lunes 05 de diciembre de 2022

CULTURA | 14 nov 2022

CENA Y BAILE

Festejo compartido entre la Sociedad Española y Argentango

Mientras la Sociedad Española marca un camino institucional señero, Argentango es uno de los pocos conjuntos que ha logrado sobrevivir, a duras penas, dentro del camino desolado en el que transita nuestro querido género del dos por cuatro.


Por: Ismael A. Canaparo

Dentro de unos días, exactamente el 26 del actual, se realizará una celebración en conjunto entre la Sociedad Española de Socorros Mutuos y la agrupación típica Argentango. La institución de la calle Narbondo 32 festejará nada menos que 139 años de vida y el elenco del dos por cuatro 20 años de actuación interrumpida.

La fiesta, consistente en una cena y posterior baile con el acompañamiento de Argentango, se llevará a cabo en la sede española, a partir de las 21. Las tarjetas podrán reservarse discando a los teléfonos 463-2328 y 154-516213, en el horario de 9 a 11, de lunes a viernes. En la parte rítmica, habrá tangos, valses, milongas y pasodobles.

El conjunto musical Argentango está transitando sus primeros 20 años, en cuyo tramo actuó en diferentes escenarios, siempre regalando prestancia y categoría en cada una de sus actuaciones en la ciudad y también en distintos puntos de la región.

La agrupación nació en 2002. Por entonces, estaba constituida por Nelson Lorenzo (director), Lalo Rasia (bandoneón), Hilda Isaac (piano), Valeria Huichaqueo (teclados), Walter Dujesieken (contrabajo), con las voces de Liliana Salino y Omar Pagano. Además, fueron cantantes invitados en diferentes ocasiones, la propia Liliana Saliuno, además de Omar Decarre, María Angela Picchi, César Diotti, Omar Decarre, Claudia Levato, Hugo Casanovas, Jorge Micheref y Jorge Gallardo. Y entre los músicos, Hugo Fusé, Arturo Viora, Mariano Guglielmeti, Adolfo “Cacho” Falcón, Daniel Ferrúa, Mario Aragüez y Osmar Meres.

En la actualidad, “Argentango” se integra con los talentos de Lalo Rasia (bandoneón), Hilda Isaac (teclados) y Raúl Romano (flauta traversa).

¿Sus características? El conjunto se identifica con el ritmo de Aníbal Troilo, siguiendo los lineamientos musicales del inolvidable Gordo Pichuco. Sin embargo, antes de la cruel pandemia, había anexado arreglos de Osvaldo Pugliese y Carlos Di Sarli, como así también temas bailables de la guardia vieja, bien marcados, ideales para la danza.

La gran particularidad de esta orquesta juninense es que no tiene director. Todos conducen, todos opinan, todos acuerdan, más allá de los disensos naturales que suelen ocurrir, al elegir determinada página. Es una especie de “cooperativa de mando”, que hasta ahora no ha tenido mayores contratiempos ni fisuras. Por el contrario, la idea se mantiene intacta.

DOS GRANDES TALENTOS

Argentango luce importantes talentos, como Hilda Isaac, que desde la educación ha logrado concretar un espacio generoso, en base a sus excelentes condiciones para la música. En los últimos tiempos, ya alejada de otras obligaciones, le entregó al conjunto una impronta singular, con ideas propias y siempre con prolijidad y buen gusto.

Además, está un estandarte de la flauta traversa, como el chacabuquense Raúl Carlos Camilo Romano.  Un músico brillante y talentoso, que estudió con Romeo Pilusso y Alfredo Montanaro. Según el libro “En tango en Junín”, de Roberto Dimarco y Oscar Velilla, Romano llegó a nuestra ciudad en 1970, “… y se integra las filas de “Baires 70” y además en el cuarteto de Arturo Viora. En 1982 forma en la agrupación orquestal de “María de Buenos Aires” y en 1983 en el quinteto de Oreste Lapadula. Es compositor de un tango, “Así es mi tango”, y como músico ejerce la docencia”.

