viernes 22 de octubre de 2021

CULTURA | 2 oct 2021

UN PIANISTA DE EXCEPCIÓN

Rodolfo Biagi marcó una forma distinta de tocar el tango

“Cuando Biagi forma su propia orquesta, ya es un profesional en el sentido pleno de la palabra. y lo es porque ha rendido con muy buenas calificaciones todas las asignaturas que el tango exige a sus grandes maestros”. (Juan D´Arienzo).


Por: Ismael A. Canaparo

El viernes 24 de septiembre se cumplieron 52 años de la muerte de Rodolfo Alberto Biagi (pianista, compositor y director), el inconfundible “Manos brujas”, considerado una figura importante de la historia del tango. Había nacido el 14 de marzo de 1906, en el barrio de San Telmo. Falleció el 24 de setiembre de 1969, víctima de una inesperada e incontrolable baja de presión. Tenía 63 años.

Una vez terminado sus estudios primarios, abandonó la escuela para dedicarse a la música, en contra del criterio de sus padres. Él quería estudiar violín y sus viejos le propusieron un trato: le compraban el instrumento, pero debía ingresar a la Escuela Normal de Profesores "Mariano Acosta". Rodolfo fue inscripto en el conservatorio del diario "La Prensa", y allí descubrió que su verdadera vocación era el piano.

En la copiosa bibliografía del tango, que vive sorprendiendo a quienes amamos a rajatabla ese género, encontramos una semblanza que escribió el periodista Manuel Adet en el diario “El Litoral” de Santa Fe, a propósito de Biagi. “En Radio Belgrano, un popular animador lo presentó como el “Manos Brujas”. Se trataba de un fox trot de José María Aguilar que la orquesta de Biagi interpretaba como cortina musical al iniciarse la programación. Para 1938, este pianista que contaba en su haber con una larga trayectoria musical, constituye su propia orquesta. La formación musical debutó el 16 de setiembre en el cabaret Marabú, un excelente punto de partida para una orquesta cuya última presentación fue en agosto de 1969 en el Hurlingham Club, un mes antes de su muerte.

Rodolfo Biagi es una presencia controvertida en el tango. Sus críticos son muchos y hay una amplia coincidencia en considerar que el sonido de su orquesta era elemental, demasiado elemental. Nadie ha puesto en duda su honorabilidad ni su trayectoria, pero está claro que su esfuerzo por lograr un tango bailable fue en desmedro de la excelencia musical.

Sin embargo, en sus mejores tiempos la orquesta de Biagi fue muy popular y no faltaron quienes dijeran que gracias a su presencia -y a la de D’Arienzo- el tango recibió un soplo vivificador. La consigna de llevar la música de los labios a los pies estuvo presente en él como también estuvo presente en quien de alguna manera fue su maestro: D’ Arienzo. Tan marcada ha sido esta influencia, que no es arbitrario colocarlos a ambos en la misma corriente y exhibiendo límites musicales parecidos.

Rodolfo Biagi nació en Buenos Aires, en el popular barrio de San Telmo, el 14 de marzo de 1903. Se dice que su primera vocación musical fue el violín, pero antes de los quince años tocaba el piano y animaba con su música los intervalos en las salas de cine del barrio. Fue allí, en el cine Colón de calle Entre Ríos donde lo conoció Juan Maglio, Pacho, y lo invitó a integrar su orquesta que entonces lucía sus virtudes en el Café Nacional de calle Corrientes.

También en aquellos años, Biagi tocó el piano en el mítico café Domínguez, “el de la calle Corrientes que ya no queda”, como dice Julián Centeya, mientras se escuchan los acordes de la orquesta de Ángel D’Agostino. El joven pianista no había cumplido aún los veinte años y sus críticos deberían considerar o advertir que algún mérito debe de haber tenido este muchacho para que un tipo del talento de Pacho lo convoque para integrar su orquesta.

Cuando Biagi decide irse con Pacho, decide de alguna manera su destino, porque es para esa fecha que el hombre se vuelca de lleno a la música para fastidio de su padre que aspiraba para su hijo un destino más convencional, menos contaminado por esa peligrosa bohemia musical que tanto espantaba a los severos padres de entonces.

Después de la experiencia con Maglio, Biagi estuvo en las orquestas de Juan Bautista Guido, Juan Canaro, con quien realiza una gira en Brasil y Miguel Orlando, donde conoce a Elvino Vardaro y Cayetano Puglisi. Para esa fecha, conoce a Juan Carlos Thorry con quien compone el tango “Indiferencia”. La última asignatura tanguera la rinde, nada más y nada menos, que con Carlos Gardel. En efecto, José Razzano lo invita para grabar en el sello Odeón. Allí su piano se luce acompañado por las guitarras de Aguilar, Barbieri y Riverol y el violín de Antonio Rodio. La grabación se realiza en el estudio de Max Glucksmann ubicado en Santa Fe casi esquina Callao. Algunas de esas grabaciones todavía hoy las podemos apreciar. Se trata de “Viejo smoking”, “Buenos Aires”, “Aquellas farras”, el vals “Aromas de El Cairo” y el fox trot “Yo nací para ti , tú serás para mí”. Algún mérito debe de haber percibido el Morocho del Abasto en este pianista que no tenía aún veinticinco años, para que lo invite a participar de una gira por España. Biagi declina la oferta porque prefiere seguir haciendo música en la Argentina.

