martes 20 de febrero de 2024

CULTURA | 4 feb 2024

BRILLANTE TRAYECTORIA

Alberto Mancione, con el bandoneón en el alma

La orquesta de Alberto Mancione se presentó en una sola ocasión en Junín. Fue el 8 de enero de 1955 en el Club Social y Deportivo Villa Talleres (Primera Junta y Siria), con sus cantores Héctor Alvarado y Jorge Ledesma.


Por: Ismael A. Canaparo

Alberto Mancione (8 de octubre de 1915 – 4 de julio de 1998), cuyo nombre real era Genaro Tórtora, fue un bandoneonista, compositor y director, dedicado al género del tango. Con su propia orquesta actuó en Radio El Mundo durante 16 años, como artista exclusivo, además de actuar en cabarés, salones de baile y otros locales.

Néstor Pinsón. investigador de la historia de la música argentina, centrada en el tango, escribió una entrevista que le hizo a Mancione para Todotango .com, en la que dejó que el bandoneonista tocara diversos puntos de su larga trayectoria:

“Mire, yo no dejé nunca la música. Hace menos de un mes terminé la temporada en El Farolito. La decadencia para el tango ya se notó firme por 1965, porque hasta un par de años antes estuve en Radio El Mundo, hice giras y después hubo que achicarse, las orquestas grandes no se podían mantener. Formé un cuarteto en 1968, para varias presentaciones, por los alrededores de la Capital y, cuando regresé para los carnavales, Argentino Ledesma me propuso acompañarlo. Hicimos veintitrés shows en esos meses, después cada uno a lo suyo”.

“En realidad estudié poco, lo mío fue pura intuición. A los quince años ya andaba dando vueltas con el bandoneón. Claro que para vivir no daba y tuve varios empleos. Uno de ellos fue transportar y descargar carne en las carnicerías, teníamos un recorrido fijo. Yo siempre fui robusto y me cargué al hombro una gran cantidad de medias reses. Mi primer trabajo como músico fue en 1934 con José Figueroa y su trío, quien también era fueyero. No tocaban solamente tangos, hacían chacareras y otras cosas. Tenía compromisos para hacer una gira y también, para presentarse en Radio Mitre, entonces me llamó para que le formara un sexteto”.

“Después estuve en la orquesta de Armando Baliotti, un tiempo con Roberto Firpo —cuando con él estaban Cayetano Puglisi, Carlos García y el cantor era Ignacio Murillo— con José De Caro, unos meses, en una boite de Olivos que se llamaba Las Brujas. También con Donato, cuando hubo un conflicto y se le fueron todos los músicos, pero no llegué a grabar”.

“En 1938 me ofrecen actuar en el Palermo Palace, entonces rápidamente formé un conjunto, lo llamé Típica Armenonville y de cantor me presentaron a un muchacho Carlos Martel, ¿sabe quién era?... Floreal Ruiz. Esta aventura duró lo del contrato, sólo tres meses”.

“En 1939 me asocié con otro bandoneonista, Bernardo Álvarez, y formamos la Orquesta Típica Los Dados Blancos. Sí, es cierto, un nombre raro. Fue una ocurrencia, mandé a confeccionar unas camisas que tuvieran un toque de fantasía y resulta que en el costado izquierdo le bordaron unos dados, de allí nació la idea. Estuvimos actuando unos dos años”.

“Mi representante era Julio César Curi y fue él que me convence. Ya era hora de tener orquesta propia. Así ocurrió y el 25 de abril de 1942, Troilo y yo inauguramos el Tibidabo, estaba en Corrientes 1244. Yo en la sección de la tarde y él a la noche, salvo los sábados que yo hacía todas las funciones, Pichuco tenía bailes, Esa primera orquesta estaba integrada por Mancione, Jorge Gutiérrez, Juan Salomone y Antonio López en bandoneones. Doroteo Guisado, Rodolfo Fernández y Casanovas, en violines, José Cimarro en piano, Pablo Piazza en contrabajo y el cantor era Horacio Torres”.

“Estando en el Tibidabo se me va el cantor Torres. ¿Y a qué no sabe quién viene? Floreal Ruiz, ¡sí señor! Estuvo seis meses hasta que un día me dice: “Mirá Gordo, me llamó De Angelis, es una buena oportunidad”. Le dije que no se preocupara que yo me arreglaría”.

“Tuve buenos músicos: pianistas a José Cimarro, José Orrego, unos meses a Juan José Paz, unos años a Osvaldo Requena, también a José Aguilera, Arnaldo Medialdea e incluso, fue pianista uno de mis bandoneones: Jorge Gutiérrez. Un violinista, un pibe, fue Julio Zeitlin, que luego pasó a tocar la viola. Estudiaba medicina y cuando se recibió abandonó la música. Se hizo de renombre en su profesión”.

“Si tengo que elegir un colega de instrumento no tengo duda, Troilo. Habrá quienes fueron superiores técnicamente... ¡pero lo que metía el Gordo! ¡El corazón metía!... Para mí fue el preferido. Hacía dos notitas y nos dejaba locos”.

“Vea, mi forma de ensayar era separando en grupos, los bandoneones por un lado, las cuerdas por otro y el piano y el contrabajo en otro lado. Le metíamos tres horas por día y cuando, más o menos, ya teníamos el tema, recién lo tocábamos en el cabaret o en los bailes. Cuando lo sabíamos de memoria iba a la radio y luego estaba listo para grabar”.