LA OTRA CARA: ORLANDO LUIS RASIA

Es uno de los pocos fuelles que hoy rezongan en Junín, repleto de colorido y de matices.  Más conocido como “Lalo”, suele comentar con exactitud que su amor por el tango tuvo fecha precisa: 19 de febrero de 1947. “Ese día, con apenas seis años, mis padres me llevaron a un baile al Club Villa Belgrano, donde actuaba Alfredo De Angelis, con sus cantores Carlos Dante y Julio Martel. Recuerdo que me alejé del salón y me metí en la pista para escuchar con más cercanía a la orquesta, que sonaba muy bien. Ahí se produjo mi primera aproximación al género. Ya entrada la década del 50, mi padre me mandó a estudiar el bandoneón con el profesor Salvador Mancuso, por muchos años el referente musical de Junín. Me gustaba más la batería, pero al viejo ni mencionarle ese instrumento. Lo cierto que estudié mucho, pero me cansó el solfeo. Abandonar era un acto impensable. Lo que yo quería era tocar, no darle tanto al solfeo. Pasó un tiempo y mi padre, que era ferroviario, se contactó en el taller con Arturo Viora, para que continuara con él mis estudios. Y así ocurrió. Con Viora logré enamorarme de nuevo con el fuelle y, a la par, crecer notablemente, ya que para inculcar conocimientos a sus alumnos, el maestro (un verdadero segundo padre), apelaba a dos reglas inexorables: exigencia y severidad”, recuerda con cariño, para luego agregar enseguida: “Ese aprendizaje me permitió lograr un lanzamiento de fuego, con apenas 17 años, integrando la orquesta típica de Osvaldo López. Fue como tocar el cielo con las manos. La agrupación estaba conformada con el propio López como director y violín; Pocho Casimo, Atilio Malizia y Carlos Ferrara (violines); Deograsia Gómez (contrabajo); Aurora Cancio (piano); Osvaldo Cancio, Bachi Villalba, Aurelio Rodríguez, Lalo Massari y yo (bandoneones); Lalo Ferrari y Omar Decarre (vocalistas) y David Ferro (presentador)”.

Artista o laburante (Lalo trabajó 32 años en el ferrocarril, ingresando como aprendiz electricista junto a Alberto Rudi, su gran amigo de toda la vida, y retirándose como supervisor principal de la sección Aire Acondicionado, además de 28 años como operador telefónico de la ex ENTEL), cuenta con detalles minuciosos parte de su niñez y adolescencia, en el barrio que nunca abandonó:  su entrañable Villa. “Yo vivía frente a la Plaza Sarmiento, casi al lado de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús. Por consiguiente, hice toda la primaria en la Escuela Nº 18 y el secundario en la Escuela Fábrica “Yapeyú”, egresando como Experto Ebanista. La plaza tuvo varios cambios en su fisonomía, por una razón esencial: mi abuelo me contaba que en ese lugar había funcionado un vaciadero de basura, motivo por el cual con el correr del tiempo se producían hundimientos y hasta inundaciones. Sobre la calle Iberlucea (hoy Padre Ghio) se construyó una gran fuente rectangular, que nunca pudo ser llenada con agua a raíz de varias rajaduras, producto de lo endeble del terreno. Algo que no conocí: me dicen que la plaza primitiva tenía una cancha de básquetbol y juegos para niños, además de hermosas glorietas, donde todos los domingos la banda del Ejército brindaba conciertos musicales. La verdad es que pocas cosas del barrio me resultaron indiferentes, ya que fui testigo de las calles de tierra, de la excavación para los desagües pluviales, de las tareas cloacales y de la red de agua, paso previo a todo el asfaltado”.

Lalo no se detiene con los recuerdos, repasando –a grandes rasgos- cada uno de sus momentos: “En el año 1998 fui convocado por el maestro José “Pocho” Luca para integrar una gran orquesta de veinte músicos, con intérpretes y vocalistas locales, denominada Típica Junín Tango. Debutó con un recital en La Ranchería, a sala llena. Con la animación de Daniel Ganci, desfilaron cantores de la talla de César Diotti, Miguel Suárez, Luis Fernández, Rosana Ferreiro, Jorge Gallardo, Hugo Casanova, Julio Pulido, Omar Decarre y Omar Pagano”.

ACTUACIONES DESTACADAS

A través de estas dos décadas, Argentango se lució en distintos escenarios: en Buenos Aires, con la Orquesta Sinfónica Juvenil de San Martín; en reiterados festivales de tango auspiciados por el Gobierno juninense, como así también en el homenaje a Astor Piazzolla en el Museo de Arte, a raíz de los 50 años de “Balada para un loco”; actuaciones en lugares como Estación Rivadavia, Leandro N. Alem, Vedia, General Arenales, Los Toldos, Agustín Roca, Lincoln y Bragado; también en sitios de conciertos didácticos, bailables y teatros.


MUCHOS AÑOS DE CULTURA HISPANA


 

El 25 de noviembre de 1883, fecha muy próxima a cumplir 139 años de vida, nació la Sociedad Española de Socorros Mutuos. Según el diario Democracia, “… comenzó con los inmigrantes españoles que se instalaron en Junín, con la necesidad de agruparse y crear un espacio que los nucleara en una nueva sociedad, y así facilitar lazos y difusión de la cultura hispana. El presidente de la institución, Miguel Frade, fue muy preciso: “Apuntamos a realizar actividades culturales, con el fin de seguir difundiendo tanto la cultura española como la argentina. Como la masa societaria se ha ido reduciendo, la entidad lleva a cabo diferentes actividades para poder afrontar los gastos que requiere permanecer en el tiempo. El mantenimiento de un edificio de tantos años requiere mucho dinero, de modo que organizamos comidas y espectáculos para contar con un ingreso adicional”.

 

 

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