martes 21 de mayo de 2024

CULTURA | 14 may 2024

“EL NEGRO” SIGUE CONMOVIENDO A LA PLATEA

Raúl Lavié, una vida con el tango y la actuación

Fue declarado Ciudadano Ilustre de Rosario en 2006, por el Concejo Deliberante de Rosario, en virtud de tanto empeño por la cultura argentina. En 2011 es declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, distinción de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.


Por: Escribe Ismael Canaparo

Raúl Lavié, apodado “El Negro”, nació en Pérez (Santa Fe), el 22 de agosto de 1937. Raúl Alberto Peralta es su verdadero nombre, cambiado por razones artísticas.

Este gran cantor de tango, además de actor, obtuvo el Premio Konex de Platino 1995, el Premio Konex 2005, presidente del Gran Jurado Premios Konex 2015. A fines de la década del ‘50 debutó en radio El Mundo e ingresó en la orquesta de Héctor Varela. Participó en El Club del Clan. Realizó varias giras por Latinoamérica, Europa y EE.UU. con “Tango Argentino” y cinco viajes a Japón. Cantó y grabó con Ástor Piazzolla. En cine, actuó en más de 20 películas. Protagonizó en teatro: “Martín Fierro”, “Annie”, “Hello Dolly”, “El hombre de la Mancha”, “Zorba” y “Víctor Victoria”. Viajó por EE.UU. junto a Horacio Ferrer. Trabajó en numerosos programas de televisión. Nominado cinco veces para el Premio Tony en Broadway. Recibió los premios: “Estrella de Mar”, “Martín Fierro”, “Carlos Gardel” y “ACE de Oro”. Visitante ilustre de Los Ángeles, Tokio, Buenos Aires, Mar del Plata y Bariloche. Ciudadano Ilustre de Rosario. Grabó más de 10 CDs, siendo el último, “Las mujeres de Lavié”.

He aquí una importante nota que publicó el diario “La Voz del Interior” de Córdoba, a propósito de Raúl Lavié:

“Había una sola radio en mi casa y generalmente no la escuchaba, entonces la música para mí no existía así. En mí no estaba, como en otros chicos, la pretensión de ser artista ni dedicarme a cantar, para nada. A mí me gustaba mucho dibujar”, dice El Negro.

Hasta que un vecino nuevo, fanático de Gardel, le pidió una vez que lo acompañara a un conservatorio cercano a su casa y, como sucede en las películas, el “maestro Serafino” reparó en la voz que tenía este jovencito, aun sin haber cantado. “Me dijo que tenía muy linda voz, y que tendría que estudiar canto. Me pidió la dirección y fue a mi casa, habló con mi abuela y la ‘obligó’ a que me lleve a estudiar canto”.

A todo esto, en el seno de esta familia muy humilde, él estaba obligado a trabajar como cadete desde los 12 años, para aportar económicamente en su casa.

Así fue que comenzó a tomar clases de canto, y una cosa llevó a la otra hasta que fue convocado a cantar en una orquesta tradicional de Álvarez, una localidad cercana a Rosario.

“Y ahí comenzó esto, que 70 años después lo recuerdo realmente con mucha simpatía, con mucha ternura. Eran épocas que yo consideraba inclusive como un juego, para mí divertido, pero además porque obtenía un dinerillo: ellos me pagaban fenómeno para lo que estaba ganando”, rememora.

En 1955, ya con 17 años, consiguió ir a dar una prueba a Radio El Mundo, por entonces dirigida por Antonio Carrizo. En aquella época, todas las radios importantes tenían orquestas estables de 20 y 30 músicos, y auditorios donde ofrecían los conciertos. “Doy la prueba en Radio El Mundo, y cuando terminó ya tenía el contrato para ser firmado, con una exorbitante suma, que para mí era un sueño”.

A finales de ese año, ya con 18 abriles, debutó en esa radio con su propio programa y un agregado clave: Carrizo, y el director de la orquesta estable, Víctor Luchino, lo bautizaron como Lavié (su apellido era Peralta).

Luego llegaron El Club del Clan, las obras de teatro y comedia musical, su relación con Astor Piazzolla y tantas cosas más, en una carrera que sigue activa.