“Mi caballito de batalla fue “Ventarrón”, el arreglo es mío. Hoy mismo me lo piden una o dos veces. “El cencerro” lo arregló Vallejos pero la variación es mía y algo hice en la armonización. “El refrán” tiene arreglo de su autor: Roberto Pepe. “Lágrimas” lo hizo Vallejos. En “La cumparsita”, puse algunas cosas, el pizzicato de las cuerdas, también las campanitas con el piano y las variaciones”.

“Sí, “Astorpia” es raro... ¿no? Me lo trajo su autor. Un amigo mío, Varela Nusotti, hincha de Piazzolla. Yo creo que la instrumentación con la que ya vino el tango fue del mismo Astor. Yo le metí goma, no porque estuviera mal, sino porque no se avenía a mi estilo. Igual no llegó a convencerme. La mía es la única versión grabada”.

“¿No le gustó “Te aconsejo que me olvides”?... Sí puede ser. Fiorentino no estaba bien. Le cuento. Él estaba en Mar del Plata y lo llamé para que viniera a grabar, arreglamos el día y resulta que llega tarde al aeropuerto y pierde el avión. Pero ese vuelo fue trágico porque se cayó. Ahí nomás, en el pueblo de Cobos. Sólo se salvó una nenita. Llegó al otro día, pero muy impresionado y eso en la grabación se nota”.

“A Fiore me lo trajo Curi, fue en marzo del 50 y tuvimos éxito. Cantaba en la orquesta, pero en los bailes se ponía de solista, porque el público se lo pedía, tenía que hacer entre cuatro o seis temas y a nosotros nos convenía. Una noche me halagó, bajó eufórico del escenario: “Gordo, nadie me acompañó como vos...” Dejate de embromar, ¿y Troilo y Basso y Piazzolla? “Lo que quieras... ¡pero ninguno como vos!” Tenía conmigo dos años de contrato, pero al cumplirse el primero se disculpó. Le habían prometido una gira importante por Centroamérica y él quería comprar una casa para que sus pibes tuvieran una seguridad. Al final, la gira no se realizó y quedó en banda. El país lo recorrí casi todo. Salí poco al exterior. Estuve en el Uruguay y, en 1956, en Chile, nada más”.

Esta entrevista se realizó en su departamento de la calle Bartolomé Mitre 4370, 2º J, el día 24 de enero de 1991. Con motivo de esta nota, realizada en octubre de 2003, solicité la opinión, el recuerdo de Osvaldo Requena: “Yo estuve con él unos tres años desde 1955 o 56. No fui exclusivo de su orquesta, sí tenía prioridad cuando él me necesitaba y yo estaba libre. Fue muy buena persona, de carácter bonachón, para nada impulsivo, y esta fue la causa que quedara un poco relegado cuando tuvo su buen momento. La orquesta sonaba muy bien. Curi era el representante, pero Mancione iba de segunda, primero arreglaba para Juan D'Arienzo y después lo metía a él, pudo llegar a más”.

“Su estilo era una derivación de Troilo, mejor de Orlando Goñi, pues al piano le indicaba que tocara con la mano izquierda ligado —como hacía Goñi—, mientras los bandoneones tocaban stacatto cuando se marcaba el cuatro. Y la música salía fluída, muy ágil, un sonido muy claro. También se apoyaba mucho en el primer violín que marcaba las ligaduras, las expresiones. Era de corregir los arreglos que le llegaban, “Ventarrón” es suyo y tiene gran creatividad. Esto es admirable porque no tenía estudio y es muy difícil arreglar a pura intuición. Su “La cumparsita” fue considerada en Japón la mejor versión de todas. En los bailes se equivocaba mucho, como sí no le diera bola, estaba en otra cosa, ahora para la radio y las grabaciones era perfecto, no se le escapaba una”.

“¿Querés una anécdota? Fue la única vez que al Gordo lo vi loco de bronca. Tocamos en un lugar difícil del sur, atrás de Valentín Alsina. El cantor era Jorge Miró, al que llamaban Ojitos, porque se los hacía a todas las mujeres, en cualquier parte, estuvieran solas o no. Mientras cantaba durante esa actuación, le hacía “ojitos” a una chica. De pronto aparece su compañero, un grandote, que se acercó al palco con un martillo en la mano. El cantor no se dio cuenta cuando se lo reventó en un pié. No le pegó más arriba porque el palco era alto. Se acabó la canción se armó un lío bárbaro y la bronca del Gordo”.

La obra autoral de Alberto Mancione no es muy extensa: Con letra de Ángel Di Rosa la milonga “Señores, permiso” y los tangos “Dolor de huella” y “La luna, el cigarrillo y yo”; con Eugenio Majul: “Pobrezas”; con Julio Curi: la milonga “Para el pueblo” y los tangos “Lo que tú llamas amor” y “Yo te condeno a vivir”. Por último, sus instrumentales: “Moderno”, en colaboración con Roberto Vallejos, “Total”, en colaboración con Juan Salomone, “F.F.” dedicado a Francisco Fiorentino y las milongas “Canyengue y tristona” y “Fiel milonga”.

Además de los ya mencionados Horacio Torres, Jorge Miró y Floreal Ruiz, a los que sumamos a José Torres y Carlos Reyes, entre los que no grabaron, pasaron por su orquesta y llegaron al disco: Jorge Ledesma con 18 grabaciones, Héctor Alvarado con 7, Ángel Varela con 4, Francisco Fiorentino con 3 y Luis Correa con una.

 

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