miércoles 7 de octubre de 2026

NACIONALES | 6 nov 2024

TRABAJO NO REMUNERADO

La carga invisible para las mujeres de Latinoamérica

El trabajo no remunerado es un problema persistente en materia de equidad de género que es particularmente significativo en Latinoamérica. Las mujeres enfrentan una carga desproporcionada de las responsabilidades domésticas y de cuidado, y carecen de un reconocimiento y de una compensación adecuada.


Por: Por Claudia Rosas (*)

El trabajo no remunerado es aquel que es realizado sin la retribución de algún salario o ingreso. Los ejemplos más comunes de este tipo de trabajo se pueden encontrar en actividades domésticas y en el cuidado de infantes, personas de la tercera edad o que padece alguna discapacidad. Es crucial tomar en cuenta que este trabajo ha sido tradicionalmente feminizado y socialmente desvalorizado, lo que se traduce en una distribución desigual de las tareas del hogar y de la manutención de sus habitantes.

Las consecuencias de la invisibilización del trabajo no remunerado son diversas, entre las cuales destaca la ampliación de la brecha de género en el mercado laboral, particularmente en el ámbito de la generación de ingresos. En 2022, la Organización Internacional del Trabajo registró que las mujeres en Latinoamérica únicamente percibieron 59% del salario mensual recibido por los hombres. Si bien han existido esfuerzos por proporcionar mayores oportunidades laborales para las mujeres, la continua feminización del trabajo no remunerado deriva en una sobrecarga para ellas que, a su vez, genera una disminución de sus horas de descanso y, por ende, en su bienestar. Asimismo, el fomento de la creencia de que este tipo de trabajo no contribuye a la economía y la dependencia económica que genera se traducen en el reforzamiento de patrones culturales patriarcales que sitúan a la mujer en una situación desfavorecida.

La disparidad en la distribución del trabajo no remunerado entre hombres y mujeres es notable en Latinoamérica

La disparidad en la distribución del trabajo no remunerado entre hombres y mujeres es notable en Latinoamérica. Como se observa en la gráfica 1, elaborada a partir de datos de 2023 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), las mujeres dedican más del doble de horas al trabajo de casa que los hombres. Si bien los datos no toman en cuenta a algunos países de la región debido a la falta de estadísticas, es posible que esta afirmación se pueda extender a estos mismos Estados. Este hecho se traduce en diversas consecuencias que recaen en las mujeres, como la imposibilidad de conseguir un empleo formal o incluso cualquier tipo de empleo debido a la restricción de tiempo que pueden llegar a enfrentar. En este sentido, cabe destacar que, a pesar de que el Banco Mundial registró en 2022 un aumento en la tasa de participación laboral femenina que superó 50%, el Foro Económico Mundial (2023) colocó a Latinoamérica como la tercera región con menor paridad de participación y oportunidades económicas, lo que implica que hay un largo camino por recorrer en términos de equidad de género en el ámbito laboral, económico y financiero.

Sin embargo, cabe evidenciar que tomar en cuenta la importancia de las mujeres en el mercado laboral es una condición necesaria, mas no suficiente, para lograr una disminución en la brecha de género. Para ilustrar este hecho, también se observan en la gráfica 1 los casos de Guatemala y México, países en los que, aunque las mujeres dedican un cierto número de horas al trabajo remunerado, debido a la excesiva carga del trabajo que no es remunerado terminan teniendo un número total de horas trabajadas mayor al de los hombres.

La incorporación del trabajo no remunerado al análisis macroeconómico es un factor fundamental para comprender su impacto y su interacción con la economía de los países. Asimismo, la estimación de su valor económico también es relevante, pues permite demostrar la magnitud de la subestimación que tiene en el presupuesto nacional al no considerar su contribución económica. Cabe enfatizar que este tipo de trabajo, además de abarcar la satisfacción de las necesidades básicas de los miembros del hogar, también significa un ahorro monetario. Esto se debe a que, para lograr el mismo nivel de bienestar sin realizar estas tareas, la familia tendría que erogar cantidades significativas de dinero para que un tercero las realice. En este sentido, su valor se debe entender considerando el esfuerzo cotidiano que se realiza para crear bienes y servicios, principalmente en el ámbito doméstico para el consumo propio y mediante el costo de oportunidad que enfrentan las mujeres al renunciar a oportunidades en el mercado laboral por efectuarlo.

Las mujeres enfrentan una carga desproporcionada de las responsabilidades domésticas y de cuidado

En particular, es pertinente destacar que, en los países de la región latinoamericana, el trabajo no remunerado contribuye aproximadamente en más de 20% de su PIB. La gráfica 2 demuestra, con datos de la CEPAL (2023), la significativa contribución del valor económico de este tipo de trabajo en diez países de la región. En particular, es notable que en países como México, Costa Rica y Ecuador, su valor supera 25% con respecto al PIB, lo que enfatiza la relevancia y la necesidad del reconocimiento y del aporte de este tipo de trabajo en la economía.

A pesar de su importancia social y económica, la región padece de una falta de políticas efectivas que reconozcan este tipo de trabajo y que garanticen el bienestar de quienes lo realizan. La situación de las mujeres sigue siendo crítica en términos de la cobertura de sus necesidades básicas. De acuerdo con la CEPAL (2023), una de cada tres mujeres de Latinoamérica carece de acceso a servicios básicos de protección social. De igual forma, los datos de la Organización de los Estados Americanos (2023) revelan que alrededor de 100 millones de mujeres en Latinoamérica enfrentan barreras económicas para acceder a servicios de salud, lo que agudiza aún más su vulnerabilidad y limita su capacidad para mantener una buena calidad de vida.

En el ámbito de las pensiones, de acuerdo con un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (2023), solo 45% de las mujeres de la región están en algún modelo de protección social. Esta carencia no solo afecta su bienestar presente, sino también su seguridad económica en el largo plazo, ya que no cuentan con una red financiera para su vejez o en caso de situaciones adversas. Un ejemplo que ilustra la desventaja que padecen las mujeres respecto a los hombres es el de México, donde, según la CEPAL (2021), la proporción de mujeres que recibe una pensión contributiva es de 66.41%, mientras que las de los hombres es casi un 10% más alta, de 75.6%.

En conclusión, el trabajo no remunerado es un problema persistente en materia de equidad de género que es particularmente significativo en Latinoamérica. Las mujeres enfrentan una carga desproporcionada de las responsabilidades domésticas y de cuidado, y carecen de un reconocimiento y de una compensación adecuada. Esta situación conduce a una serie de consecuencias económicas y sociales que limitan la garantía del bienestar de las mujeres que lo realizan, tanto en el presente como en el largo plazo. Es fundamental reconocer la importancia y el valor económico que esta actividad le aporta tanto a los hogares como a los países en conjunto, para posteriormente implementar políticas integrales, tanto en el sector público como privado, que sean capaces de promover la equidad de género dentro de este ámbito. Solo así se podrá avanzar hacia el desarrollo de una región más justa y equitativa en la que todos sus habitantes puedan formar parte de sus oportunidades de crecimiento, independientemente de su género.

(*) Alumna de las licenciaturas de Economía y Matemáticas Aplicadas en el ITAM.

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