lunes 26 de julio de 2021

LOCALES | 21 jun 2021

saul lisazo

Gritó goles en Sarmiento y en Bélgica, pero el destino lo llevó a la fama en México

De Los Toldos al mundo. Cómo se reinventó el “George Clooney latino”, hermano de la fiscal Vanina Lisazo.


Por: Por Marina Zucchi (*)

Si tuviera que filmar su historia, elegiría a un actor enrulado de más de un metro ochenta, y lo haría empezar la película con la escena de un desgarro muscular en una cancha de Bélgica. Terreno fangoso después de la lluvia, el delantero patea y de inmediato llora por la ráfaga de dolor de su pierna derecha. Escena siguiente, años después, esa pierna baja de limusinas y pisa alfombras rojas.

Saúl Lisazo encarna la metáfora del sueño de potrero interrumpido, y de cómo el destino propuso una salida impensada. Una lesión maldita terminó "bendiciendo" su vida. De 9 cabeceador a galán con llegada hipnótica a todo Latinoamérica.

Vivió hasta los 17 años en Los Toldos, provincia de Buenos Aires. Hijo de una directora de escuela y un trabajador de campo, nacido el 1 de junio de 1955, se crió junto a cinco hermanos, lejos de una pantalla de televisión, entre el sonido de los arados, la radio y las anécdotas futboleras de su padre, que había jugado en la primera de Estudiantes de La Plata. A los 17 se alejó del pago con el proyecto de estudiar Educación y el sueño de futbolista iniciado en el club Viamonte de su ciudad. "Voy a jugar en Europa", juraba a sus amigos.

Un delantero de gran porte, jugando en Bélgica.

Se probó en Atlanta. Quinta, cuarta, tercera división, hasta que durante un viaje a Brasil se puso de novio con una chica que lo ayudó a ingresar como jugador a Juventus de San Pablo. Sería el comienzo de varios pases, hasta el volantazo.

A los 20 años, ese que "primero jugaba de 10, pero también funcionaba como 9" recibió la oferta de un empresario portugués para mudarse a Bélgica. Hubo un partido de prueba ante el Hércules de Alicante, Lisazo convirtió dos goles y fue contratado por el KSK Beveren, un club del norte del país. Defendió la camiseta durante tres años y salió campeón de la Liga y de la Copa de Bélgica junto al recordado arquero Jean Marie Pffaf, quien enfrentó con su Selección a la argentina maradoniana en los Mundiales de 1982 y 1986.

"En la Recopa de Europa eliminamos al Inter de Milán, pero perdimos en semifinales con Barcelona", recuerda. "Yo medía un metro ochenta y uno. Iba bien de cabeza, pero por mi porte nunca tuve la velocidad de un 9, era más bien de tranco lento, del pase y la jugada".

La figurita de Saúl Gustavo Lisazo, cuando jugaba en el Beveren de Bélgica.

Mientras los diarios belgas lo dibujaban como una caricatura mexicana de bigote ancho ("era el imaginario del latinoamericano para ellos"), Lisazo fichó para el KV Mechelen de Amberes, también en Bélgica. Allí jugó dos años. La vida en la era pre-Internet se hacía dura, las comunicaciones con la Argentina resultaban complejas y el desarraigo empezaba a pesarle. "La rutina allá era gris. Un país hermoso, respetuoso, ordenado, pero algo no me cerraba".

En medio de esa incomodidad una desgracia lo empujó lentamente a la actuación. Durante un entrenamiento, después de una tormenta, fue a patear un penal y "se reventó" el cuádriceps de la pierna derecha. El shock anímico fue inmediato. "En esa época no se operaba, yo quería volver a la Argentina, y en un tira y afloje, un poco caprichoso, me fui del club". Lesionado, en 1982 llegó a Sarmiento de Junín, un año a préstamo. En "los verdes" jugó al lado del entonces veterano Oscar "Pinino" Más. "Estábamos en Primera, llegamos a jugar el clásico de Junín contra Mariano Moreno en la máxima categoría por primera vez, y más tarde descendimos", evoca.

A pesar del cuádriceps arruinado, Lisazo viajó a Barcelona e intentó conversar con Jorge Cyterszpiler -entonces representante de Diego Maradona- para gestionar que el club belga -todavía dueño de su pase- le diera libertad de acción. No tuvo suerte y se derrumbó. "Lesionado no les servía, no había venta posible, y yo me preguntaba: '¿Qué voy a hacer ahora?'. Tuve una fuerte depresión, pero llegó el modelaje como un salvataje y una forma de distracción. Conocí a Daniel Rangoni, modelo y fotógrafo, y luego de unas fotos viajé de Barcelona a Madrid. Empecé a jugar fútbol de salón mientras posaba para El corte inglés o el perfume Aramis".

La publicidad que tuvo a Lisazo como modelo exclusivo 11 años.

Sin quererlo, transitaba el retiro y rumbeaba hacia su nueva profesión. Mientras todo era incertidumbre y vacío existencial, comenzó a cambiar el look y a amigarse con la idea de otro mundo laboral posible. La pierna derecha que le fallaba le estaba marcando una curva. "Se rompió el sueño de mi vida a los 28 años, y si uno no está preparado para lo que viene puede ser muy duro. En ese momento no pensás con el diario del lunes, hoy digo que gracias a Dios no seguí en el fútbol., se ríe.

