lunes 12 de abril de 2021

LOCALES | 7 abr 2021

ESCUELAS EN PANDEMIA

La “nueva” presencialidad: preguntas sin respuestas

Avasallada por la política partidaria y despojada del “paraguas” sanitario, la comunidad educativa quedó inmersa en las presiones de los grupos de poder. Mientras la administración pública vuelve al teletrabajo, directivos y docentes chapotean en el estrés, los pedidos de renuncia y las carpetas psiquiátricas. La mirada crítica de Mauricio Madrea, que dirige los cuatro niveles de enseñanza del Colegio Normal de Junín.


Por: Redacción Semanario

Enterrar la virtualidad y proponer este sistema emparchado como “normalidad” ha sido, desde el último trimestre del año pasado, la propuesta de ciertos espacios partidarios y grupos de poder para la “vuelta a clases presenciales”. Embanderados en una falsa idea de escolarización que atrasa al menos un siglo, se trata de atender otros intereses que nada tienen que ver con el aprendizaje.

SEMANARIO entrevistó a Mauricio Madrea, Director de Unidad Académica de la escuela Normal Superior de Junín. A cargo de los cuatro niveles de enseñanza (inicial, primario, secundario y superior), trazó un panorama de la paradójico que resulta hablar de clases presenciales, cuando nada tienen de parecido con lo que ocurría antes de la pandemia. También se refirió a la gran cantidad de preguntas que no tienen respuestas y puntualizó la situación de los docentes: directivos que quieren renunciar, maestros estresados, agotados y enfermos.

-A un mes del inicio de las clases y a un año de decretada la pandemia, ¿cuál es tu evaluación?

-Si marzo de 2020 significó para nosotros un replanteo general respecto a nuestra función, nuestros roles y el papel de la escuela en un contexto de excepcionalidad, el 2021 abrió aún más interrogantes. Lo digo porque hoy la situación es más compleja en términos de contagios que en aquel momento y aun así estamos regresando a las aulas con varias preguntas inquietantes que creo nos interpelan a todos: educadores, directivos y, por supuesto, estudiantes y familias.

-Cuando se estableció la vuelta a clases presenciales el panorama sanitario era bien distinto al de hoy, donde el gobierno ya ha impuesto restricciones

-Los directivos ya hemos advertido que estaría empezando una segunda ola de contagios y que el espacio escolar podría colaborar en esa cadena de contagios y no debemos olvidar que en estos días se han registrado más de 10.000 nuevos casos diarios a nivel nacional. Esto nos marca una realidad y es que el inicio de las actividades escolares, con lo que implica en el intercambio del tiempo y espacio social, son fuertemente riesgosos en un contexto sanitario como el que estamos atravesando.

Por eso una de las preguntas que nos hacíamos inicialmente es cuál puede ser el impacto que puede tener este regreso progresivo en un marco sanitario complejo.

Hay entonces un regreso apresurado, planteando alguna dicotomía que tiene que ver con que se sacralice el aula como un espacio exclusivo de aprendizaje. Pareciera que si no hay un lugar donde los estudiantes asistan no pueden aprender.

Por otra parte, y cuando nos referimos a que la escuela organiza un espacio social, la familia, los padres, debido a temas laborales, insisten en un regreso a las aulas, pero hay que dejar algunas variables fuera como para pensar en el impacto que puede llegar a tener este regreso a nivel sanitario.

Porque por otra parte, la presencialidad no garantiza que las propuestas de enseñanza tengan un impacto directo. Así como no lo garantiza la tecnología, tampoco lo hace la presencialidad en ciertos contextos como estos.

-¿En medio de estos apuros por la presencialidad la escuela no termina siendo un depósito de chicos por parte de sus padres para poder cumplir su rol en el trabajo?

-Suele cobrar a menudo ese sentido para muchas familias. Cuando algunos niños se escolarizan, la vida familiar parece simplificarse en algunos puntos. Pero no debemos dejar de lado las prioridades sanitarias. Hoy estamos viendo que la administración pública volvió al teletrabajo por algunos días. Por eso nos venimos preguntando qué pasa con el ciclo lectivo si empieza la activación de protocolos y se disparan los contagios como hoy lo estamos viendo.

Ahí quedan en evidencia las preguntas que debieran responderse, por ejemplo si priorizamos el cuidado de nuestros niños y sus familias o padecemos un regreso intempestivo sin considerar los riesgos.

Si nos atenemos al vínculo con la escuela que han podido sostener los estudiantes el año pasado, los datos nos dicen algo concreto y es que de cada 10, nueve pudieron sostener el vínculo con la escuela. Por lo tanto hay cuestiones que no se están teniendo en cuenta o han quedado relegadas a un espacio secundario, cuando debemos preguntarnos cuál ha sido el impacto tecnológico en la pandemia, pero también cómo nos cuidamos.

-De todas maneras, habla de un buen vínculo en 2020 a pesar de que un 10% lo haya perdido, aun cuando en la “normalidad” hay chicos que igualmente pierden el contacto con la escuela.

-Por eso decimos que si la “no presencialidad” no supone una ruptura del vínculo en términos críticos, ese no sería el argumento para volver antes a la escuela.

