viernes 07 de mayo de 2021

LOCALES | 20 mar 2021

SEMANAGRO

Avanza la sequía, pero no las medidas ante el cambio climático

Nuestro país, y particularmente la región pampeana en la que está inserto el distrito, puede sufrir pérdidas de producción granaria que hasta ahora nadie se anima a evaluar seriamente. Los pronósticos son desalentadores acá y en todo el mundo, pero no sólo para los próximos días y meses, sino para los próximos años.


Ante los desastres ambientales estamos tomando medidas paliativas y no de fondo. Mientras arrecia la sequía en el distrito nos hay más mirada que hacia los próximos meses y los productores no saben si podrán salvar la lenta agonía que implican los cultivos sojeros de segunda, mientras el maíz ya empieza a cosecharse.

Las lagunas se secan, los peces se mueren, pero eso parece ser un tema secundario olvidando que Junín tiene como principal baluarte del turismo a la pesca deportiva, por lo que “sin peces no hay paraíso”.

Sin embargo los padecimientos, producto invariablemente del cambio climático, no acontecen sólo en la región, la provincia o el país. Sino que buena parte del mundo hoy padece la falta de lluvias y la consiguiente caída productiva agropecuaria y los devastadores incendios forestales.

Estudios científicos señalan que 2037 es el límite para hacer algo y salvar al planeta de una destrucción irreversible, principalmente en el ámbito ambiental en donde el aumento de la temperatura ha provocado un incremento en la frecuencia e intensidad de los desastres naturales.

En los últimos diez años las pérdidas económicas mundiales por el cambio climático han alcanzado 200 mil millones de dólares anuales contra solo 50 mil millones en la década de los años 80, de acuerdo con estudios del Banco Mundial (Karla Gallardo, Excélsior 2018).

El mexicano Alberto Jiménez Merino desde su blog, Intolerancia Diario, puntualiza que “además del COVID19, la pobreza, el hambre y la inseguridad pública, los espectros del medio ambiente que amenazan a la humanidad en el Siglo XXI son el calentamiento global, la destrucción de bosques tropicales, la desertificación, la excesiva pesca oceánica y la escasez de agua que ocupa el primer en la lista, especialmente en los países en desarrollo”.

Las alarmas a nivel de nuestro país en cuanto a la pérdida de granos que implicará esta sequía ya tiene un cálculo, el cual fue dado a conocer esta semana por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).

Así, la BCR ajustó su pronóstico, bajando de 49 millones a 45 millones de toneladas de soja a cosechar.

Según la misma entidad, se prevé una pérdida de 850.000 hectáreas de cultivo.

“La extrema variabilidad del clima ha vuelto a recordar las condiciones de extrema sequedad en las que terminó la campaña gruesa 2017/18. Febrero y los primeros diez días de marzo han dejado sin lluvias importantes a gran parte del área central, en especial al este”, indicó la Bolsa de Comercio rosarina en su informe mensual sobre estimaciones agrícolas.

Los pronósticos a mediano plazo resultan bastante agoreros y quizás muchos se animarían a firmar si sólo se trate de las previsiones rosarinas de esta semana.

El recorte en la proyección se dio tras un salto en las previsiones de la cosecha en febrero, cuando la entidad elevó la estimación de trilla de 47 a 49 millones de toneladas, gracias a las abundantes lluvias que se produjeron durante enero en amplias zonas productivas del país.

Sin embargo, las precipitaciones que parecían dejar atrás la falta de agua que afectó al cultivo durante gran parte de la campaña, se interrumpieron y dieron lugar a varios días de febrero y los primeros 10 días de marzo con altas temperaturas y ausencia de precipitaciones.

Las lluvias se han puesto singularmente esquivas, ya que se esperaban tormentas para el fin de semana, pero luego les bajaron el valor y recién habría chaparrones para el martes próximo.

MIRADA MUNDIAL

Mientras el Producto Interno Bruto (PIB) mundial se ha incrementado un 3.4 por ciento anual en promedio durante los últimos 50 años, el costo de los desastres derivados de eventos climáticos extremos, inundaciones, huracanes, heladas, granizadas y sequías, creció en promedio un 7.4 por ciento anual.

Actualmente, 400 millones de personas viven bajo condiciones de sequía extrema y, lo que se considera tierra muy seca, pasó del 15 al 38 por ciento entre 1970 y el 2011.

Las áreas no aptas para la siembra de maíz se incrementarán sustancialmente entre 2010 y 2025, señalan estudios de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación FAO

Con tan solo un incremento de 2°c en la temperatura de la tierra, entre 1700 y 2 mil millones de personas serán expuestas a estrés, de los que, 400 millones se verán obligados a emigrar por incremento del nivel del mar derivado de deshielos y otros desastres como sequía.

Sin ir mucho más lejos, México tuvo pérdidas por 338 mil millones de pesos entre 2001 y 2013, según datos de la Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), citados por la Senadora Silvia Garza Galván, Presidenta de la Comisión Especial contra el Cambio Climático del Senado de la República, durante la conferencia sobre cambio climático 2015.

Y, sin embargo, aún con este panorama, la mitigación y la prevención del cambio climático siguen siendo grandes ausentes de las políticas públicas y compromisos gubernamentales en los países del mundo que parecen querer extraer hasta la última gota de sudor del esfuerzo del planeta.

En la Conferencia de las Partes (COP, por sus siglas en inglés) 21 de París, Francia 2015, un total de 195 países firmaron un acuerdo vinculante para reducir la emisión de gases de efecto invernadero para bajar a 1.5 grados el aumento de la temperatura.

Después, Estados Unidos salió del acuerdo. Este acuerdo no solo no se ha implementado, sino que ha sido motivo de ataques. Las conferencias COP han sido reuniones de poco impacto, cuando “la situación es mucho peor de lo que usted cree”, como dice en su libro La tierra Inhabitable, David Wallace-Wells 2019.

“Hacen falta Políticas Públicas educativas, energéticas, ambientales, productivas e hídricas para mitigar y revertir el calentamiento mundial que amenaza a la humanidad. Es tiempo de acelerar la adopción de energías limpias no contaminantes, incorporar a los contenidos educativos la problemática del cambio climático, hacer un manejo y aprovechamiento racional del agua, suelo, vegetación y fauna. Apoyar la mecanización de procesos como la cosecha de la caña de azúcar para eliminar la quema, control de la erosión del suelo, reforestación, tecnificación del riego, tratamiento y reúso de aguas residuales y recarga de acuíferos”, puntualiza Jiménez.

Pero nada de esto puede ocurrir si no se forman recursos humanos preparados para enfrentar la nueva realidad ambiental y socioeconómica y con capacidad de reacción ante los distintos fenómenos naturales. Y no pasará nada si no se reconoce el problema climático y se establecen las políticas por los gobiernos. Mientras tanto, a seguir secándose la nariz tras cada tragedia y seguir adelante hasta la próxima.

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