viernes 07 de mayo de 2021

LOCALES | 3 may 2021

historias de pandemia

De hacer dos entierros por semana por COVID-19 a casi dos por día: la alarmante situación de Pergamino

La ciudad bonaerense registró el máximo número de fallecidos por COVID-19 en un mes desde que comenzó la pandemia. Un matrimonio que llevaba 60 años de casados, entre las víctimas. Murieron con dos días de diferencia y él estaba recientemente vacunado.


Todo pasó demasiado rápido: el sábado 10 de abril Marta se empezó a sentir mal y su hijo Oscar la acompañó a hisoparse. Dio positivo. Volvió a su casa y se instaló en otro cuarto para no contagiar a Fernando Spiatta, su marido, pero ya era demasiado tarde: el lunes él también dio positivo. Pocos días antes, el jueves 8, Fernando se había vacunado con la primera dosis. No fue a tiempo.

El martes 13 su cuadro empeoró y el médico decidió internar a los dos. Durante unos días siguieron juntos, compartiendo habitación, pero el viernes la salud de Fernando empeoró y lo pasaron a terapia intensiva. Un día después, el sábado 17 de abril, murió. Tenía 88 años.

A Marta nadie se lo dijo pero su hijo está seguro de que lo supo, de que de algún modo percibió esa ausencia en el mundo. Oscar no pudo despedirse de ella por el protocolo, pero Marta le envió un mensaje y ya había dejado instrucciones: le pidió a su peluquera que la peinara bien, y que la velaran durante cuatro días. Su hijo intuye una suerte de broma en el pedido, Marta estaba perfectamente lúcida y sabía que eso era imposible. El lunes 19 de abril, dos días después de su marido, ella también murió. Tenía 78 años.

Marta y Fernando llevaban 59 años de casados. Exactamente, desde septiembre de 1962. Tuvieron dos hijos: Oscar (57) y Marcelo (52). Y dos nietos, un hijo de cada uno de ellos. Eran una de las parejas más queridas de Pergamino, dueños de un local comercial en el centro que hicieron crecer a lo largo de las décadas. Así mismo se habían conocido, trabajando en dos locales a veinte metros de distancia: ella en un lugar de regalos, él en una sastrería.

“Eran muy alegres, siempre dispuestos a salir, a disfrutar de sus dos nietos. Siempre daban lo mejor, queriendo pasar momentos juntos. Les gustaba mucho andar. Valoraban y disfrutaban la vida”, dice ahora Oscar, que no pudo despedirse y que está aislado desde el 9 de abril, contagiado también de coronavirus probablemente de sus padres.

Ni él ni Marcelo pudieron asistir al entierro, que sucedió con algunos allegados en el Cementerio Municipal. Están enterrados juntos, uno al lado del otro, pero todavía no tienen una placa que los identifique. Recién podrán llevarla sus hijos cuando tengan el alta. No pudieron tampoco llevarlos al panteón de la familia de Marta, donde ella quería descansar: por protocolo de la provincia, todos los muertos por COVID deben ir a tierra.

TIERRA

Tierra es mucho de lo que se ve ahora en el área nueva del cementerio municipal. Su director, Eduardo Fresno, nos explica cómo se distribuyen las tumbas. “Los que están con la tierra removida son todos los entierros recientes, de los cuales la mayoría son por COVID”, dice. La imagen: una fila prolija de placas de mármol, algunas de ellas con identificaciones, con flores, con cartelitos. Otras, completamente vacías. Al fondo de la última fila: cuatro pozos vacíos a la espera de que lleguen los próximos ataúdes.

Y tierra. Al lado una montaña enorme de tierra que va a cubrir los pozos.

“Hasta abril hacíamos dos pozos por semana que se usaban para casos de COVID. Hoy estamos haciendo dos por día más o menos”, dice uno de los sepultureros que está dentro de uno de esos pozos. Son las once de la mañana y tiene el cuerpo transpirado por el sol. La tierra es difícil de sacar: antes ahí había un aeródromo y el suelo está comprimido.

El promedio de entierros mensuales en el cementerio municipal hasta marzo y por todos los motivos era aproximadamente 70 por mes. En abril ese número, como casi todos los números de la muerte en la ciudad, cambió dramáticamente.

Lo peor sucedió en las fechas en que murieron Marta y Fernando: esa misma semana se registraron 20 muertes por coronavirus en Pergamino, un número elevadísimo si se tiene en cuenta que el promedio mensual de fallecidos COVID de la ciudad era de 19 hasta abril 2021. En lo que va del mes ya se registra más del doble de ese número: 41 al cierre de esta nota.

“Vienen siendo semanas difíciles en la ciudad. La gente no se cuida. Los que vienen acá a despedir a alguien tal vez toman más conciencia, porque ven las consecuencias de cerca, pero si vas a las cervecerías cualquier día a la noche vas a ver que la gente hace como si nada”, dice Eduardo.

SIN CUIDADO

Antes de irnos, nos cuenta una historia estremecedora. También sucedió en la semana fatal de Pergamino, aunque no fue por COVID: enterraron a un joven enfermero que se quitó la vida, la hermana lo vino a despedir y se acostó sobre la tumba. La dejaron tranquila, pero a las horas, al ver que no se levantaba, fueron a verla. Parecía muerta, no tenía pulso, y los oficiales que la encontraron no querían tocarla. Al enterarse, Eduardo fue hasta el lugar y comenzó a hacerle RCP. Después de muchos minutos, la chica reaccionó. Había tomados pastillas y pedía que la dejaran irse con su hermano. Aun hoy está internada.

