lunes 29 de noviembre de 2021

OPINIÓN | 16 oct 2021

MIRADA EXTREMA

El índice digital

Escribe Andrés ‘Tato’ Rissolo.


La digitalización es una realidad. Los jóvenes no han conocido el mundo sin Internet. Sin embargo, el coeficiente intelectual medio de la población mundial en los últimos veinte años ha disminuido el nivel de inteligencia.

La discusión internacional ha profundizado la importancia del desarrollo de habilidades que permitan al estudiantado desenvolverse en sociedades rápidamente cambiantes con las formas de trabajar y producir. Las nuevas generaciones viven intensamente la omnipresencia de las tecnologías. Están desarrollando algunas destrezas distintivas, pero decayendo en otras.

Los sistemas educativos se vieron obligados a incorporar la digitalización en sus procesos, con los tremendos desafíos de equidad que eso implica. Se ha acelerado la incorporación de las tecnologías, pero en el proceso humanístico se amplían las profundas brechas en las comunicaciones.

Varios estudios demuestran la disminución del conocimiento léxico y el empobrecimiento de la lengua. No solo se trata de reducir el vocabulario utilizado, sino también de sutileza lingüística que permite elaborar y formular un pensamiento complejo. La simplificación de los tutoriales, la desaparición de mayúsculas y la puntuación son ejemplos de “golpes mortales” a la precisión y variedad de expresión.

La desaparición gradual de los tiempos (subjuntivo, imperfecto, formas compuestas del futuro, participio pasado) da lugar a un pensamiento casi siempre al presente, limitado actualmente, las de proyecciones en el tiempo.

Las dificultades creadas por el sentido de urgencia en incorporar la tecnología en los procesos de enseñanza, aprendizaje, asegurando por lo menos el acceso a dispositivos y conectividad, el desarrollo de habilidades y competencias digitales han ido en desmedro de la integración propiamente dicha.

Esta intervención digital acentuó la individualidad en los ámbitos laborales y sociales. Menos palabras y menos verbos conjugados implican menos capacidad para expresar las emociones y menos posibilidades de elaborar un pensamiento. Los estudios han demostrado como parte de la violencia en la esfera pública y privada proviene directamente de la incapacidad para describir sus emociones a través de las palabras.

Sin palabras para construir un razonamiento, el pensamiento complejo se hace imposible. Cuanto más pobre es el lenguaje, más desaparece el pensamiento. Si no existen pensamientos, no existen pensamientos críticos. Y no hay pensamiento sin palabras. ¿Cómo se puede construir un pensamiento hipotético-deductivo sin libertad condicional? ¿Cómo se puede tener en cuenta el futuro sin una conjugación al futuro?

Los algoritmos digitales binarios de 0 y 1, blanco o negro, uno u otro, han influido en las comunicaciones. Afín con esto hay quienes afirman la necesidad de simplificar la ortografía, abolir los géneros, los tiempos, los matices. Todo lo que crea complejidad. Son los verdaderos artífices del empobrecimiento de la mente humana.

Al menos así lo analizan Christopher Clavé, Alejandra Arratia, directora ejecutiva de educación de Chile y los medios “The Times” y la revista PNAS, publicación oficial de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

“Tontos y más tontos: ¿por qué nos estamos volviendo menos inteligentes?”. El titular pertenece a un artículo publicado en “The Times”, en un ejemplo de la enorme cobertura de un reciente estudio de quienes se preguntan si acabará el planeta lleno de idiotas

Las puntuaciones en los test de inteligencia fueron subiendo a lo largo del siglo XX en todo el mundo. En una decena de estudios, publicados en los últimos años sugiere que este efecto ha comenzado a revertirse. El cociente intelectual (CI) de sus jóvenes habría comenzado a estancarse e incluso disminuir. El trabajo publicado en PNAS muestra un efecto Flynn negativo a partir de más de 730.000 pruebas realizadas a jóvenes de 18 años que se presentaron al servicio militar entre 1962 y 1991. Atribuyen la reversión como la subida original a causas ambientales, no genéticas.

"La inteligencia ha mejorado en 30 puntos en los últimos 100 años. Sería ingenuo asumir que semejantes ganancias seguirían para siempre", señala Pietschnig. Consultado al respecto por Sinc, Ole Rogeberg, investigador del Centro de Investigación Económica Ragnar Frisch (Noruega), admite que podría haber otras explicaciones alternativas a la pérdida de inteligencia: "Las pruebas de aritmética y vocabulario podrían estar detectando cambios en las habilidades matemáticas y de lenguaje de los niños, en lugar de un cambio en su inteligencia como tal".

El estancamiento es fácil de explicar si se compara con la altura o la esperanza de vida. "Llega un punto en el que no se mejora más, especialmente en los lugares del mundo en los que se empezó antes a mejorar", dice Colom. No es una coincidencia que el efecto Flynn negativo se haya observado en países como Noruega, Dinamarca, Finlandia, Alemania y Países Bajos.

Los responsables de la reversión del efecto Flynn sugeridos por estas ilustraciones  van desde la televisión, los videojuegos y el empeoramiento de la educación hasta la disgenesia –acumulación de genes negativos en la población–, el menor tamaño de las familias y la inmigración. Este último punto explica, según Colom, la proliferación de los estudios que alertan de una disminución en el CI del ser humano.

El efecto Flynn se dispara si viajamos a países de Latinoamérica y África. Colom ha estudiado el fenómeno en Brasil, donde "todo va para arriba porque hay un margen de mejora espectacular". LibiaSudán y Argentina son otros lugares donde se ha visto un incremento reciente del CI. "Es la disminución del conocimiento la que resulta desastrosa", dice James Flynn, que descubrió el efecto que lleva su nombre.

De todos modos, aunque se menciona a la Argentina, como es de esperar, el indicador del Flynn es negativo.  Para los más entendidos en la enseñanza y cultura de países latinoamericanos, ven en Argentina evidencias impepinables sobre la influencia de una lingüística negativa en la sociedad.

El caso solemnemente representativo según los dichos del autor es que: “los adultos necesitan tanto inteligencia y conocimientos para ser críticos con sus gobernantes, y en este caso, lo peor está en la falta de lectura de historia y política. Es la disminución del conocimiento la que resulta ser desastrosa”.

A esta categórica observación solo habría que agregarles vocablos de uso popular entre los jóvenes, tales como “gato”, “te cabió”, “mala ahí” con un ritmo decadente para marcar la involución añorada por tantos años de esfuerzos implementados desde el ministerio de educación pública.

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