Por: Semanario
Que “el que habla de suicidarse nunca lo hace”, que “la mayoría de los suicidios son imprevisibles”, que “si no lo logra seguirá intentándolo” y que “solo son suicidas las personas con desórdenes mentales” son todos mitos que confunden y estigmatizan un cuadro que constituye un grave problema de salud pública.
En realidad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las personas que expresan su voluntad de suicidarse pueden estar pidiendo ayuda y no están completamente decididas a morir, sino que experimentan sentimientos ambivalentes, y pueden caer en ese riesgo por una profunda tristeza, no necesariamente por una patología mental. Hablar abiertamente puede ayudarlas a contemplar otras opciones o repensar su decisión, afirman los especialistas.
“A pesar de que se considera un fenómeno multifactorial, cada suicidio tiene motivos singulares; hay una historia subjetiva y contingencias reales detrás de cada sujeto”, -dijo a SEMANARIO Maximiliano Longo, médico especialista en Psiquiatría.
Es el drama más silencioso, del que nadie quiere hablar. El suicidio es un grave problema de salud pública. Anualmente, 800 mil personas se quitan la vida: una muerte cada 40 segundos, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Hay más muertos por suicidios que por homicidios, guerras o catástrofes naturales. ¿Hay algo que pueda empeorar este panorama? Sí. En adolescentes y jóvenes de hasta 30 años el suicidio es la segunda causa de muerte. Que los números sean epidemiológicamente gravísimos y que sin embargo se hable tan poco del tema confirma que el suicidio sigue siendo un tabú que aun hoy se oculta no solo por el dolor que causa en las familias sino muchas veces por las ideas de culpabilidad y vergüenza que circulan en los deudos.
El informe “Situación de la salud de los y las adolescentes en Argentina”, elaborado por el Ministerio de Salud de la Nación y Unicef, revela que desde los 90 hasta la actualidad la tasa de suicidios en jóvenes se triplicó en el país (pasó de 2,5 por cada 100 mil habitantes a 7,4 cada 100 mil).
Los números sacuden y estremecen. Más aún, cuando casos resonantes llegan a los medios y a la conversación social. Pero es la propia OMS la que también ha asegurado en sus informes que "intervenciones efectivas y basadas en evidencia pueden ser implementadas en la población, subpoblación y a niveles individuales para prevenir el suicidio y los intentos de suicidio".
Por eso, vale la pena hacerse algunas preguntas: ¿Qué podemos hacer frente a este fenómeno? ¿Cómo ayudar a quien está pasando por un momento de angustia y tristeza que le impide ver y abrazar su propósito vital? ¿Cuáles son las señales de alerta que presenta alguien frente a esta situación?
“El suicidio es el acto por el cual un individuo decide poner fin a su vida de forma intencional. Es un grave problema de salud pública. Para que las respuestas sean eficaces se requiere una estrategia de prevención del suicidio multisectorial e integral”, asegura Maximiliano Longo (foto), especialista en Psiquiatría consultado por SEMANARIO.

-¿Qué podemos hacer frente a este fenómeno?
-El suicidio es un problema complejo y, consiguientemente, las actividades de prevención exigen la coordinación y colaboración de múltiples sectores de la sociedad, incluidos los de salud, educación, trabajo, agricultura, comercio, justicia, derecho, defensa, política y medios de comunicación. Esas actividades deben ser amplias e integradas, dado que ningún enfoque individual por separado puede tener efecto en una cuestión tan compleja como el suicidio.
-¿Se puede prevenir un suicidio?
-Existen algunas medidas que se pueden adoptar entre la población, los grupos y las personas para prevenir el suicidio y los intentos de cometerlo. Esas medidas incluyen: Restricción del acceso a los medios de suicidio (por ejemplo, plaguicidas, armas de fuego y ciertos medicamentos); información responsable por parte de los medios de comunicación; introducción de políticas orientadas a reducir el consumo nocivo de alcohol; identificación temprana, tratamiento y atención de personas con problemas de salud mental y abuso de sustancias, dolores crónicos y trastorno emocional agudo; capacitación de personal sanitario no especializado, en la evaluación y gestión de conductas suicidas; seguimiento de la atención dispensada a personas que intentaron suicidarse y prestación de apoyo comunitario.
-¿Qué tipo de trastornos hay detrás de los casos de suicidio?
