viernes 28 de enero de 2022

OPINIÓN | 13 ene 2022

Espacio de opinión

Odio, discurso y la derecha

Escribe: Bernardo Gnazzo.


El nuevo COM (centro de operaciones y monitoreo) inaugurado por la actual gestión de Juntos por el Cambio en nuestra ciudad, demuestra el interior de la psique de la derecha, usando a los pobres como un eterno suministro de ideas llenas de odio y sin ningún tipo de intención en acabar con los problemas que llevan a la inseguridad, más bien alejar a los actores y, si es posible, encerrarlos.

Porque para enfrentar la inseguridad, deciden ampliar cárceles, crear destacamentos, llevar más represión a la periferia y levantar edificios de vigilancia. Decisiones destinadas a aumentar la marginalidad y la pobreza, en vez de terminar con ella.

Este tríptico (odio-discurso-derecha), se encuentra siempre allí, a veces con más claridad y otras veces escondido entre frases, valores y sofismas para encubrir su verdadera naturaleza.

Las instituciones y las leyes dictadas por los mismos reflejan el interés de las minorías, adornadas con palabras y fachadas bonitas, para facilitar la digestión de las mayorías.

… “Existe un mercado del miedo, en el que se reclama el odio como un derecho y la inseguridad es el eje principal”…, afirma César González, en su libro El fetichismo de la marginalidad.

El cómo se materializa ese odio adopta múltiples formas: Lo que es un “espacio monitoreado” se traduce en un “lugar de control y vigilancia social”, la sentencia “duplicamos el tiempo de formación para la policía” (tomado de carteles propagandísticos de JxC) es una legitimación del ejercicio del poder punitivo, el “policías preparados, delincuentes en las cárceles, vivir con tranquilidad” (tomado directamente del spot de Randazzo) en realidad dice “los monstruos de la sociedad son los pobres y necesitamos más fuerzas represivas” y -alejándonos del eje de este texto- la “flexibilización laboral” es “precarización laboral”.

Los barrios privados, son la forma más explícita de este mercado y combinan en sí mucha de sus ofertas, clasismo expresado con muros y barreras junto a vigilancia y seguridad privada las 24hs, se juega con la seguridad como sentimiento, el rico huye de la pobreza y crea su propia “solución” individualista.  Se privatizan espacios de dominio público, para el disfrute de unos pocos.

Este odio requiere como todo mercado, de sectores que lo produzcan (lo conviertan en política) y otros que lo consuman (lo apoyen y promuevan), de esta actitud es responsable la población media, que paradójicamente, son quienes más afectan este tipo de mandatos.

El ciudadano promedio ve justicia en los linchamientos públicos y en el gatillo fácil. Es una prueba de su virilidad, sueña con defender su individualidad a muerte. No le fastidia que le roben multinacionales, dueños de empresas y señores de traje, al contrario, les defiende, pero sí lo hace la sola presencia de la caripela en la esquina.

Los medios de comunicación hegemónicos se encargan con gran fervor en la distribución de estas ideas, tratan de héroe al que lincha o mata, lo victimizan, y envilecen a les pibes que salen a delinquir, gritan por un “sistema más eficiente” con más violencia y persecución, su intención: lograr que la población espectadora (mayorías) reclame y legitime políticas que brinden una mayor libertad al poder punitivo (agencias policiales), a través de la flexibilización del derecho penal. Así se crea una guerra permanente y omnipresente contra el delincuente, usada para establecer y promover la represión y la vigilancia.

Claras son sus intenciones en jamás mostrar que estos pibes son la consecuencia innata del capitalismo, de las desigualdades que este crea.

Han logrado instaurar en el imaginario popular que lo malo, lo peligroso y con lo que hay que acabar es la villa y su gente, que se necesitan más balas y más botas. Se ha logrado configurar la fisonomía del delincuente como estereotipo y quienes sean portadores de estos, corren peligro aunque no hagan nada ilícito.

El edificio devenido hoy en COM, estaba planeado como centro cultural, un lugar destinado a fomentar la educación y la cultura, a través de bibliotecas, periódicos, acceso a internet y la posibilidad de encuentros o talleres. Pensado para el desarrollo y las oportunidades, hoy cumple una función antagónica, la marginación y el odio.

La mano de JxC, de la derecha, cierra bibliotecas para invertir en centros de represión. Los mismos que gritan con fervor una crisis en la enseñanza y piden una “revolución educativa”.

A qué vecinos atiende, cuando el ejecutivo local en cada discurso alega escuchar reclamos. 

A quiénes controlan estas cámaras y con qué pretexto, ¿quiénes son sospechosos?

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