domingo 24 de enero de 2021

LOCALES | 30 nov 2020

EDITORIAL

No se puede ser neutral

“La pérdida de un ídolo golpea tanto a los más excluidos, a los más indefensos, porque son los que más necesitan creer que es posible triunfar". Marcelo Bielsa.


TAGS: MUERTE, EDITORIAL

Por: Redacción Semanario

La muerte de Diego Armando Maradona causó una enorme conmoción mundial y en nuestro país volvió a dejar al desnudo a una sociedad marcada casi salvajemente por diferencias siquiera inexistentes a la hora de revolver en las estadísticas.

¿Acaso en un país donde casi la mitad de su población es pobre o indigente puede haber semejante desprecio hacia los más vulnerables?

Buena parte de las redes sociales se transformaron en oscuros sitios de odio, tanto en materia de raza, religión, clase social, género y cualquier otra diferencia.

Pero la calle seguirá siendo de los ídolos.

La intolerancia por el pensamiento del otro parece estar exacerbada como nunca antes, a punto tal que incluso las clases sociales más “educadas” muestran su ignorancia a la hora de ensayar al menos un poco de pensamiento crítico y menos aún de empatía.

Maradona, desde siempre, ha sido tironeado por aquellos que, cínicamente como promotores de la meritocracia, esperan luego el error del ascendido para devolverlo a su infierno.

Tal vez en el caos producto de la muerte del ídolo se pueda rescatar una frase de otro “diferente” a la hora de expresar la sociología cotidiana, como lo es Marcelo Bielsa.

El consagrado director técnico dijo, respecto a la muerte del jugador: “La imagen y sensación que me queda de él es inmejorable. En cuanto a lo que significa para nosotros en particular, Diego nos hizo sentir la fantasía que genera el ídolo".

Y arremetió: "El ídolo, el mito, la leyenda hace que un pueblo crea que lo que hace esa persona somos capaces de hacerlo todos. Por eso la pérdida de un ídolo golpea tanto a los más excluidos, a los más indefensos, porque son los que más necesitan creer que es posible triunfar".

En un par de conceptos Bielsa dejó en claro el porqué de las imágenes que se vieron al conocerse la muerte del ídolo.

Esa fuerza de miles y miles de excluidos poniéndose en la piel del exitoso que logró trascender todas y cada una de las fronteras con su talento, sus berrinches, su coraje y su arrogancia frente a los grandes, no pudo ser detenida siquiera por el virus que mató a millones.

A pesar de los daños colaterales, queda claro que en la Argentina no se puede ser neutral, que la grieta es parte de las heridas causadas durante siglos a un pueblo resiliente más que resistente, que según el ritmo de sus políticas económicas se divide en partes distintas entre quienes quieren triunfar y quienes odian a los triunfadores, aunque más no sea por haber podido abrir un kiosco.

Trazando algún parangón que nunca será justificado, podríamos advertir que ni Eva Perón ni Maradona pudieron curarnos la aporofobia, por el contrario, algunos sectores la acrecentaron.

Por eso, las palabras de Mandela suenan a utopía entre los nuestros: “La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar, el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario”.

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