Por: Redacción Semanario de Junín
La vigente premisa del Gobierno Nacional que consiste en la transparencia de fondos, la baja de impuestos y la eficiencia de recursos ha encontrado eco en un gran porcentaje de allegados de todo el país que buscaron ese modelo.
La finalidad de tal posicionamiento es el engrosar la “caja” y, a su vez, volver más eficiente al Estado en lo que queda de su potencial intervención.

Abordando tan solo uno de los posibles temas que circunscriben a Junín, hallamos la crítica situación que se registra a lo largo y ancho de nuestra ciudad con lo referido al estado de las calles y avenidas que conforman el mapa urbano. Vale resaltar que se dejan de lado el estado de los caminos rurales, la inseguridad como así también el caos del tránsito vehicular alimentado por siniestros viales diarios.
Haciendo alusión al caso del estado de las calles, rápidamente alguien podría salir al cruce para tensionar esta realidad y acudir al actual cliché de “no hay plata” y, en verdad, hacer eso sería un error garrafal, ya que los números de la gestión local demuestran lo contrario.
Saliendo del centro juninense, y moviéndonos hacia la periferia, parecieran existir distintos “Junín” según la ubicación de donde vivan las personas
En nuestra ciudad, por ejemplo, en lo que hace al pago del impuesto en boleta única, destinado al barrido, limpieza y servicio sanitario; los juninenses suelen pagar una suma que ronda entre los 300 y 800 mil pesos anuales, según la zona residencial.

A ese número hay que multiplicarlo por los miles de frentistas, para encontrarnos con un número despampanante que no se ve reflejado y menos invertido en el estado de las calles. Las pavimentaciones han sido escasas, las repavimentaciones sólo de a parches, no se ha abordado el cordón cuneta en zonas pobladas de quintas residenciales y permanecen en pésimas condiciones la mayoría de las calles colectoras, donde se han incrementado los pozos llegando a la categoría de cráteres y se ven las grietas que sufren las calles.
Entonces, ese dinero de la tasa respectiva, recaudado “con la nuestra”, no se ve reflejado en mejoras de infraestructura que trasciendan en el tiempo, sino malgastado en fiestas que duran algunas horas y no contribuyen a una mejora en la calidad de vida.
Sumado al crítico estado de las calles y avenidas, se encuentra otro factor que puede perjudicar directamente al ciudadano ya que, si por culpa de los pozos y el descuido generalizado llegase a romper una simple cubierta del vehículo, la misma ronda en un valor que supera los 120 mil pesos.
Saliendo del centro juninense y moviéndonos hacia la periferia, parecieran existir distintos “Junín” según la ubicación de donde vivan las personas registrándose ciudadanos de primera y de segunda, pero eso sí: todos pagando los impuestos al día y atravesados por el olvido de cuidado de sus calles perjudicándolos cotidianamente.
Nuestra ciudad no solo es el reducto que se circunscribe desde la Fuente del Milenio, recorriendo la avenida Roque Sáenz Peña hasta Circunvalación. Los barrios de Villa Belgrano, Foetra, la Laguna de Gómez, el Cerrito Colorado y muchos más son muestra de una gran parte del Junín postergado y donde aumenta el descontento de la gente.
Finalmente, vale señalar que los intereses de la sociedad no se ven reflejados en las políticas públicas de la actual gestión, ya que al deterioro de las calles se suma la inseguridad, la falta de oportunidades para jóvenes, la no radicación de nuevas industrias y el tránsito colapsado por motos.
En definitiva, una gestión enfocada en los intereses propios que distan de ser los de la sociedad que, cada vez, suma más adeptos a su malestar.