Por: Ismael A. Canaparo
Gustavo "Cuchi" Leguizamón (29 de setiembre de 1917 - 27 de septiembre de 2000) fue un brillante pianista salteño de música folklórica, además de compositor, escritor y abogado.
“El Cuchi”, como todos lo conocían, fue premiado en dos ocasiones con el Premio Konex, en 1985 (compositor de folklore) y 2005 (compositor de folklore, post mortem). Cursó estudios de abogacía en La Plata, donde instruyó coros universitarios y tocó en reuniones y peñas. En la década del ‘60, junto a Manuel J. Castilla, integró el exitoso grupo de los cantores del norte. Fue director y arreglador del “Dúo Salteño” entre 1967 y 1986. Grabó un único disco: “Cuchi Leguizamón en vivo” (1988). Profesor de Literatura en el Colegio Nacional de Salta. Autor de clásicos como “Zamba de Lozano”, “Juan Panadero”, “Valderrama”, “La Pomeña”, “Canción de cuna para el vino”, “La arenosa”, “Si llega a ser tucumana”, “Zamba para la viuda”, “Chacarera del expediente” y “Me voy quedando”, interpretados por artistas de gran renombre como Mercedes Sosa, Los Huanca Huá, Los Fronterizos y Las Voces Blancas. Actuó en el filme “La redada” (1991). Es sinónimo de una de las obras musicales más importantes del folklore argentino. Ganó numerosos reconocimientos: Primer Premio del Festival Latinoamericano de Salta, Premio SADAIC y Premio Fondo Nacional de las Artes.
El recordado Héctor Antonio Minutillo, recitador, poeta y periodista, escribió para Radio Gráfica FM. 89.3, el 25 de octubre de 2020, una colorida y profunda semblanza de Gustavo Leguizamón, cuyos trazos principales citamos a continuación:
“A 20 años de su desaparición física, Gustavo “Cuchi” Leguizamón sigue siendo un ícono del folklore argentino. Considerado uno de los compositores más importantes del género. Creador del Dúo Salteño junto a Manuel Castilla. Abogado, profesor de Literatura, pianista excepcional. Su figura merece uno y mil homenajes.

Gustavo Leguizamón será siempre “Cuchi”. Músico autodidacta en los primeros años de su vida, estudio Derecho en La Plata, donde se recibió de abogado en 1945. La música terminó torciendo la muñeca de su vida. Junto al poeta Manuel Castilla compusieron cientos de zambas, chacareras, carnavalitos y vidalas llenas de amor, tragedia y ternura. Sus obras están mancomunadas en sus nombres y yodas ellas son parte de la cultura popular argentina.
“Cuchi” es reconocido en todo el país, pero en Salta no se le rinde la pleitesía que merece. “Cuchi” Leguizamón fue un poeta excepcional. Junto a Manuel Castilla fueron fundamentales en la llamada renovación del folklore salteño. Pero hubo algo especial en él porque el gran maestro tomaba dimensión de hombre sencillo, como lo fue toda la vida”.
Juan Fiorillo recordó al Cuchi docente universitario.: “Le gustaba mucho explicar las cosas. No era un profesor que presionara a los alumnos. Al contrario: los ayudaba. Les enseñaba de una manera que nos permitía sentirnos libres. Era muy simpático verlo comer chocolates mientras nos presentaba una materia en forma atrapante. Le interesaba explicar la historia más que tomar exámenes, y nosotros, sus alumnos, nos veíamos involucrados con él”.
“Cuchi” Leguizamón vivió la vida como un cuento y de esa manera lo entendimos. Ese curso sacó muchos periodistas y escritores y todos le debemos a él una forma de contar y escribir la historia. Lo que aprendí en esos años fue muy importante. Por la mirada y la forma de contarnos las clases. No era estricto como cualquier otro profesor. Charlaba con nosotros y por eso nadie, o casi nadie, fue a rendir con “Cuchi”.
