vías que se están construyendo en toda la zona norte del país y Santa Fe permiten que los trenes lleguen a viajar a 100 kilómetros por hora. Eso nos brinda poder tener carga más sofisticada.

—Tu predecesor iba a trabajar en bicicleta. ¿Vos qué medio de transporte usás?

—Yo voy manejando en auto. Podría andar en bicicleta, puedo ir caminando, no tengo ningún tipo de inconveniente, pero me parece que cuando el ir a trabajar solamente está puesto en una mirada de marketing, y no genuina, no tiene sentido. Me gusta hacer las cosas genuinamente.

—¿Qué es el Frente Renovador?

—Fue una opción que nació allá por 2013. Muchos teníamos dudas de cómo iba la Argentina y creíamos que había que buscar una opción moderada que llevara al país a encontrar un camino intermedio. Lamentablemente no lo pudimos lograr nosotros por sí solos. Es un conjunto donde existe gente de muchos sectores políticos que encontramos en Sergio Massa a alguien que es capaz de escucharnos, que tiene una mirada de la Argentina superadora en muchos aspectos. Una mirada moderna y necesaria. En este lapso contuvo mucho esa mirada. De 2013 a 2015 fue un sector que puso racionalidad a la política. En el comienzo del gobierno de Macri puso equilibrio. Cuando tuvo que ponerle límites al gobierno de Macri, lo hizo. Fue determinante para que el país cambiara el rumbo del endeudamiento, de caída general de la actividad económica, de las posibilidades sociales. Fue capaz de generar los consensos necesarios para formar una coalición de gobierno. Somos una coalición de gobierno, el Frente Renovador es parte de ella. Sigo siendo radical, no dejé de ser radical, me siento profundamente radical, me siento profundamente socialdemócrata. No estamos en una coalición donde se reunificó el peronismo. No somos la reunificación del PJ. Hay distintas vertientes del peronismo, cada uno con su pensamiento, pero hay gente de muchos otros sectores.

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“Me encantaría tener a Massot,

Frigerio y Monzó en un 

Consejo Económico y Social"

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—¿Y Sergio Massa es socialdemócrata? 

—No, Sergio es más liberal. No tenemos la misma mirada social profunda en todo, pero sí es alguien muy respetuoso de las instituciones y que da gran valor a la capacidad de diálogo con todos los sectores. Ese es el punto más común que tenemos. 4

—Sergio comenzó en la Ucedé, ¿es más liberal en lo económico?

—Desde el punto de vista institucional. Desde el punto de vista económico tal vez no sea tan liberal. 

—Porque la socialdemocracia también es liberal.

—Tenemos esa mirada institucional.

—¿Pero ubicás a la socialdemocracia un poco más a la izquierda? 

—Un poquito más a la izquierda en términos de igualdad y de distribución de la riqueza.

—¿Alberto Fernández es socialdemócrata?

—Sí, lo comparto y lo siento. También lo veo. Me siento muy cómodo en el Gobierno. Veo a Alberto Fernández como alguien muy parecido a Raúl Alfonsín en su forma de pensar, de armonizar, de llevar adelante un momento de contención de los distintos sectores. A Alfonsín le tocó la posdictadura. Tuvo que equilibrar los distintos sectores de la Argentina, ser el fuelle de presiones, y le costó mucho. A Alberto le está costando ser el fuelle de las presiones que hay desde los distintos sectores económicos, políticos, sociales, más la pandemia. Tiene la voluntad de diálogo, pero también de buscar igualdad e inclusión. Son dos parámetros exclusivos de la socialdemocracia. Igualdad e inclusión a partir del esfuerzo personal y colectivo, pero con un rol muy activo del Estado. 

—¿El radicalismo tradicional se corrió a la derecha con Mauricio Macri?

