La sala donde se juzga la muerte de Diego Armando Maradona se transformó este martes con la declaración de su hija Gianinna quien apuntó directo al equipo médico que estuvo al lado del astro.
A lo largo de su testimonio, la hija del mejor futbolista de todos los tiempos reconstruyó los últimos meses de vida de su padre con una línea clara: deterioro progresivo, medicación en aumento y una familia que —según dijo— quedó al margen de decisiones clave. “Lo veía cada vez peor”, fue la idea que repitió, mientras describía a un Maradona apagado, lejos de la lucidez que lo caracterizaba.
“Para ellos era normal que esté así, no nos dejaban hablar con él y le cambiaban el número de teléfono. Hablaban del entorno, nos decían que éramos locas, no nos creían. Que éramos unas quilomberas. En ese cumpleaños quise sacarlo de la mesa; me empezaron a empujar, a agarrar del brazo. Ahí él dice ‘dejen a mi hija'”, afirmó.
“Lo llevé a la habitación y vomitó encima mío. Vino la expareja a sacarme, a gritarme, me decían que se lo querían llevar para internarlo. Todos siguieron festejando como si nada. Al otro día, para la prensa yo era la loca, la quilombera, que había entrado drogándome a la casa de mi papá. Yo subí una historia en redes sociales diciendo que a mi papá lo estaban matando lentamente”.
El foco de sus acusaciones se posó sobre los profesionales a cargo. Nombró a la psiquiatra Agustina Cosachov y al neurocirujano Leopoldo Luque como los principales responsables del seguimiento. Según su relato, la información llegaba tarde, incompleta o directamente no llegaba. Incluso aseguró que se enteró de una internación por su cuenta, al intentar averiguar qué medicación estaba recibiendo.
La internación domiciliaria en Tigre apareció como otro eje crítico. Lo que, en teoría, debía ser un dispositivo preparado para atender una situación delicada, fue descripto como un esquema precario: sin ambulancia, sin equipamiento esencial y con un acceso complicado para emergencias. “No estaba preparado”, dejó en claro.
Pero uno de los momentos más tensos se dio con la reproducción de un audio del psicólogo Carlos Díaz. En la grabación, se lo escucha hablar de “cubrirse” frente a la familia y minimizar la intervención del personal de enfermería. Las frases resonaron en la sala y generaron incomodidad. Gianinna, a pocos metros, reaccionó con visible indignación.
También surgieron episodios que reforzaron la hipótesis de desorden en el tratamiento. Desde consultas insólitas de profesionales hasta audios sobre la alimentación de Maradona en medio de cuadros de malestar, la testigo fue sumando elementos que, para la acusación, delinean un escenario de negligencia. Uno de los puntos más delicados fue su afirmación de que su padre no sabía que estaba bajo internación domiciliaria. Esa falta de información —sostuvo— explicaba su rechazo a controles y el vínculo conflictivo con quienes lo asistían.
Sobre el final, el relato se volvió más crudo. Recordó el día de la muerte, la bronca que le generaron ciertas frases del entorno médico y la sensación de haber sido manipulada: Luego de describir la descompensación y la llegada a la casa donde intentaron reanimarlo, afirmó que en ese contexto escuchó expresiones que la impactaron: “Al poco tiempo vinieron los médicos de la ambulancia para informarme que no podían hacer nada, que mi papá se había muerto”.
También se exhibió un mensaje entre Carlos Díaz y Agustina Cosachov en el que se planteaba que la responsabilidad debía recaer sobre Maradona y no sobre el equipo médico. Consultada por la fiscalía, Gianinna reaccionó con dureza: “Lo querían culpar ya estando muerto, me parece de una bajeza absoluta”.
Con ese testimonio, la jornada dejó algo más que emoción: aportó elementos que la fiscalía buscará utilizar para sostener la acusación de negligencia. El juicio sigue, pero la declaración de Gianinna ya quedó instalada como una de las más comprometedoras para los imputados.