“En esta idea de encontrarnos con un Leguizamón desconocido, Juan Fiorillo deslizó un detalle imprescindible para conocer al personaje: “Nunca ejerció la profesión de abogado porque decía que no podía vivir de la discordia humana. Por eso fue un gran profesor de Historia y un músico sobresaliente, y eso que comenzó tarde a estudiar música, cuando tenía cuarenta años”.
“Ema Palermo fue la compañera de Cuchi durante gran parte de su vida. Alguna vez narró la historia de “La panza verde”, compuesta junto a Jaime Dávalos: “Panza Verde” era un cacique del norte salteño que fue a ver si le podían poner unas tierras que tenía a su nombre. “Cuchi” fue su abogado y jamás cobró por su trabajo. Estaba totalmente concientizado en defender a la gente pobre por más que él hubiera nacido en el seno de una familia de la aristocracia salteña. Lo enamoraba juntarse con sus amigos, la poesía, la gente común y guitarrera”.
“La obra de Leguizamón está atravesada por las historias de hombres y mujeres de carne y hueso. Gente con la cual se cruzó en la vida. Personajes que parecieran de fantasía, irreales, pero todos existieron. Como Juan Riera, un anarquista español, muy amigo de Leguizamón y Castilla, que como buen idealista dejaba de noche la puerta abierta a los más pobres con pan caliente para que tengan que comer por las madrugadas”.
“Delfín Leguizamón es el hijo mayor de Cuchi. En diálogo con “Desde el Origen” (conducido por Minutillo), evocó a su padre: “Cada vez que se lo recuerda se redescubre una partecita de él. De su música, poesía y vida. Siempre vuelve aparecer el “Cuchi” a pesar que nunca quiso ser famoso. El era feliz siendo popular. Las masas vienen con el empuje de las modas, en cambio lo popular encaja en la cultura, en el acervo de la literatura del pueblo y en las diversas manifestaciones artísticas. Por eso fue tremendamente exitoso, magnífico y superior”.

“Alguna vez declaró que al país lo atrasan aquellos “que atacan la cultura para hacernos perder identidad”. Con la distancia que brinda el tiempo, Delfín analizó los parámetros de cultura popular que tenía su padre: “Cuchi diría que la verdadera revolución es cultural. Esa frase se la afanó al Mono Villegas, quién tenía la propuesta de cambiar el Himno Nacional Argentino en la estrofa que dice “Al gran pueblo Argentino, salud” y decir: “Al gran pueblo argentino, piano...”. Tenía esa idea de la cultura. Una verdadera revolución posible. Tenía su “Vidala para mi pueblo pobre”, porque decía que todos los pueblos del mundo son pobres”.
“Delfín Leguizamón siguió desgranando sus amados recuerdos del padre: “Mi viejo fue un gran observador. Por eso hizo un caruyo llamado “Ñaupa Manta”, que está compuesto, rítmicamente, con el mismo andar de la llama y acelera su paso y relenta su paso para poder andar mucho tiempo arriba del cerro. En muchas composiciones, trató de imitar el andar de la llama y el hombre de la Puna”.
“El hijo del “Cuchi” recordó la infinita tristeza que le produjo a su padre la muerte de Manuel J. Castilla: “Aun recuerdo la foto que salió en El Tribuno, donde está sentado al lado del ataúd de Manuel. Una foto que refleja una tristeza inmensa porque había fallecido su compañero. Más que su compinche, su cómplice de como mirar, leer, escribir y plasmar obras de arte que hicieron juntos. Fue un golpe durísimo para el “Cuchi”, pero la vida siguió y compartió su música con otros autores”.