—Claramente. Cuando uno les dice eso, se ponen incómodos. Pero apoyan a Macri, que es un hombre de centroderecha. Su historia de vida es así,  no solo su historia política. Es muy difícil que muchos radicales se sientan identificados. Yo no. Soy hijo de obreros, empecé a trabajar a los 15 años. Trabajé toda mi vida. No puedo sentirme identificado con alguien que socialmente no nos va a entender a quienes venimos de abajo. El radicalismo nació en la lucha de los desposeídos. Ese es el ideal y el origen del radicalismo. Siempre los sectores más importantes del radicalismo estuvieron vinculados con los trabajadores, no con los sectores acomodados o más conservadores de la Argentina.

—¿Tu mamá era ama de casa y tu papá empleado de Vialidad? 

—Así es. 

—Y antes de dedicarte a la política fuiste lavacopas de un bar.

—Exactamente, a los 15 años. Tuve la muerte de mi mamá cuando era chico. No lo esperábamos. Y empecé a trabajar. Mi padre no tenía muchos recursos económicos. Había que hacerse cargo de la muerte de mi madre en términos económicos también. Mi viejo me dijo: “Mario, a laburar”. Él había empezado a los 8 años de boyero en los años 30. Empecé de lavacopas, trabajé un año de lavacopas. Siempre creí en el esfuerzo personal. Nunca estuve limitado en ese sentido. Es lo que hice toda mi vida.

—¿Cuál es tu opinión sobre la meritocracia? 

—Yo creo que es válida. No estoy en contra de la meritocracia. Hay una idea de que la meritocracia está vinculada solamente con aquel que estudia o tiene una carrera. El mérito no está en cuánto estudiaste o cuánto leíste sino en cuánto esfuerzo ponés en superarte en cada una de las cosas que hacés. Yo creo que el mérito, visto desde mi lugar, es el mérito del esfuerzo personal en cualquier rol de la vida, sea el del obrero que hace lo que corresponde o el de un intelectual que piensa cada día más.

—¿Qué estudiaste? 

—Terminé la secundaria. Intenté empezar la universidad. Me mantengo desde que tengo 15 años. Trabajar y estudiar era bastante incompatible, con lo cual no pude estudiar. Es una de mis deudas. No sé si algún día la salvaré. Siempre me gustó aprender y leer. Mi mamá venía de un hogar más acomodado y tuvo la cultura como un hecho simbólico muy importante. Por eso siempre leí mucho. 

—¿Tu papá y tu mamá no tenían raigambre peronista? 

—No, mi papá era radical, muy radical. Mi mamá es de una familia mixta de radicales y conservadores, con algún socialista también.

—¿Es distinto el interior de la provincia de Buenos Aires? ¿Se parece más a Córdoba, a Santa Fe, a Mendoza? 

—Se parecía. Ahora se parece cada vez más a Buenos Aires, a lo que es Buenos Aires en su conjunto, con sus diversidades. Tenemos ciudades que tienen parecidos con lugares del Gran Buenos Aires. Mucho del interior de Buenos Aires que podría ser Adrogué o Acassuso. 

—¿Cómo cambió Junín desde que vos fuiste intendente?

—Nuestra ciudad tuvo un impacto muy importante en la creación de una universidad. La creación de universidades cambia la calidad de vida de las ciudades. Aun cuando muchos no se reciban, el paso por la universidad le cambia a la gente la forma de ver la vida y de avanzar. También hay un avance de los problemas sociales. Desde 2005 hasta 2010 o quizá 2012 también impactó el crecimiento del sector agropecuario en todo el desarrollo laboral.

—¿Había un Conurbano más proletario que votaba al peronismo y un interior más gringo que votaba a los radicales, y eso se está modificando?

—No sé si en términos electorales. Sigue habiendo algo cultural que hace que muchos que son humildes o pobres en el interior se sientan de clase media; el que tiene mucho dinero y el que tiene poco.

—Pero las diferencias también son menores.

—Son menores en algunos casos. Y cuando son mayores no se notan, porque el estilo de vida es parecido. Ese estilo de vida parecido hace que haya una mirada distinta. Muchos se sienten a veces representados por quien los está oprimiendo, si vale el término. No es exactamente opresión, pero hay diferencia social o económica. Uno se beneficia y el otro se perjudica. 