A Juan D’Arienzo lo conoce en el Chantecler, un cabaret que Biagi frecuentaba casi todas las noches. El pianista de la orquesta entonces era Lidio Fasoli, pero a partir de cierto momento será Biagi. Corría el año 1935 y hasta 1938 el “Manos brujas” será el pianista de la que ya se perfila como la orquesta más popular de la noche porteña. Con D’Arienzo, Biagi no sólo que aprende lo que le faltaba, sino que descubre posibilidades en el tango que luego ensayará con su propia orquesta. Cuando Biagi se retiró de la orquesta del “Rey del Compás”, lo sucedió Juan Polito y luego Fulvio Salamanca.

Para esos años, Biagi comenzó a lucir sus virtudes en LR1 Radio el Mundo y la orquesta estuvo presente en la película dirigida por Enrique Santos Discépolo: “Melodías porteñas”. Los coleccionistas aseguran que hay setenta y un temas grabados en ese período. O sea que cuando Biagi forma su propia orquesta, ya es un profesional en el sentido pleno de la palabra, y lo es porque ha rendido con muy buenas calificaciones todas las asignaturas que el tango exige a sus grandes maestros.

La orquesta pronto adquiere popularidad. Los bailarines se sienten cómodos con ese ritmo musical ligero y rítmico. “Lo suyo no parecen tangos, parecen marchas militares”, asegura uno de sus críticos más enconados, pero más allá de las ironías y las burlas, lo cierto es que para la década del cuarenta, Biagi es uno de los protagonistas legítimos del género y, por supuesto, uno de los más populares. El hombre estuvo casi veinte años en radio Belgrano y la suya fue una de las primeras orquestas en instalarse en los estudios de televisión, al punto que durante años fue la principal estrella del programa “Casino Phillips” de Canal 13.

A su ritmo pegadizo y entrador, se suma la selección de cantores que rápidamente ganan con sus méritos la consideración del público. El primero es Teófilo Ibáñez, pero luego corresponde mencionar a Andrés Falgás y el más exitoso de aquellos años: Jorge Ortiz, que consagra con su voz tangos como “Soledad la de Barracas”, “Misa de once” y el poema de Homero Expósito, “Yuyo verde”.

Después de Ortiz llegaron cantores de la talla de Carlos Saavedra, Carlos Heredia, Carlos Almagro, Carlos Acuña y Hugo Duval, quien habrá de estar presente en la orquesta hasta el último día. En la línea de bandoneones Biagi contó entre otros con Miguel Bonano, Alfredo Attadía y Ricardo Pedevilla; los violinistas que se destacaron fueron Marcos Larrosa, Claudio González y Oscar de la Fuente. En el piano, estaba Biagi, por supuesto, salvo los domingos que era reemplazado por Juan Carlos Giampé porque el maestro no podía vivir si no iba ese día al hipódromo de Palermo a jugarse unos pesos al favorito de la jornada.

Durante diecisiete años, Biagi grabó con el sello Odeón y luego lo hizo con Columbia y Music Hall. A su fama y sus méritos musicales le sumó sus condiciones de compositor. Biagi le puso música a poemas de Carlos Bahr, Francisco Gorrindo, Homero Manzi, Juan Carlos Thorry y Rodolfo Sciammarella. Tangos como “Cruz diablo”, “Humillación”, “Gólgota”, “Por tener un corazón”, “Campo afuera”, “Dejá el mundo como está”, “Indiferencia” y los valses “Amor y vals” y “Como en un cuento” son de su autoría”.


TOCÓ DOS VECES EN JUNÍN


Hacia los finales de 1949, llegaron a Junín extraordinarias figuras del tango, como Francini-Pontier, con sus vocalistas Julio Sosa y Alberto Podestá, además de Florindo Sassone, con las voces de Jorge Casal y Roberto Chanel, y la cancionista Chola Luna.

El 11 de diciembre de ese año la orquesta de Rodolfo Biagi se presentó en el recordado y emblemático “Prado Español”, con el cantor Jorge Ortíz. Un lleno total acompañó a este acontecimiento, con entradas agotadas desde semanas antes. “Manos Brujas” se lució con cuatro instrumentales, como “Racing Club”, “El estribo”, “La huella” y “El incendio”, mientras que Ortíz brilló con “Soledad, la de Barracas”, “Ahora no me conocés” y “Yo también”.

En setiembre de 1951, en el “Parque Recreativo”, ubicado en General Frías y Lebensohn, Rodolfo Biagi se presentaba nuevamente ante el público juninense, contagiado por la fiebre del dos por cuatro. “Manos Brujas” actúo con sus flamantes cantores, Carlos Heredia y Hugo Duval, reemplazantes de Alberto Amor y Carlos Saavedra.

 

 

 

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