domingo 5 de abril de 2026

LOCALES | 28 ago. 2023

NOTA DE TAPA

¿Volver a los ’90?

El domingo 13 de agosto, seis de cada diez juninenses que fueron a votar eligieron candidatos que promueven el achicamiento del Estado y un recorte de derechos en un distrito donde los trabajadores estatales son mayoría. Sin embargo, lo que parece algo novedoso, no es más que una repetición del fracaso del menemismo, donde nuestra ciudad tuvo una fuerte precarización y abrupta caída del empleo, el consumo y la obra pública.


Por: Redacción Semanario de Junín

NOTA DE TAPA PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 371 DE SEMANARIO DE JUNÍN. CORRESPONDE A LA SEMANA DEL 19 AL 25 DE AGOSTO DE 2023

Los resultados electorales del domingo 13 de agosto en Junín plantean un escenario singular de cara al futuro del distrito, si se tiene en cuenta lo acontecido con las políticas neoliberales que desde hace más de 30 años reaparecieron en el país de la mano de Carlos Menem.

En lo que respecta a los votos para Presidente de la Nación, Juntos por el Cambio, con la sumatoria de Horacio Rodriguez Larreta (19,3%) y Patricia Bullrich (16,8%) obtuvo un 36% de adhesiones en tanto que Javier Milei consiguió un 26% y en conjunto logran un 62% de los sufragios.

Estos candidatos poseen puntos en común que se relacionan precisamente con el brusco achicamiento del Estado, un ámbito que en Junín es un fuerte componente de la economía regional debido a que, como cabecera de partido, posee organismos públicos que atienden las demandas de una amplia región, más allá de tener un hospital interzonal, universidad pública y escuelas e institutos terciarios que dependen del gobierno nacional y/o provincial.

Aunque sea una obviedad advertirlo, estos organismos funcionan con trabajadores locales, que perciben salarios estatales que, justamente los candidatos que lograron reunir el 60% de los votos, proponen recortar.

Se trata de empleados que realizan compras en comercios locales, que adquieren productos y servicios en empresas de Junín y la región y lógicamente mueven la rueda de la economía doméstica ya que no hay grandes industrias generadoras de trabajo y, el campo, debido a la matriz agropecuaria, dejó de ser un generador de empleo directo, enmarañado en arrendamientos y commodities.

RECORDANDO A ZINN

La intempestiva llegada de Milei a los escenarios políticos puede causar alguna sorpresa por las formas, sin embargo no es más que una repetición de la historia con propuestas burdas que ya fracasaron.

Ricardo Mansueto Zinn (1926-1995), contador público, ejecutivo de empresas (Sasetru, SocMa, Siam-DiTella), banquero y consultor económico fue funcionario de las presidencias de Onganía, Levingston , Lanusse y Martínez de Perón (Secretario de Programación y Coordinación Económica) y unos de los promotores de las políticas económicas de Martínez de Hoz durante la el sangriento gobierno de facto de Videla y compañía.

A pesar de su escasa producción intelectual, Zinn obtuvo el reconocimiento de amplios sectores de poder, no sólo por sus conexiones (empresariales y políticas), sino también por sus ideas, publicadas a pocos meses de comenzada la dictadura de 1976 en el libro “La Segunda fundación de la República”.

El libro se convirtió en una suerte de best-seller, al menos entre los sectores cercanos al Proceso, y sus ideas son una síntesis perfecta de la ideología liberal conservadora que imperó durante el Proceso dictatorial.

El volumen, que se divide en seis partes, se abre con un título llamativo: “sesenta años de decadencia” porque, para el autor, la Argentina de 1976 se encuentra al final de un proceso entrópico que habría comenzado con la Ley Sáenz Peña y la llegada del ‘populismo radical’ a la primera magistratura”, lo cual da muestra de que los diagnósticos se vienen repitiendo pero las soluciones no llegan a pesar de los ciclos neoliberales que dejan a la mayoría del pueblo cada vez más pobre.

A LAS PRUEBAS

Al asumir el gobierno en 1989, Menem comenzó la puesta en práctica de un conjunto de políticas que significaron un cambio enorme para la Argentina, tanto a nivel económico, como político y social. El mecanismo propicio para estos cambios fue la reforma legislativa, tanto a través de leyes como de decretos del Poder Ejecutivo. Sin duda, esta ofensiva fue la continuación y la consolidación de políticas de gobierno que en la Argentina comenzaron a implementarse a partir de la última dictadura militar. Estas reformas fueron de corte netamente liberal y tuvieron como objetivo general terminar definitivamente con el modelo nacional-distribucionista instaurado en el país desde la década del cuarenta.

Menem, llegó en 1989, “si decía lo que iba a hacer, no me votaba nadie”. Implementó políticas liberales que destruyó la economía del país.