—¿Mantienen una tradición radical? 

—Mantienen la tradición radical, aun cuando son humildes y no tienen ingresos. Y sí algunos tienen una mirada más de centro, incluso peyorativa sobre algunos sectores, aun cuando son de sectores muy humildes. 

—¿Cómo llega Axel Kicillof a esa provincia de Buenos Aires más gringa? 

—Llega bien, porque tiene una mirada integral de la provincia. Trabaja con todos los intendentes. Se ve mucha pelea en la política partidaria, pero en la política institucional esa pelea se reduce. En Junín hoy gobierna alguien de Cambiemos, Pablo Petrecca. El gobernador trabaja con él. La distancia en los hechos se transforma en trabajo institucional. Dejé de ser intendente porque perdí las elecciones.

—¿Qué pensás de que ahora se discute si pueden volver a ser intendentes quienes cumplieron tres períodos?

—Tengo una dualidad al respecto. Es bastante difícil definir qué es mejor. Desde el punto de vista teórico e institucional, lo natural sería que hubiera solo dos períodos de los intendentes, que no hubiera reelecciones. La reelección genera perpetuidad. Quien está en la gestión todos los días tiene muchas más oportunidad de mostrarse frente a su población que el resto.

—¿Coincidís con el planteo de Sergio Massa? 

—Sí, en líneas generales. En la democracia, en Junín hubo solo tres intendentes y tiene 97%/98% de la población con agua corriente, 97%/98% de la población con cloacas y asfalto, con todo. Hubo un progreso muy importante que tiene que ver con la continuidad de las gestiones.

—¿Perdiste en la ola de Macri en 2015? 

—Sí, exactamente. Yo iba con Sergio Massa.

—¿Cómo será el escenario de 2021 dada la crisis económica que dejará la pandemia? 

—Soy muy optimista respecto al acompañamiento a nuestro gobierno. La situación del corto plazo nos hace ver lo complejo del contexto. La gente sabe que se hicieron todos los esfuerzos por sostener un país quebrado y que la pandemia puso en situación de colapso. A pesar de eso, viene recomponiéndose a pasos acelerados. Si se observa el consumo de gasoil, estamos casi en los niveles del año pasado. Eso indica que la actividad económica funciona y empieza a moverse de manera muy importante. El puerto de Buenos Aires exportó más contenedores que el año pasado, y en una situación de pandemia con industrias paralizadas. Aun así, no se detuvo el aparato productivo. El año que viene tendremos el impacto de eso, sumado a que mucho de lo que se volcó en acompañamiento social del Gobierno este año va a impactar en la inversión. Ese dinero se concentró en distintas manos que lo van a volcar, cuando se haya despejado el problema de la pandemia. Tendremos un clima más optimista y una situación que irá mejorando.

—Hay versiones de desintegración del Gobierno por internas cada vez más duras.

—Hay mucho de ruido, de comidillas, y poco de realidad. Más allá de aparecer en alguna que otra línea algún fin de semana de algún medio diciendo que estoy en la lista de los que pueden salir, no tuve inconvenientes. El Presidente nos deja trabajar con mucha libertad. 

—Hay versiones de cambio de gabinete.

—Podrá haber, pero es una decisión del Presidente. Tiene la facultad de cambiarnos a todos los ministros porque puede, incluso funcionando bien, tener la necesidad de relanzar o tener una mirada distinta después de un año de gobierno. Fui intendente 12 años y cambié mi gabinete muchísimas veces. Hay personas adecuadas para uno u otro momento, aun cuando pueden estar haciendo las cosas bien. Pero quizá sea necesario otro perfil para un período determinado.

—Dijiste de la carta de Cristina: “Hay que tener en cuenta también el marco en que lo escribió, que tiene que ver con el contexto general del país. Por lo menos en lo personal, no lo he sentido como un cimbronazo sino como una opinión muy válida que hay que escuchar. Después cada uno procesará, desde su mirada y su participación en el Frente de Todos, cómo avanzar y cómo seguir”. ¿Qué sentiste cuando leíste que la vicepresidenta dice que hay funcionarios que no funcionan?