–Hoy, ¿qué es lo que te da el escenario?

–Mirá… yo me acuerdo mucho de la China Zorilla, que yo hice la voz de Dios en Adán y Eva. Yo la veía llegar al teatro cansada, caminando despacito… claro, ya tenía una edad muy avanzada, pero salía al escenario y era una cosa esplendorosa. Eso es lo que produce la escena. Lo mismo pasaba con Tony Bennett, el cual yo lo conocí en los ochenta cuando vino a cantar a Buenos Aires. A los 95 años estaba cantando, ya con Alzheimer, pero la familia, la mujer, y los hijos, le ponían la música de él, y de pronto revivía, se le abrían los ojos así de grandes. Evidentemente, la vida que yo llevo que está relacionada con la música, y con la actuación es generadora de ganas de seguir adelante, de amar cada vez más, tener más respeto por lo que haces y tener más exigencias contigo mismo, para poder subirte al escenario y no fallar, estar perfectamente bien, mental, vocal y físicamente.

–¿Cómo es el espectáculo en el que celebrás tu carrera?

–Consiste en relatar mi vida con la música durante 70 años, en dos horas de duración, con músicos en vivo, un quinteto donde se agrega a mi hijo también, Gastón, que vamos a recordar el trabajo que hicieron con mi otro hijo, Leonardo (N. de la R: fallecido en 2019 a los 54 años) como precursores de la música electrónica en la Argentina. Después traigo también una pareja de baile para dar un espectáculo con movimiento. Y hay una pantalla donde hay parte de mi vida del cine, el teatro, hago algunas cosas de las comedias musicales, y después cuento mi vida desde el comienzo, desde los 14 años que comencé a relacionarme con la música.

–¿De toda la gente que te cruzaste en tu carrera, hubo alguien del cual aprendiste más?

–Bueno, cada uno de ellos me dio su sabiduría como para ir encargando las cosas, pero yo soy muy intuitivo. Yo no hice colegio secundario, pero no me quedé en eso, sino que no lo hice porque no pude: tenía que trabajar. Durante mi niñez, mientras trabajaba, me iba a la biblioteca del colegio y pedía una enciclopedia, El Tesoro de la Juventud, y estudiaba todo lo que las enciclopedias enseñan. Y fui un gran lector de los grandes autores latinoamericanos, europeos y todo eso, y me relacioné con gente inteligente y culta. Todo eso me fue generando un aprendizaje que me permitió no sentirme menoscabado. A todo lo he aprendido ‘de prepo’.

GRAN AMIGO DE ALFONSÍN

“Admiré mucho a Raúl Alfonsín, quien me pidió si podía apoyarlo artísticamente durante su campaña presidencial, algo que acepté inmediatamente. Era un tipo sensacional, me hice muy amigo de él. Cuando salió elegido, me llamaron de un área de Acción Social que quedaba frente a la Plaza de Mayo: “¿En qué lo podemos ayudar?”, me dijeron. Y yo les respondí “en nada”. “¿Usted tiene casa propia?”, me consultaron y les contesté que no porque, realmente, no la tenía. “¿Quiere tenerla?” y volví a decir que “no”. Si aceptaba, todo lo que había hecho no hubiese servido para nada. Si hubiera cobrado por aquello que había hecho por Alfonsín, hubiese sido un mal argentino”. (Raúl Lavié).

DISCOS Y CINE

En el terreno discográfico, Lavié grabó con muy buenos músicos. Además de los registros con las orquestas de Héctor Varela, Héctor Stamponi y Ángel D’Agostino, también lo hizo con el conjunto del guitarrista Cacho Tirao, con la agrupación del bandoneonista Walter Ríos, la orquesta de Osvaldo Piro y la dirigida por el pianista Juan Carlos Cirigliano, su amigo y socio musical.

Entre 1964 y 1989, realizó 17 películas de las cuales se destacan “Un guapo del 900”, dirigida por Lautaro Murúa (1971) y las dos de Leopoldo Torre Nilsson que le valieron ser elegido la revelación cinematográfica del año: “Boquitas pintadas” (1974) y “El Pibe Cabeza” (1975).

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