De esta forma en Junín, al igual que en el resto del país el achicamiento implicó el cierre de los talleres ferroviarios el final del transporte de pasajeros viarios, desmantelamiento de estaciones y un feroz achicamiento en las dependencias del Estado con el traspaso de la educación al sistema provincial.

Fue el fin también del Hospital de niños “San José”, la muerte del policlínico ferroviario Eva Perón”, construido en 1949 y el abandono de edificios emblemáticos, ya que hasta la misma tarea social de las instituciones señeras, terminó banalizándose.

Ese recorte de salarios, la pérdida del poder adquisitivo, repercutieron no solamente en el bolsillo de los trabajadores y trabajadores, sino en todos los sectores del consumo y los servicios.

El parangón es muy claro con la sequía acuciante de nuestros días, donde las magras cosechas afectan a proveedores del sector agrario.

Hospital San José, la ola privatizadora destruyó las fuentes laborales

MENTIRAS DE PATAS CORTAS

En los finales del siglo XX y con a pesar de las declamaciones sobre educación y salud, no fueron construidas nuevas escuelas, sólo se lograron mejoras o algún edificio de las ya instaladas. Pensar en un complejo como el Nacional y Normal, resultaría hoy digno de los países de avanzada que el liberalismo pone como ejemplo, pero nunca concretarían.

Los ’90 fueron años en los que rápidamente se concesionaron las rutas terrestres y con la misma velocidad se instalaron los peajes en Saforcada y Agustín Roca, para que las empresas privadas “pudieran solventar las mejoras y las carreteras se transformaran en sendas autopistas que llevaran las mercaderías a puerto”.

El fracaso de estas concesionarias fue rotundo. Cada quien se dará cuenta de que el avance generado por las privadas fue nulo. Del mismo modo lo hicieron con la red ferroviaria, mientras se otorgaban las concesiones pensando en el reverdecimiento del ferrocarril, la historia mostraría que usufructuaron para el transporte de carga todo lo que había montado, no hicieron inversiones, no cumplieron las promesas y después de 30 años un gobierno se terminó haciendo cargo de las cenizas, al tiempo que un viaje en tren en 2023 tarda más de lo que lo hacía en 1974 y en el medio hubo más de 15 años de gobiernos liberales.

Policlínico Ferroviario, sufrió la mano del “liberalismo”, también dejó gente sin trabajo

EL MUNDO DEL TRABAJO

Como corolario de la llegada de gobiernos que dicen promover la “libertad” se vieron afectadas las relaciones laborales, bajo los mismos argumentos que se escuchan hoy día.

El déficit fiscal del Estado argentino, acrecentado enormemente a partir de fines de la década del setenta, debía dar lugar a una reducción del gasto público para, de esa manera, transferir al exterior –en concepto de pago de la deuda externa– el dinero acumulado.

Para esto el Estado debía achicarse y "racionalizarse". Con este propósito se llevaron a cabo dos grandes medidas, una fue la privatización de la gran mayoría del activo público, consistente principalmente en empresas del Estado, y la otra fue el achicamiento de la administración pública nacional, hasta ese momento considerado “elefantiásico”, deficitario y corrupto.

La reforma laboral fue la reducción de lo que se dio en llamar "el costo argentino". Con esto nos referimos al costo fijo de la mano de obra en Argentina.

Los gobiernos de la dictadura y el menemismo buscaron, por medio de la reforma legislativa en materia laboral, hacer de la fuerza de trabajo un capital realmente variable y adaptable a la demanda del empleador. De esta manera –se razonó– la reducción del gasto en mano de obra redundaría en un incremento de la inversión y, consecuentemente, en un aumento de empleo. El resultado real fue completamente lo contrario

Pero el principal suceso legislativo en materia laboral fue la sanción de la Ley Nacional de Empleo 24.013 en noviembre de 1991. Con esta ley, por medio de la contratación temporaria y la reducción de las cargas sociales, el gobierno buscaba mayor inversión y empleo. Sin embargo, en los hechos, el resultado evidente fue la profundización de la inestabilidad laboral.

Sin trabajo y sin estudio, claramente la pobreza se acrecienta, pero más aún la inseguridad.

El sector privado, en aquellos tiempos subsidiado por el complejo agropecuario, no sirvió a lo que esperaba el gobierno menemista y como ocurrió con el crédito del FMI tomado por el macrismo recientemente, nada se trasladó a obras y servicios en beneficio de la los habitantes de la Nación.

Volver a los ’90, implica volver al atraso y la exclusión, sin olvidar los padecimientos actuales  que son muchos e inaceptables, pero justamente el recorte y la privatización fueron el germen para llegar a esta situación y no al contrario.

Desmantelamientos de los Talleres Ferroviarios de Junín en los años ´90
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