—Nada en particular. Me parece que la vicepresidenta tiene la suficiente trayectoria política y todo el derecho de opinar. Fue dos veces presidenta, es vicepresidenta del país. Ha sido senadora. 

—¿No te sentiste aludido? 

—No me sentí aludido. Yo siento que trabajo. Aun así, puede que en su mirada esté pensando en mí. No me voy a ofender si alguien piensa que no estoy haciendo las cosas bien. Pero percibo que hago las cosas bien y trato de hacerlas lo mejor posible cada día, mucho más allá de las posibilidades de cada uno. No me siento aludido en ese sentido. La vicepresidenta tiene toda la autoridad para opinar sobre todos los funcionarios. Lo mismo sucede con el Presidente.

—¿Cuál es la diferencia cultural entre funcionarios y políticos que tienen un origen en La Cámpora, los que se fueron al Frente Renovador y los peronistas tradicionales? 

 —La diferencia está en la forma de organización y de trabajo dentro de sus agrupaciones. La Cámpora tiene una organización más sólida, más pensada en términos de grupo de trabajo. En el caso del Frente Renovador, somos más librepensadores. En el caso del peronismo, tienen un factor de unión más sentimental que de carácter político. Es una cuestión de formas. La Cámpora me hace acordar mucho a lo que era la Junta Coordinadora Nacional en mi época de militancia en la juventud. No milité en la Junta Coordinadora, mi pertenencia era Renovación y Cambio. Pero la Junta Coordinadora Nacional expresaba lo que hoy expresa La Cámpora. Los describían como revolucionarios y eran militantes de la política que pensaban, se agrupaban. Eran muy organizados, tenían una forma de trabajo territorial. La Cámpora es eso: una agrupación de trabajo muy organizada. Después, por personalidad, hay dirigentes de La Cámpora que son de una característica diferente de otros. Con algunos es más fácil entenderse por una cuestión de empatía personal, con otros menos. 

—¿La Cámpora es más dogmática; el Frente Renovador, más ecléctico y pragmático, y el peronismo tradicional más asociado a cuestiones emotivas?

—No sé si dogmática. No creo que La Cámpora sea dogmática. Es más organizada. Es un tema de distribución de tareas. Militan de manera más organizada. La forma de pensamiento no es dogmática. Nosotros somos eclécticos, sí, porque venimos de orígenes distintos. El vasco José Ignacio De Mendiguren viene del desarrollismo, yo llego desde el radicalismo, Sergio viene del peronismo. Tenemos distintas historias de organización.

—¿El papel del Frente Renovador dentro de la coalición gobernante es de puente en el sentido de promover acuerdo nacional, un Consejo Económico y Social? 

—Sigue siendo así. El Frente Renovador es un puente. Fue el puente que permitió que el peronismo tradicional con el kirchnerismo, y nosotros, lográramos armar un espacio armonioso para sacar a la Argentina hacia adelante. Seguimos teniendo ese rol. Sergio tiene ese rol fundamental de equilibrio, si se quiere, con todos los sectores, de diálogo con todos los sectores. También lo tiene el Presidente. Es el principal puente con todos los sectores. Así lo expresa. Es el principal puente hacia adentro de la coalición de gobierno y el principal puente entre la sociedad. Tenemos un presidente que va por el camino de buscar consensos permanentemente.

—¿Dónde ubicás a Alberto Fernández en ese trípode? ¿Está más cerca del Frente Renovador que del peronismo tradicional?

—El Presidente es una síntesis. También fue jefe de Gabinete de Néstor. Nos contiene a todos y sabe comprender las particularidades. Tiene una mirada superadora. Eso es lo que hace que sea presidente. Será el líder que permita que la Argentina tome la senda del crecimiento y se ponga realmente de pie.

 (Fuente www.perfil.com).

 

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