Por: Ismael A. Canaparo
Daniel Andrés Pereyra fue uno más de los tantos futbolistas juninenses dotados técnicamente. A sus condiciones naturales le agregaba una enorme personalidad que lo hacía patrón y figura en cualquier cancha. Siempre es bueno retroceder, dar una mirada atrás, en la búsqueda de rescatar a aquellos futbolistas distintos, capaces de emocionar con su juego vistoso y atractivo.
Hijo de Adolfo Pereyra y Florisbella Belmonte, Daniel nació en Junín el 23 de noviembre de 1948, en el seno de un hogar humilde y de trabajo. Se casó con Luján Beatriz González, con quien tuvo dos hijos: Gastón y Sandra.
Recordar su elegancia sería redundante. No sólo aseguraba un buen trato a la pelota, sino que a sus compañeros se la pasaba de tal manera, que no tuvieran que esforzarse demasiado. Por sus características, tenía una gran similitud con Omar “Velorio” Giménez.
Anécdotas para contar hay centenares y uno corre el riesgo de olvidar detalles. Pero con el correr de los años y al tratar de evocar los comienzos de Pereyra, el mundo futbolístico lo sitúa con la casaca de River Plate, simplemente porque vivía a pocas cuadras de la cancha y su padre, tíos y familiares tenían predilección por el club aurinegro. Pero nada más inexacto: Daniel se inició en Jorge Newbery, con 12 años, de la mano de ese genio en inferiores que se llamó Luis Alaniz, pero fichado por un dirigente de su barrio: Luis Puricelli, que vivía en la calle 12 de Octubre, entre General Frías y Carlos Tejedor.
Con la casaca albiazul se coronó campeón en las categorías Sexta “A” y Sexta “B”, junto a compañeros como Aldo Riera, Guillermo Pajoni, Carlos Castelar, Rodolfo Vergara, Mario Faroppa y el Negro Bocaccio, entre otros. Debutó el Primera a los 16 años, en un equipo que dirigía Fortunato Costa y que, entre otros, integraban Juan Carlos Bozzini, Varela, Guiguet, Del Castillo, Pontelli, De Carlo y Yopolo.

En 1969 llegó a River en un trueque: Angel Bontempo y el habiloso Ricardo “Bocha” Alonso pasaron a Newbery y Daniel al aurinegro. “Me hubiese gustado disfrutar aquella memorable campaña del club del Pueblo Nuevo con ocho campeonatos al hilo, además de las hazañas en el Regional y la posterior llegada al Nacional de la AFA, pero no se dio”, comentaba.
Sin embargo, su excelente trayectoria sería recompensada un año después con la camiseta aurinegra, tras ser partícipe del título liguista de 1970, el cuarto en la historia del club, luego de los logrados en 1938, 1958 y 1959. Allí lució con valores de la talla de Mario Porato, Hugo Commisso, Hormiga Fernández, Walter Foschiatti, Edgardo Balvidares, Pipo Fernández, Pichi D´Ambrosio, Néstor Spadari, Néstor Gracia, Cuchillo Pintos, Patito Urquiza, Adolfo Américo, Alberto Miranda, Quilicho Panetta, Bocha Alonso, Miguel Méndez, Ismael Bustos, Alberto Molina, Edgardo Danunzio y Oscar Orsi, todos bajo la conducción técnica de Omar Váldez.
En “La Loba” jugó siete años, hasta qué en 1977, su amigo y compañero Carlos Commisso, otro crack riverplatense, lo invitó a sumarse a Argentino de Rojas. Con la casaca albiceleste, se coronó campeón invicto de esa temporada. El plantel estaba bien dotado, además de Commisso y Pereyra: Speroni, Daletto, Miravet, Edgardo Villar, Carlos Juez, Salas, Güemes, Alvarado y Montegani.
Posteriormente, recaló en Defensa Argentina, ya en 1977/78, donde festejó la conquista del Nocturno con los trapos celestes, en un elenco que dirigían Víctor “Munición” Oyarzábal y Mingo Julio, como DT y PF, respectivamente. Jugaban, entre otros, Battistelli, Solís, Marinello, Signorelli y Martignoni. En la final, Defensa derrotó por penales a B.A.P.
En tren de recordar los últimos pasajes de su carrera, Daniel apuntó sobre la vinculación que tuvo con Matienzo de Alberdi, presidido por un famoso lugareño: Gastón Perkins. Allí jugó con Andrés Guruceaga, José Luis Sosa y Hormiga Fernández, bajo la dirección técnica de un ex Boca Juniors de mitad de la década del ´50: Domingo Natiello.
Después, aterrizó en Ambos Mundos, en un conjunto conducido por Alberto De Tomasso y el Gallego Alcolea como PF, con compañeros como Osvaldo Bogey y el Lagarto Walton, entre otros. Luego, vino un tiempo en Sarmiento amateur, para un Nocturno, junto a Sottile, Garialdi, Bonópera, Corbanini y Pellegrinetti, bajo la batuta del Comisario Rodríguez.
Y llegó el final para Daniel Pereyra, tras fichar por Juventud Unida de General O´Brien, de la Liga Bragadense de Fútbol. Lo recuerda así: “A mi no me gustaba pasar vergüenza y al notar que el físico ya me pasaba facturas, decidí retirarme”.
Y agregó: “Fui entrenador un tiempo en Defensa, pero enseguida renuncié, cuando advertía que los dirigentes se metían en el armado del equipo. Poco después estuve en las divisiones inferiores de Independiente. Recuerdo algunos nombres que luego llegaron a Primera, como los hermanos Matías y Luciano Lobianco, Donatti, Montoya y Babasi. Era un lujo verlos jugar, a partir de la Novena”.
Según su criterio personal, hay cuatro jugadores que lo deslumbraron nítidamente: Omar Atondo, Velorio Giménez, Dionisio Traverso y Walter Foschiatti. “El Alemán era marcador de punta y salía jugando tirando caños, todo un deleite”, se emocionó con el recuerdo, como también por el mejor gol que él considera marcó: “Ocurrió en la cancha de Rivadavia, jugando para Newbery, en un día muy ventoso. Fue muy lindo, al extremo que el árbitro (Polo Cárdenas) vino a felicitarme”.
En los últimos tiempos, viene colaborando con el DT de las inferiores de B.A.P., Jorge “Clavito” Castro, en una tarea que lo apasiona. Al respecto, Daniel tuvo palabras de agradecimiento para los dirigentes ferroviarios, como con el propio Castro. “La oportunidad que me dieron para estar en contacto con los pibes, dignos representantes de nuestro potrero, es impagable. Máxime en el doloroso momento anímico que atravieso (N.R: hace pocos meses falleció su esposa), de manera que estoy muy agradecido”, decía el brillante ex futbolista.