SIN DESCANSO

Eduardo Fresno, director del cementerio municipal, cuenta que hasta abril el promedio semanal de entierros por COVID era de uno o dos, y que en el último mes aumentó a uno o dos por día. Asumió su puesto hace tres meses y desde entonces trabaja de lunes a lunes, sin días de descanso.

La muerte de pronto pareció posarse sobre Pergamino. Sin alas, sin poética, sin coros. Una muerte en bolsa negra, sellada, como son las muertes por COVID. Casi nadie en el país prestó atención porque no llegó en números grandilocuentes: ¿cómo impresionar cuando ya hubo más de 60 mil argentinos muertos y casi 3 millones de infectados? ¿Cómo volver a hacer que la muerte suene a excepción? ¿Cómo lograr que nos vuelva a espantar?

“Acá a nadie le importa nada. El lunes en un bar de acá a la vuelta hicieron una fiesta en un lugar cerrado con todas personas de más de setenta personas, con una banda en vivo… Pareciera que nadie ve lo que pasa”, dice una comerciante del centro de Pergamino. Un hombre la escucha y coincide: “nadie se está cuidando”, dice. Tiene 84 años y recibió ya la primera dosis de la vacuna Sinopharm, pero su mujer -de 60- todavía no.

El hombre está al tanto de la cantidad de muertes de las últimas semanas. Dice que no le extraña porque no ve a nadie cuidarse, que cerca de su casa ve seguido a un grupo de adultos que se juntan a tomar en la calle sin barbijo, compartiendo vasos y botellas.

La escalada de los números es clara: en febrero del 2021 hubo 13 muertes por COVID en todo el mes, en marzo 11, y en abril más de 40 (de 407 casos positivos confirmados). El récord estaba ubicado en octubre del 2020, tras la primera ola, con 30 muertos en el mes (y 422 casos confirmados). En total, desde el comienzo de la pandemia, la ciudad acumula 185 muertes por COVID: 14 mayores de 90 años, 84 entre 75 y 90 años, 70 entre 60 y 74, 12 entre 45 y 59, y solo 5 de entre 30 y 44 años.

SITUACIÓN COMPLICADA

“La situación sanitaria en Pergamino está complicada, como está complicada en el resto del país. No vamos a ser la excepción. Tenemos un aumento de casos que creemos va a superar el pico que ya tuvimos en octubre. Estamos teniendo además un porcentaje mayor de internación: en octubre se internaba al 7% de los infectados, y hoy estamos en el 11%. Vemos también una mayor rapidez en la cantidad de contagios, una mayor agresividad en los casos, y una mayor afectación de cuadros clínicos moderados a graves en pacientes jóvenes”, dice María Martha Perreta, secretaria de Salud de Pergamino, y médica especialista en clínica médica e infectología.

Para ella, la clave no es regresar a fases de mayor restricción (Pergamino sigue en Fase 3, con comercios y restaurantes abiertos hasta las 23 horas, escuelas con clases presenciales, y actividad al aire libre liberada), sino reforzar controles sanitarios y recuperar la responsabilidad de la ciudadanía. Las medidas y las fases de todas maneras las decide el gobierno Provincial de Axel Kicillof, y la Perreta asegura que han sido siempre respetuosos de las medidas indicadas y que seguirán siéndolo. “Cada vez que hay una decisión de restricción, nosotros la acatamos. No hemos tomado decisiones individualmente desde la ciudad”, dice. Por supuesto, la discusión política está a la orden del día ya que el intendente Javier Martínez es de Cambiemos, el bando opuesto al gobierno provincial.

Sobre el final de la charla, la Secretaria de Salud agrega: “Necesitamos que la población entienda que las medidas y los cuidados son lo único que nos va a proteger. Que tenemos que pensar en el personal de salud y también, para resguardar la economía, cumplir con todos los protocolos. Solo esto puede lograr una armonía entre lo sanitario y lo económico”.

A diferencia de lo que sucede en el AMBA, las camas en Pergamino no parecen ser el problema: la ocupación todavía no llegó al 70% y tienen margen para seguir recibiendo internaciones tanto en el Hospital San José como en alguna de las clínicas privadas de la ciudad. Pero así como ahí no está el problema, en la vacunación por ahora tampoco parece asomar la solución: de 105 mil habitantes, solo 15 mil fueron vacunados con una sola dosis. Con dos dosis el número baja a 2500. Lo positivo: el 98% del personal de salud está vacunado y ya se vacunó a una población importante de mayores de 80 y 70, y se está empezando con mayores de 60 con factores de riesgo. La vacunación de Fernando Spiatta, que llegó el 8 de abril, no llegó a tiempo para evitar que estemos contando esta historia.

 “Yo pensé mucho en la idea de que mi mamá, después de 60 años juntos, quería seguir estando con él. Para mí se dejó ir”, dice Oscar, hijo de ambos, con la voz tomada a medias por el coronavirus del que se está recuperando y por la muerte repentina de sus padres.

Le pregunto cómo está viviendo estas semanas difíciles para Pergamino, si le duele ver que la ciudad sigue al ritmo de siempre. Dice que no lo ve porque está aislado, que no se entera, pero que en todo caso es muy triste. Le ofrezco cerrar el llamado con sus palabras, que me diga si hay algo más que querría agregar. No duda. “Con mi hermano estamos muy orgullosos de los viejos que tuvimos. Eso quiero decir. Los extrañamos un montón, pero estamos contentos de que estén juntos en la otra vida”.

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