Por supuesto que nosotros como docentes valoramos muchísimo la presencialidad por el vínculo, la construcción, el diálogo. Pero eso queda subordinado a momentos en donde la crisis sanitaria marca otra cosa.

En 2020 decíamos que nada iba a ser igual después de la pandemia, ahora parece que para algunos hoy la escuela debe ser lo que fue hace dos años, olvidándose que todo se modificó: los vínculos pedagógicos, el uso de las tecnologías, la evaluación institucional, el seguimiento a nuestros estudiantes, los cargos directivos. Incluso las relaciones socio laborales, entonces pedir en este contexto que la escuela regrese como si nada hubiera pasado es desatender variables muy importantes.

Mauricio Madrea.

-Es llamativa la “obediencia” que han demostrado los docentes frente a las autoridades políticas, de concurrir a clases presenciales, aún sin estar vacunados. No digo inmunizados, sino sin haber recibido siquiera una dosis.

-Eso es algo que evidencia lo intempestivo de la presencialidad. Por otra parte, la vacunación no es obligatoria y eso también deja abiertos espacios de decisión de acción que ningún directivo o supervisor puede contemplar en ese contexto. Aquí se abre un panorama acerca de lo legal, a cómo se desarrollan las tareas en un marco en que lo sanitario no está resuelto en términos de prevención. Todavía no están vacunados todos los docentes y aun así cumplen las tareas y a veces los contratiempos son parte de un regreso que es apresurado.

-Es cierto el planteo. Ningún docente está obligado a vacunarse, pero con esa actitud pone en riesgo a los chicos a su cargo. Y la pregunta es si no estamos discriminando a los dos extremos de la cadena de la vida, alimentando el foco de contagio en los más chicos y al mismo tiempo hacia sus abuelos.

-Si, pero además si el docente no se vacuna pone en riesgo a su profesión y con ello también a su familia. Por eso decimos también que hoy la responsabilidad pareciera que es sólo ocuparse de lo académico y las conversaciones se diluyen porque debemos darle atención a lo operativo porque lo fundamental es asegurar las condiciones de higiene, seguridad y salubridad. Entonces ¿cuánto le prestamos de atención al aprendizaje? Pero no sólo en términos del Covid19, hoy hay docentes que dicen “basta”, por el estrés, otros que pasan carpetas psiquiátricas, docentes que a poco menos de un mes de clases no soportan el dolor de garganta porque hablar con un barbijo y una máscara hace que el volumen de la voz haya que exigirlo y la voz es la herramienta fundamental del docente.

Hoy se trabaja en condiciones en que no se debería. Y el debate de si hay que volver o no, pasa a un segundo plano porque lo que más nos preocupa es en qué condiciones se vuelve. Nada es lo mismo. Si fuera un regreso donde las tareas se hacen de modo armonioso, donde las cosas no son forzadas o con una sobrecarga de trabajo para todos, es lógico que nos interese volver.

Pero cuando en todos lados aparecen las restricciones, parece que la escuela recién se esté iniciando.

-Si utilizamos bien los términos no se trata de un “regreso a la presencialidad” tal como se habituaba. Se regresa para abordar una situación totalmente atípica, con estudiantes y docentes con barbijo, sin recreos, sin poder acercarse entre sí, con la mitad del curso presente, con unos días si, otros días no, entre otras claras diferencias. ¿Vale la pena el riesgo para terminar en ese “collage” donde la relación docente-estudiante está fuertemente restringida?

-Exacto. Por eso cuando se plantea esta falsa dicotomía entre presencialidad sí, presencialidad no. Aparecen con “¿cuándo van a empezar las clases?”, como si no hubieran habido clases, ni vínculo. Como si no hubiese habido sostenimiento y acompañamiento.

No están dadas las condiciones operativas, edilicias, sanitarias y pedagógicas para esta presencialidad. ¿Por qué no analizamos que nos dejó la experiencia del año pasado y la continuamos? Parece que nos olvidamos de todo lo que se emprendió y se construyó, cuando la pandemia trajo preguntas cuyas respuestas todavía no fueron dadas y creemos que en toda situación de complejidad, la institución debe aprender. Y queremos saber cuánto de lo que se aprendió se retoma, si terminamos volviendo a las aulas como si nada hubiera pasado.

-Existe un discurso de un sector político, incrustado en la sociedad, indicando que en 2020 no hubo clases y que en 2021 se retomaron. Lo cual es falaz desde todo punto de vista ya que el año pasado hubo asistencia virtual y este año ésta “presencialidad” nada tiene que ver con la que había.

-Eso es lo que ocurre. Quien diga que el año pasado no hubo clases no sabe del esfuerzo realizado por los docentes, los alumnos y las familias. Y quien diga que volvió la presencialidad, no conoce nada de los intersticios de la labor escolar y docente y las condiciones en que se trabaja. Muchos de los que dicen eso son funcionarios elegidos por el voto popular por lo que creo que los discursos son por desconocimiento y acercarse a las escuelas a preguntar cómo se trabaja es una necesidad fundamental para entender el contexto. Incluso algunos dicen “pase lo que pase, la escuela tiene que volver”, como si se hubiera ido. Y los que se fueron de las escuelas fueron ellos.

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