lunes 05 de diciembre de 2022

LOCALES | 22 nov 2022

OJOS QUE VEN

Bienvenidos a Junín, capital de la dejadez

Las fotos de por sí dan cuenta del relato que causa frustración, a sabiendas de que hace casi 10 años se proyectó una nueva terminal que, a pesar de estar terminada en un 80% al arribo de Pablo Petrecca a la intendencia, después de más de 7 años no se concluyó.


Por: Redacción Semanario de Junín

Escribir acerca del estado que presenta la terminal de ómnibus de Junín causa vergüenza ajena pero también es propia porque al fin y al cabo estamos mostrando al mundo (debido a cómo se disemina la información por la redes) de qué manera recibimos a nuestros visitantes.

Sin embargo, la obligación que tenemos como periodistas es mostrar la realidad, aunque esta sea cruel y contraste con un discurso municipal plagado de mentiras y contradicciones, que al mismo tiempo que invierte en un móvil para alentar el turismo hacia nuestras tierras mantiene la infraestructura en un total estado de dejadez, mientras que la gestión, prácticamente en su totalidad, apela al discurso insidioso.

Las fotos que grafican estas páginas de por sí dan cuenta del relato que causa frustración, a sabiendas de que hace casi 10 años se proyectó una nueva terminal que, a pesar de estar terminada en un 80% al arribo de Pablo Petrecca a la intendencia, después de más de 7 años no se concluyó.

Si para los juninenses acostumbrados a la vieja terminal nos causa un golpe al hígado encontrarla en las condiciones actuales, imaginen al turista que llega al lugar, luego de ver los panfletos municipales y sabiendo que estamos en un “lugar de oportunidades” como epicentro citadino del noroeste bonaerense y con casi 100 mil almas en su haber.

Dejemos de lado la construcción que bien podría haberse resaltado en base a la vuelta de lo retro. Sin embargo, parece un paseo por uno de esos sitios abandonados a su suerte en un pueblo del lejano oeste, descripto en alguna de las obras de Stephen King.

 

Baños mugrientos, puertas rotas y escritas, sectores clausurados, canillas sin manijas, mingitorios y excusados en los cuales seguramente orinaran y evacuaran leyendas de la región que hace ya mucho tiempo nos dejaron.

Para cualquier otro intendente de cualquier lugar que se precie de ser “opción turística”, esta presentación sería un escándalo, pero para Petrecca “resta y sigue”, en un camino que no deja otra alternativa más que el espanto.

Llegar a la terminal de ómnibus de nuestra ciudad  equivale a encontrarse con una derruida infraestructura y baños espeluznantes. Sin un kiosco donde comprar siquiera un chupetín y tampoco un bar para tomarse un café con leche. Algo mínimo, indispensable, digamos “normal” que poseen tantos paradores de pequeños poblados de la vasta Argentina.

Vergüenza ajena por la dejadez de la gestión a la que nadie despabila, vergüenza propia de no tener la ciudad merecida. Vergüenza al fin.

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