“Finalmente, Delfín deslizó una historia maravillosa: “Diez años después de la muerte del Barba (por Castilla), golpea la puerta de casa la mujer de Manuel Castilla. Estábamos en familia. Le abro la puerta y me dice “Cuchito, mirá lo que pasó. Encontré detrás del forro del ropero esta letra de Manuel”. Era un poema de Castilla y al leerlo veo que es un poema entero para una zamba. La Catu Castilla me mira y me dice: “Quien más que vos puede componer una zamba junto a Manuel”. Fue así que diez años después de la muerte de Cuchi volví a componer junto a Castilla, poniéndole música a la zamba “Borrachito de noche”: “Cuidado con el borrachito/ no lo valla a tropezar/ él va a llegar despacito/a donde quiera llegar…
LA INMENSIDAD DE SU OBRA
La nómina de las obras de proyección folklórica de Gustavo Leguizamón es muy extensa. Tiene registrada en SADAIC (hasta 1987) 82 títulos, de los cuales 54 son grabadas y editadas.
Buena parte de estas composiciones son ya clásicos del folklore, como “Zamba del Carnaval”, “Balderrama”, “La Pomeña”, “Zamba de Juan Panadero”, “Maturana”, “La Arenosa”, “Zamba del Laurel” y muchas otras.
“Lloraré” (1954); “La antojada” (1955); “Zamba de Anta” (1955); “Zamba de los mineros” (1955); “Zamba del pañuelo” (1955); “Panza verde” (1955); “La desvelada” (1957); “Chacarera del Chacho” (1960); “La Pelayo Alarcón” (1961); “Serenata del 900” (1961); “La ida y vuelta” (1962); “Zamba del guitarrero” (1962); “La enojosa” (1962); “La unitaria” (1962); “Lavanderas del Río Chico” (1962); “Chilena del solterón” (1962); “Lejos” (1964); “Canción de Totoralejos” (1964); “Zamba de don Balta” (1964); “Chacarera del expediente” (1964); “Zamba del carnaval” (1964); “El avenido” (1964); “Zamba del mar” (1964); “El fiero Arias” (1965); “Zamba soltera” (1966); “Carnavalito del duende” (1966); “El silbador” (1967); “Cosas de la brisa” (1967); “Zamba de Lozano” (1968); “La arenosa” (1968); “La Pomeña” (1969); “Balderrama” (1969); “Fiesta de guardar” (1969); “Zamba del imaginero” (1970); “Canción del que no hace nada” (1970); “Letanía del olvido” (1970); “Cantora de Yala” (1970); “Navidad de Juanito Laguna” (1970); “La muerta” (1971); “Zamba de Argamonte” (1971); “Chacarera del aveloriado” (1971); “Zamba de los 50 años” (1971); “De estar estando” (1971); “Tiempo de mayo” (1971); “Coplas del regreso” (1972); “Serenata desolada” (1973); “Corazón qué te sucede” (1973); “Elogio del viento” (1973); “Viejo luchador” (1973); “Estilo de los oficios” (1973); “Canción del caballo sin jinete” (1973); “Baguala del guardamonte” (1973); “¡Ay! Madre” (1973); “Coplas de Tata Dios” (1973);“Preludio y jadeo” (1973); “Canción de cuna para el vino” (1973); “Maturana” (1975); “Zamba del laurel” (1975); “Zamba de Juan Panadero” (1975); “Chaya de la albahaca” (1976); “La Salta de antes” (1977); “No hay cosa como la muerte” (1977); “Zamba de la sirena” (1979); “Amores de la vendimia” (1981); “Si llega a ser tucumana” (1981); “La trova de la Macacha” (1981); “Estilo de la mala memoria” (1981); “Milonga de flor y truco” (1981); “Cartas de amor que se queman” (1981); “Y me debes creer” (1981); “Zamba del último carpero” (1981); “Pasaron la vida” (1982); “Chacarera del holgado” (1982); “La mulánima” (1982); “Cueca del Coto celoso” (1983); “Zamba para la viuda” (1983); “Muchas veces soñé curiosos sueños” (1984); “Coplas del caballo que muere” (1984); “Me voy quedando” (1985); “Chacarera de la Patria Financiera” (1986); “Bajo el azote del sol” (1986); “Santa Mariana” (1990); “Borrachito de la noche” (1991); “La redada” (1991); “Canción para proteger a María” (sin fecha); “Zamba para mi gata” (s/fecha); “Chaya por Toconás” (s/fecha) y “Maíz de Viracocha” (s/fecha).