martes 21 de mayo de 2024

CULTURA | 30 oct 2023

LITERATURA

La novela policial premiada en el 'Rody Moirón' sigue cosechando elogios

La obra fue premiada en el certamen Rody Moirón, de Junín, por un jurado que destacó la intertexualidad y una "trama orgánica, ingeniosa, audaz y sorprendente"


El plan Asja Lacis de Hernando Quagliardi es una novela corta, con mucho condimento, intertextos y giros inesperados, los primeros capítulos invitan a ser leídos con tranquilidad, de a poco la trama se va complicando y finalmente explota en la imposibilidad de despegarse de la lectura para llegar al final.

Hernando Quagliardi es abogado y escritor, ganador de varios certámenes literarios, con menciones en otros tantos. En agosto de este año ganó el VI certamen Rody Moirón de la ciudad de Junín. En el dictamen final, los miembros del jurado mencionan en su decisión de premiar El plan Asja Lacis la “eficaz construcción de personajes y una trama orgánica, ingeniosa, audaz y sorprendente” y menciona una particularidad en esta novela, “la intertextualidad, desde Benjamin hasta Piglia, contribuyen a la arquitectura de una novela atrapante, que se apoya pero no repite la tradición narrativa de la que es parte”. El autor agradece este dictamen y menciona que en “los concursos literarios hay una especie de incertidumbre. Que haya un dictamen fundado y que de alguna manera tenga una crítica de la obra, si coincide con lo que uno entendió, quiso transmitir o narrar me parece que es muy bueno”.

El plan podría inscribirse en la novela policial argentina, el autor la encuadra cercana a “la norteamericana del siglo 20, pero es como se fue desarrollando en Latinoamérica. Roberto Bolaños, Ricardo Piglia, tipos que han encontrado en el formato de la novela policial condiciones de posibilidad de narrar otra historias”.

La novela está narrada en primera persona, el narrador es un escritor que busca desesperadamente una historia tras haber ganado un concurso literario. Al quedar estancado en una novela inconclusa es tentado por un librero para que convenza a un hombre mayor de entregar un libro de colección. Ahí comienza la trama, cuando el escritor decide vivir la aventura en vez de escribirla. En términos de Quagliardi, el personaje decide “hacer (su escritura) más vívida que teórica, y ahí hay una cosa muy interesante, todo se encierra a través de la figura de un libro, el que no pudo escribir, el que es de colección y se está buscando, el libro leído por el narrador/escritor Calle de mano única de Walter Benjamin, un diario de escritura asociado los sucesos de esa incursión y otro libro que es el diario de Moscú donde Benjamin relata su amor hacia Asja Lacis. El libro es un motor importante de todos los personajes, en su valor de uso y de cambio. El desencuentro de la historia real, el fracaso de una pérdida del narrador, la marginalidad que busca alguna ventaja, una búsqueda desesperada que alivie ese presente, un premio, algo que los saque del encierro” son tópicos que recorren la novela.

La intertextualidad de El Plan está muy cuidadosamente integrada a la novela y genera la posibilidad de encontrar distintas capas de sentido “en las cuales uno puede o no acceder, entrar en ese juego. Proponer un juego, proponer otros textos es llevar al lector, si le interesó esta historia de amor entre Benjamin y Lacis, a leerlo. De alguna forma soy un dealer de citas para poder promover ciertas lecturas que a uno le gustan. Es deliberado, uno piensa en eso, es una construcción, quizás es un procedimiento cómodo y la pereza intelectual o la incapacidad de llevar la trama adelante lo lleva a caminar caminos que han sido abiertos”, detalla el autor.

Sobre los procesos de escritura, Quagliardi explica que se escribe “siempre, dónde y cuándo puede. Uno siempre está escribiendo o esta imaginando una escritura, hay una voz que siempre está buscando en las cosas cotidianas escrituras, en el diario de otros escritores, en algún apunte, algún hilo del cual tirar para crear, inventar una historia”. Le atribuye importancia a escribir contratapas en este diario, porque propone una cierta gimnasia y le permite conocer a lectores y lectoras reales. Es un lugar que forma parte de la vida diaria, señala que las colaboraciones son el momento en que “uno pone todo en la parrilla, y el escritor que es un utópico para pensar que hay lectores desde el otro lado. Eso se hacer realidad desde la contratapa del Rosario12”, Hernando se siente privilegiado y agradecido por el apoyo recibido desde allí.

El autor de El Plan escribió poesía en verso libre, luego pasó al cuento y finalmente llegó a la novela corta. Quagliardi rescata de todas las formas de escribir el sentido musical presente, en la existencia de un ritmo en la construcción de un párrafo, “hay una voz que siempre está en la cabeza y marca ciertos periodos musicales. Por eso me gusta leer en voz alta, si la melodía imaginada cuando uno va escribiendo no está, la cosa no funciona. La voz es una forma de registro, cada escritor tiene una prosa que es musical, y se puede identificar, uno escucha en su cabeza si está leyendo a Onetti con sus períodos largo o a Rulfo con su prosa más punzante”, si hablamos de su novela el autor menciona que el escenario elegido, “la provincia de Buenos Aires tiene lo suyo, una llanura, un pasaje lento de milonga, un rasguido, hay toda una cosa que se pega al momento de proponer una escritura… Salvo el final, creo que esa morosidad tiene la forma de llevar la cosa. El relato oral de cómo el paisano cuenta sus cuentos”.

El escritor menciona las dificultades de escribir una novela y el respeto que le tiene al género porque implica “llevar una trama, gobernar una docena de personajes durante 200 o 300 páginas. Considero que es algo monumental, difícil de concretar. Hoy lo fragmentario está más a mano, la novela más fragmentada, concisa y de ritmo más lento es en la que mejor hoy me ubico. Esta es una novela muy entrañable, querible, de mucha intimidad, de mucha necesidad que fuera publicada. No fue escrita ahora, ha tenido un derrotero, casi como cumpliendo el sueño del narrador del libro de ganar un concurso”. Quagliardi no puede dejar de hacer una mención a quien fue su primer lector de esta novela, Roberto Ferro, quien falleció recientemente: “Su ausencia y la publicación del libro coinciden”.

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