domingo 07 de marzo de 2021

HUMOR POLÍTICO | 5 feb 2021

La página amarilla

El Reino de Alexia

Todas las aventuras de esta semana... imperdibles. Más PetrEgo y no te pierdas "Todo lo que no hicimos".


TAGS: ALEXIA

Alexia desbarrancó una vez más, como tantas veces. Arrancó el nuevo año con un mazazo para su gente. Mientras algunos de las afueras ponían sus patitas en el agua, para enfriar un poco el agobiante verano de billeteras secas y días largos, el rey sin corazón, pergeñó otra de las suyas.

Fiel a su estilo, indiferente y apático, y sin importar que la mayoría contara los acres para llegar a fin de mes, les envió un regalito de año nuevo.  Un emisario les dejó debajo de sus puertas, unos papelitos con los valores de los nuevos tributos.

Ajeno a todo, disfrutando sus molinetes enfriadores, y de reunión en reunión con sus amigotes de color amarillo, rosqueando para ver qué sillón se repartirán en sus próximos destinos, la gente quedó atragantada con lo que vio.

“De qué beneficio hablás, Alexia, le dijo uno, yo nunca tuve ninguno y pagué exactamente el doble que el último recibo del año pasado”. “Vergüenza  debería darte, Alexia, enviar boleta por  servicio que no prestás”, le dijo otro. Y otros cientos, fueron más directos y duros: lo recontraputearon y decidieron que esos papelitos quedarían en espera de los días fríos, para alimentar sus salamandras.

Y así, de pronto, esos días calurosos de un verano agobiante, se convirtieron en otros de mayor calentura. Es que en el reino se viven dos mundos diferentes: uno, el de Alexia, encerrado en su frasco sanitizante y otro el real, el de todo el mundo que no sabe de qué disfrazarse para poner un plato de comida en su mesa. Mientras Alexia se queja porque su gente ‘no paga como debe’, la gente se queja porque Alexia aprieta como si nada pasara.

Es que está en su génesis, no podría hacer otra cosa. Indiferencia, apatía e insensibilidad son los ítems que figuran en su manual de estilo. El Modelo Amarillo no cree en lamentos y si alguno llora, (ya lo dijo) que lo haga en su Iglesia, que para eso construyó una. Eso sí, primero pagar, después entrar para llorar.

Para Alexia la vida es un número, para la gente, la vida es un sufrimiento. Entre uno y otros, hay diferencias irreconciliables. Es que no hay modo de compatibilizar intereses entre un fulano que se cree que todo se acomoda poniendo acres cuando no están. Primero lo primero, el caballo va adelante del carro. Bueno, eso en algunos reinos, que piensan en su gente.

En otros, como en el Amarillo de Alexia, va primero su carro, con su gente, sus aduladores y atrás, empujando, los que creen que todavía tienen que seguir ahí. Algunos quedan, aunque la mayoría ya dejó de tirar de ese carro sin sentido. Es el carro de Alexia, que brilla para él solo, para su destino y su rumbo personal. Atrás, el barro va enterrando a los que van quedando cada día más lejos. Más lejos del carro, y de todo lo demás.


PetrEgo

Lo dijo sin ponerse colorado. Y sin que ninguno, ni los que lo escucharon a pocos centímetros, ni tampoco los que se enteraron después, al menos lo hayan salido a criticar. Nadie dijo nada. Esta semana que pasó quedó más que claro por qué PetrEgo llegó al sillón de Rivadavia y porqué sigue siendo el que comanda los destinos de Ciudad Fría. En una reunión con directivos del aeródromo local, y luego que trascendiera que el Ministerio de Transportes –comandado por el ex intendente Mario Meoni- avisara que está entre sus planes concretar la obra de un moderno aeropuerto, PetrEgo dijo que había analizado, ‘construir una pista de tierra’…¡de tierra! Evidentemente tiene menos vuelo que una tortuga de mar para tirar semejante disparate pero peor son todos los que lo rodean de un lado y de otro, que olvidaron criticar semejante desatino.

Esos dichos fueron una traición de su inconsciente y una metáfora de su gestión. De tierra y barro es lo que hizo y así va a dejar la ciudad. Con un disfraz que se cayó y dejó al desnudo la cruel realidad: el fulano nunca tuvo idea para qué lado rumbear con el timón de mando, y por eso estroló el avión. Era de esperar, un tipo que publicitaba su gestión en bicicleta  demostró ser  un adolescente al que le gusta jugar a la política y que le abrieron la puerta para hacerlo. Claro, tampoco es gil, dejó de ser el humilde aspirante con cara de bueno que iba a mejorarle la vida a todos, para cerrarse entre cuatro cámaras de fotos y negarse a escuchar cualquier cosa que pinte crítica a sus desatinos.

Así es PetrEgo. Un candidato que Ciudad Fría consagró para aumentar sus males, que le salvó la ropa y el futuro y que, como legado y agradecimiento, sólo dejará para el recuerdo un par de ideas tristes, burlonas y ridículas, como una pista de tierra para los aviones del siglo XXI.

No sólo atrasa, es un espanto. Más tétrico todavía.


Te contamos todo lo QUE NO HICIMOS esta semana

*) Transparentar la página web de Transparencia municipal. Mostrarla, publicar lo que cobramos, aquello que gastamos. Ni en pedo.

*) Contar que –aunque sea antes del pire- vamos a hacer algo: plantar un árbol, escribir un libro, o tener otro hijo. Algo

*) Pintar los carteles señaladores de las calles. Ya que cortamos con aquella idea que íbamos a cambiarlos a todos, al menos repintarlos para saber en qué calle estamos.

*) Romper las calles para echarle las culpas de hechos vandálicos a algunos.

*) Echarle culpas a cualquiera, por todos los desastres propios.

*) Echarle culpas a Mauri, que nos bancó y a Jorge Macri que para algo es el padrino.

*) Dejar de echarle culpas a todo el mundo y ponernos a laburar.

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