Por: Redacción Semanario de Junín
Por primera vez desde la recuperación de la democracia en 1983, un intendente interino abrirá las sesiones del Concejo Deliberante de Junín, en un escenario cargado de disputas internas de los espacios políticos y de promesas irresolutas por parte de un Ejecutivo que desde hace 10 años marca una agenda de fantasía, exacerbada en los años eleccionarios.
Le tocará abrir el juego en la ocasión al cuñado del ahora senador provincial Pablo Petrecca: el inefable Juan Fiorini, quien no logra hacer pié en esta suplencia que ya empieza a generar dudas y rumores dentro de la propia tropa, agobiada por su falta de compromiso y la permanente publicidad, como si se tratara de un modelo de alguna agencia de poca monta.
Del otro lado no hay mejores perspectivas, el peronismo local arrastra años de rejuntes y con ello de traiciones variadas, que se exteriorizan más aún cuando en escasos 10 días deba dirimirse una interna en el distrito para elegir al presidente del PJ con tres listas, lo cual da muestras de la ruptura.
Del lado de los libertarios también éstos rondan en torno a una “hoguera de vanidades” donde varios ya se incendiaron y otros están a punto y los que quedan siguen atizando para que no quede nada. Desesperados por lograr algún puesto de poder y envalentonados por el jefe máximo que logró dar vuelta la taba, tratan de hacer pie en un distrito que se hunde comercial e industrialmente hablando, sin ahondar en lo social.
Hasta ahora el mandato de apoyar al petrequismo dándole gobernabilidad es claro por parte de los pintados de violeta, según lo negociado por el intendente y Diego Santilli durante la visita del ahora ministro de Interior a Junín, lo cual deja poco margen para que haya un trabajo serio a nivel deliberativo a favor de la comunidad juninense y todo parece que terminará dirimiéndose con el “toma y daca” propuesto desde hace 10 años por Petrecca, que favorece a amigos y subordinados, castigando a los que osen sacar los pies del plato, llámese “oposición” ya sea política, gremial o fomentista.
Una década en la que se han liberado al espacio miles de promesas como si se tratara de palomas, que luego vuelven al reducto y se las vuelve a soltar cerca de cada acto electoral.
Fiorini, afianzado por los medios de prensa amigos que dicen que dará un discurso “que marcará el eje en la eficiencia del Estado municipal, el equilibrio fiscal y la continuidad de las obras”, seguramente intentará explicar que “ahora sí” se terminará la nueva terminal, inaugurada a los apurones en la campaña pasada, como así también concluirán con la vieja estación de ómnibus, que hoy aparece símil “bombardeada” en pleno centro de la ciudad.
Se abrazará sin dudas a otra “palada de tierra” de la única máquina que trabaja para concluir el paso a nivel que por mala praxis política terminó dejando la ciudad partida en dos y repartirá sonrisas impostadas.
Todo lo que diga de la falta de apoyo del gobierno nacional o provincial será como pegarse un tiro en el pie, ya que a los primeros los acompañaron para llegar al gobierno y los segundos les estuvieron proveyendo fondos para poder tener las pocas obras concretadas en el distrito.
Como dicen sus acólitos de prensa, Fiorini planteará la necesidad de un “municipio que se hace cargo”, administrando con previsibilidad y orden; aunque no podrá barrer debajo de la alfombra la mugre que inunda Junín como parte de la responsabilidad que tiene la cooperativa de trabajo que su cuñado creó con militantes del PRO para facturar millones de dólares en este tiempo, a pesar de la falta de eficiencia en su labor.
Seguridad, salud, educación; son también parte de la deuda petrequista de más de 10 años, cuyo responsable “se borró” irresponsablemente del puesto con que había sido elegido, dejando a un familiar en el cargo como si se tratara de la atención de un kiosco.
Innumerables problemas están para ser solucionados, sin embargo, la política juninense juega con irresponsabilidad y puro narcicismo en las redes sociales.
Lo que debiera ser una fiesta popular con la participación de los vecinos, se transforma de ese modo en un encuentro gris donde cada quien juega su juego y que los representados -literalmente- se jodan.