-Muchas pueden ser las causas que motiven tal acción, sin embargo, las más comunes pueden ser desesperación (impulsada por el padecimiento de alguna enfermedad física grave), trastornos mentales (depresión, bipolaridad, esquizofrenia, etc.); alcoholismo o el abuso en el consumo de ciertas sustancias. De igual manera, existen otros factores que pueden influir en tal decisión, estos pueden ser problemas financieros o problemas personales.
-¿Qué es la depresión y qué relación tiene con el suicidio?
-La depresión es un trastorno emocional que causa un sentimiento de tristeza constante y una pérdida de interés en realizar diferentes actividades. La depresión está relacionada con más del 50% de las tentativas de suicidio.
Si bien el vínculo entre el suicidio y los trastornos mentales (en particular los trastornos relacionados con la depresión y el consumo de alcohol) está bien documentado en los países de altos ingresos, muchos suicidios se producen impulsivamente en momentos de crisis que menoscaban la capacidad para afrontar las tensiones de la vida, tales como los problemas financieros, las rupturas de relaciones o los dolores y enfermedades crónicos.
Las tasas de suicidio también son elevadas entre los grupos vulnerables objeto de discriminación, por ejemplo, los refugiados y migrantes; las comunidades indígenas y los reclusos, entre otros.
-¿Es un fenómeno multicausal o es el resultado de un sólo hecho?
-A pesar de que se considera multifactorial, cada suicidio tiene motivos singulares. Hay una historia subjetiva y contingencias reales detrás de cada sujeto.
-¿Cuáles serían los cambios o conductas a observar en el caso de un paciente?
-La conducta suicida incluye suicidio consumado, que es el acto autolesivo intencionado con resultado de muerte; intento de suicidio, que es el acto autolesivo con intención de provocar la muerte, pero que finalmente no resulta mortal. Un intento de suicidio puede dar lugar a lesiones, pero no necesariamente llevar a la muerte.
-¿Se puede hablar de “estigmas” cuando una persona no busca ayuda?
-Hay dos tendencias en el intento suicida: una que impulsa al individuo a autodañarse o autodestruirse, y otra que lo impulsa a buscar que otros seres humanos muestren preocupación por él. Esto conduce a pensar que no todos los actos de modalidad impulsiva conducen exclusivamente a la muerte.
El instinto más fuerte en los seres humanos es el de supervivencia y el suicida va en contra él. Por ello se le estigmatiza. Acá hay un punto muy importante donde las políticas públicas deberían reforzar la búsqueda, la manera de captar y realizar el abordaje de esos sujetos (pacientes) que de alguna manera son estigmatizados, y están vulnerables ante la situación que atraviesan.
Debemos, a través de múltiples abordajes, hablar, poner en palabra esos síntomas que nos conllevan a lo más profundo de nuestras emociones.
-Algunos expertos dicen que algo que sirve como predictor del suicidio es el nivel de desesperanza. ¿Coincide?
-Nada es tan fácil, en este tema, y menos coincidir; con el abordaje de expertos, ya que considero que depende de la formación, la corriente pedagógica, la experiencia, el momento y el lugar. El Dr. Carlos Martínez refiere que "uno de los disparadores del suicidio es la ruptura de los lazos sociales, el aislamiento y las situaciones de desesperanza, esto como generalidades, porque después cada suicidio tiene motivos singulares".
En mi consideración, la desesperanza habla de un sujeto que no tiene nada más que esperar, no se futuriza el tiempo, y esto resulta para el psiquismo devastador.
-¿Cómo ayudar a quien está pasando por un momento de angustia y tristeza que le impide ver y abrazar su propósito vital?
-Profesionalmente, se intenta objetivar a través de varias intervenciones, y sobre todo estar atento a la subjetividad de la persona. Cada caso tiene intervenciones singulares y/o familiares. Hay que tener presente que toda modalidad ligada a un acto son formas no elaboradas de la angustia, y estas no se manifiestan por la vía del significante, de la palabra, sino que aparecen bajo la modalidad de una acción. Ningún ser humano está inmunizado ante el fracaso emocional.
- ¿Existe evidencia para sugerir que algunas formas de cobertura periodística del suicidio están asociadas con un exceso en casos estadísticamente significativo?
-No tengo presente ese dato específicamente, pero sí puedo aportar que los medios de comunicación, el recorte de la información, la subjetividad de quien elabora la noticia, puede generar impacto en lo social. Como dije antes, los medios masivos de comunicación pueden ser un buen recurso para favorecer la conciencia social en la responsabilidad de la Salud Mental.

EL TEXTO ORIGINAL FUE PUBLICADO EL SÁBADO 16 DE JUNIO 2018 EN NUESTRA EDICIÓN IMPRESA