Como modelo vivió tres meses en Grecia. A su regreso a Madrid estudió actuación en la academia de Arte dramático de la actriz argentina Cristina Rota. Buenos Aires era cada vez más un punto que se alejaba, mientras el destino le proponía seguir girando por el mapa. Llegó entonces un casting de Bacardí (la marca de bebidas alcohólicas) y ese paso inició su relación con México. Trago en mano, doblado por un locutor de voz gravísima, se convirtió en el bon vivant de las publicidades con un contrato exclusivo durante 11 años.

Con esa imagen de gigoló a cuestas, su primera telenovela en tierra azteca fue Amor de nadie, en 1990, por el Canal de las Estrellas. En esa historia interpretó a uno de los tres galanes del ícono de culebrones Lucía Mendez y su ascenso en la pantalla mexicana fue inmediato. Aprendió a hablar en neutro y más tarde firmó exclusividad con Televisa para hits de ficción como Acapulco, cuerpo y alma, Por tu amor, Vivo por Elena y Prisionera de amor. También pasó por Telemundo en la remake de El Clon. Hoy es posible verlo en Netflix en la serie romántica Betty en NY, adaptación de la telenovela colombiana Yo soy Betty, la fea.

Saúl Lisazo en la telenovela "Amor de nadie", junto a Lucía Méndez. 

Partenaire de estrellas latinas como Christian Bach, Victoria Ruffo y Kate Del Castillo, admirador de Sean Connery, casado desde 1992 y padre de dos (Paula, de 22 años, y Martín, de 17), el que alguna vez fue nominado a "mejor villano" en los Premios People en español carga con un mote de los medios mexicanos: lo bautizaron "el George Clooney latino". No deja de soñar con que algún productor argentino lo invite un rato a grabar en el país para ampliar su escuálida huella televisiva argentina. Apenas apareció en un producto local, la telenovela El día que me quieras, con Grecia Colmenares y Osvaldo Laport, en 1994.

Así como Saúl no rompió el primer idilio y sigue los partidos de River a la distancia, tampoco olvidó los sabores argentinos. Hoy vive en Miami. Pero hace dos décadas se unió a dos compatriotas -el ex futbolista de Rosario Central Mario Favaretto y el médico Ricardo Asch- e inauguró el restaurante Piantao, en la zona de Plaza Cuicuilco, en el Distrito Federal mexicano. En los jardines de una ex fábrica, mientras un bandoneón, una voz y una pareja de baile acompañan elegantes al son del tango, se pueden degustar desde mollejas hasta alfajores.

Saúl Lisazo hoy (Instagram).

-¿Cómo transitaste pasar de las figuritas de fútbol a los carteles como galán?

-Fue gracioso porque nunca dejé de ser quien fui, mantuve los pies en la Tierra a pesar de tener momentos de fama y agobio. Mi carrera de futbolista me enseñó mucho para lo que vino después: cómo cuidar el dinero, la disciplina, los horarios, saber que no sos irremplazable ni indispensable. En el fútbol muchos terminan hablando en tercera persona y en la actuación pasa algo parecido. Ser actor fue mi segunda vida y aproveché todo lo que había aprendido en la primera, el fútbol.

-Hay una antigua foto tuya con Maradona. ¿Llegaste a jugar contra él?

-Lo veía en la oficina de Cyterszpiler, y me decía "hola, pibe", nada más. Pero puedo decir que jugué en su equipo un partido: fue en 2002, en la despedida de Carlos Hermosillo en México. Le dijeron quién era yo y él bromeaba: "Dale, Saúl, presentame a una actriz".

Saúl Lisazo junto a Diego Maradona en el partido despedida de Hermosillo.
Saúl Lisazo junto a Diego Maradona en el partido despedida de Hermosillo.

-¿Qué ambiente es más complejo, el del fútbol o el de la tele?

-Las dos son profesiones jodidas. Se manejan muchos intereses y hay cierta frivolidad en las relaciones: a veces te hacen sentir que son tus amigos cuando estás en el punto más alto. Y si el producto sos vos y tenés cierto reconocimiento, es difícil soportar que te digan "no" en un casting o en un club. Lo mismo para los dos ambientes, es común escuchar "ya está viejo". Por eso creo que se terminó mi etapa como galán y es tiempo de buscar papeles en el cine.

Como Eric Cantona, el ex delantero que brilla en Netflix en la serie Recursos inhumanos, Lisazo rompió el molde en el camino de los vestuarios a los camarines. El eterno "Saulito" para los vecinos de Los Toldos ahora juega golf y esboza una vida ligada a roles menos acartonados, como su protagónico en Septiembre, un llanto en silencio, la película guatemalteca de Keneth Muller que le valió elogios por su personaje de padre que cría solo a su hija tras un ataque terrorista.

"Siempre digo que lo que no tenés en talento hay que suplirlo con trabajo", concluye a punto de tomar un avión rumbo a España, mientras ametralla con fotos de su archivo en blanco y negro que inmortalizan a aquel delantero hoy irreconocible en sus facciones. "Es cierto que mi sueño de jugar en la Selección o en River no se cumplió. Pero fui por otros. Y me siento orgulloso".

(*) Nota publicada en clarin.com

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