jueves 4 de junio de 2026

LOCALES | 3 jun. 2024

OPINIÓN

A nueve años de Ni Una Menos

"Fue gracias a este movimiento que entendimos que la violencia y la discriminación que vivíamos en todos los ámbitos donde trascurría nuestra vida eran parte de una realidad compartida. No era un problema nuestro, era un asunto social y político." Según las estadísticas de Argentina, 1 de cada 2 mujeres sufrió violencia de género en algún momento de sus vidas.


Por: Por Agustina Rossi (*)

“No volvés a ser la misma después de asistir a una marcha del movimiento Ni Una Menos. Es un torrente de emociones que te arrastra, que te cambia profundamente”. Así lo definió Ana, de 26 años, una de las miles de mujeres que se vieron impulsadas a las calles aquel 3 de junio de 2015, harta de la violencia que parecía normalizada en la sociedad argentina.

Este relato, parte del libro “Nunca seremos las mismas” (Ediciones LEA, 2022), nos ayuda a comprender mejor la magnitud de los cambios que vivimos las mujeres a nivel personal, pero también las transformaciones sociales que se gestaron a partir de aquella primera marcha. El Ni Una Menos abrió un espacio y nos acercó herramientas para darle cauce a la impotencia que se venía sintiendo frente a la violencia, frente a los femicidios que no dejaban de suceder casi a diario. Nos dio impulso para hablar sobre algo que todas vivíamos como un problema individual (y, por ende, privado y en silencio).

“No se puede volver atrás, nunca más. A mí me maravilló porque es un cambio de paradigma. Sentís que se puede hacer algo, en ese momento vos sentís que sí se puede. Que la que necesita salir de una situación, puede. Siempre y cuando tenga una red que la sostenga. Y en ese momento se está siendo parte de esa red”, expresó Patricia, de 53 años.

Fue gracias a este movimiento que entendimos que la violencia y la discriminación que vivíamos en todos los ámbitos donde trascurría nuestra vida eran parte de una realidad compartida. No era un problema nuestro, era un asunto social y político. Y fue así que nos volvimos protagonistas de grandes cambios respecto de la percepción y el modo de abordar la violencia, la sexualidad y las normas de género. “Todo cambió, todo, todo”, insiste Micaela. “Mi forma de ser, mi forma de ver a las mujeres, de hablar de las mujeres. Todo. Mi forma de pensar, todo para mí cambió. Yo siempre digo que a mí el feminismo me cambió la vida, en ponerse en lugar del otro, de la otra mujer. Todo, todo, todo”.

Anahí lo explica como “algo que hizo clic y me desperté”. Y es ahí donde –como recuerda Maga, de 59 años, también sobre su primera marcha– que una “empieza a escuchar cosas con las que se sentía identificada, o que le sucedieron alguna vez, y decís qué bueno que se esté hablando, que bueno que esto suceda.”

LUCHAR

Según las estadísticas de Argentina, 1 de cada 2 mujeres sufrió violencia de género en algún momento de sus vidas. “Siempre pasó. Antes pasaba pero no se hablaba como un tema”, explica Clara, de 52 años, al reflexionar sobre cómo se abordaba el problema de la violencia de género previo al 2015. Clara tiene muy fresco en la memoria la violencia que vivía su prima hace ya muchos años y la manera en que se hablaba sin hablarse dentro de la familia. Luna, de 21 años, también vivió la violencia en silencio: estando en la escuela secundaria tuvo que armar una barricada en la casa de una amiga cuyo novio las había acosado durante días por teléfono a ambas y terminó por ir a golpearles la puerta mientras gritaba amenazas. “Pusimos muebles en la puerta para que no pudiera entrar, y fue horrible pero nunca más lo volvimos a mencionar”.

AVANZAR

La sociedad, sin duda, también cambió mucho. Fue a partir de ese momento que muchas personas aprendieron sobre conceptos como “patriarcado”, “femicidio” y a ver más claramente las desigualdades de género. Los femicidios y las múltiples formas de violencia que afectan la vida de las mujeres fueron asuntos de gran interés social que se hicieron presentes en los medios de comunicación. Hasta los políticos tuvieron que salir a manifestarse al respecto porque, estuvieran comprometidos realmente o no, entendieron que había un reclamo que gran parte de la sociedad sintió prioritario.

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