Por: Redacción Semanario de Junín
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) había emitido una alerta amarilla para el último día del año pasado por fuertes tormentas, caída de granizo y viento en gran parte de la provincia de Buenos Aires.
El aviso sobre posibles fenómenos con capacidad de daño y riesgo de interrupción momentánea de actividades cotidianas fue hecho temprano yadvertía a numerosas localidades de la provincia, entre ellas, Junín.
Ajeno a estas cuestiones del clima, los dueños de Cuyén invitaron a festejar fin de año en comercio: "Vivamos una noche en paz y controlada, donde reine la buena onda y el respeto, donde no haya violencia y donde todos podamos contribuir para que sea una fiesta. Agradecemos a todos y todas por la confianza de elegirnos para vivir juntos una noche para el recuerdo" postearon en las redes sociales.
Sin tener en cuenta las posibilidades del mal tiempo, la nocturnidad juninense desoyó los buenos deseos, y abusó de la irresponsabilidad y pese a que las autoridades del Gobierno local celebraron que pasó 'sin incidentes', la noche del 31 tuvo varias complicaciones.
La despedida del 2022 en Junín estuvo mezclada con la alegría de los pibes, y algo peor que el mal clima: momentos y situaciones que pudieron haber terminado en hechos que lamentar.

Frente del boliche bailable "Cuyén" en avenida de Circunvalación
Apertura incierta
Pasadas las 3 de la mañana, la falta de previsión, o el que 'me importa' de los organizadores amontonó a los jóvenes en el acceso al boliche de avenida de Circunvalación, que esperaban la apertura anunciada para las dos, para evitar aglomeraciones, pero más de una hora después, las puertas seguían cerradasy sin ninguna explicación.
Las miles de entradas vendidas con anticipación a 2.500 pesos (en puerta costaban 3.500) contó con miles de jóvenes pugnando por entrar hasta que, cansados de esperar, lograron hacerlo vía avalancha, a eso de las 3 y media, es decir una hora y media después. Ahí pasaron chicos, chicas, jóvenes, menores, veteranos, con y sin entradas y ningún control.

La noche descontrolada dentro de Cuyén
Luego de la lluvia que cayó sobre la medianoche en Junín y que hizo que Saint, el otro boliche de exterior de la ciudad, resolviera, con buen tino, no abrir ante una noche que prometía más agua, Cuyén ni se inmutó por el clima, pese a que tiene un sector al que llaman VIP, (una especie de container con un par de sillones como único espacio techado y con poca capacidad) y decidió seguir adelante con su noche, tal como la había planificado.
Sobreventa
La capacidad del boliche, se vio superada, es decir, vendieron ‘lo que pudieron’ y el aforo no fue controlado (varios tickets no fueron cortados ni controlados en la puerta de acceso tal como mostramos en la foto) y la guardia de Control Ciudadano municipal apenas se limitó a ordenar el tránsito vehicular en Circunvalación, para que cruzar la misma no sea una tragedia en medio de la lluvia que, intermitente pero intensamente, regó la ciudad a la medianoche, a las dos, a las tres, hasta que a las cuatro ya lo hizo de manera ininterrumpida, y por más de una hora.

Talón sin cortar la noche del 31 de diciembre
La música que se metía en las habitaciones de las viviendas de los vecinos a dos, tres cuadras del lugar y los reflectores que se mezclaban con el día que amagaba aparecer entre nubarrones, disimulaban los botellazos de unos pocos desaforados, que los tiraban hacia arriba, como si fuera la partida del Sputnik de apuro hacia la luna. Por suerte, tras el regreso del espacio, no encontró ninguna cabeza en su caída.
A nadie le llamó la atención. Ni siquiera a los conocidos empresarios de la noche, que sonreían por el espectáculo ‘de pasión’ de los pibes bajo el agua (seguro también por las ganancias que los mismos habían dejado por festejar).
Esos mismos empresarios fueron los que enviaron mensajes intimidatorios a SEMANARIO por la nota que apareció en la web tras las denuncias que nos hicieran llegar los vecinos del lugar que asistieron impávidos al descontrol nocturno y la peligrosidad que entrañaba.Lamentablemente, que empresarios sin responsabilidad social que siguen creyendo que la inversión les da chapa para caminar fuera de lo reglamentario.
Lo cierto es que recién después de las cinco y aún bajo la lluvia, algunos jóvenes decidieron dejar el Cuyén y regresar a descansar. Cansados, mojados y viendo la ausencia de policía, al menos en las adyacencias, pese a que se dijo en más de una ocasión, que habría ‘corredores seguros’. ¿Adónde habrán estado?
Más interrogantes
Ya con el día despierto, el resto del público –semidormido- comenzó a partir, despidiendo el 2022. Mientras ellos se retiraban, empezaron a aparecer decenas de preguntas:
¿Por qué la capacidad no se controló? ¿Por qué un boliche que está preparado para una movida al exterior, sigue funcionando bajo estas peligrosas condiciones climáticas?
¿Por qué las puertas se abrieron tan tarde? ¿Por qué a nadie le importa que esta anormalidad parezca normal?
¿Por qué algunos padres permitieron que sus hijos menores de 18 años, -15, 16 años- fueran al lugar y los encargados del control, los dejaran pasar?
¿Por qué no les devolvieron el valor de la entrada a los pocos que reclamaron y se fueron sin poder ingresar?
¿Por qué no les importa la diversión segura, a los que van a divertirse? ¿Por qué estos lugares venden alcohol en botellas de vidrio, que sirven para que los inadaptados las usen como proyectiles?
¿Por qué no les importa la vida de los demás a los dueños de estos lugares y por qué no les importa controlar a las autoridades, que deben hacerlo y evitar que pasen estas situaciones?
¿Por qué llamamos a las tragedias que podemos evitar?