domingo 3 de mayo de 2026

NACIONALES | 3 may. 2026

SEMANAGRO

Crucíferas: los cultivos “no tradicionales” pueden ganar espacio en la zona

07:52 |Camelina, carinata y colza asoman como alternativas invernales con valor estratégico: aportan rotación, mejoran suelos y se integran a la creciente demanda de biocombustibles. El nuevo escenario internacional empuja precios y acelera decisiones productivas.


Por: Redacción Semanario de Junín

SECCIÓN SEMANAGRO PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 512 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 1 AL 8 DE MAYO DE 2026

En un contexto global atravesado por la transición energética y las tensiones geopolíticas, algunos cultivos que hasta hace pocos años eran marginales comienzan a captar la atención de productores y empresas. Se trata de las crucíferas —principalmente camelina, carinata y colza—, oleaginosas de invierno que, según un reciente informe de la Bolsa de Cereales de Córdoba, están encontrando un espacio concreto en la agricultura argentina, con potencial de expansión también en el noroeste bonaerense.

El dato no es menor: estas especies no sólo aportan diversificación productiva, sino que se vinculan directamente con la industria de los biocombustibles, en particular aquellos de segunda generación, cada vez más demandados en mercados internacionales. A esto se suma un factor coyuntural que impacta en los precios: la incertidumbre energética global, alimentada por conflictos como la reciente escalada entre Estados Unidos e Irán, que vuelve a poner en primer plano la necesidad de fuentes alternativas al petróleo.

En este escenario, los aceites vegetales derivados de estas oleaginosas adquieren un valor estratégico. No se trata únicamente de una cuestión ambiental —la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero— sino también de una oportunidad económica concreta. Según el informe, la bioenergía aparece como una de las herramientas más relevantes para sustituir combustibles fósiles, particularmente en sectores donde la electrificación es compleja, como la aviación.

Los denominados combustibles sostenibles de aviación (SAF, por sus siglas en inglés) concentran buena parte de esa expectativa. Y es precisamente allí donde las crucíferas ofrecen ventajas comparativas: su alto contenido oleico y su perfil productivo las vuelven aptas para abastecer esta cadena en expansión.

VENTANA PRODUCTIVA

En términos agronómicos, el atractivo de estos cultivos radica en su capacidad de insertarse en esquemas ya conocidos, sin desplazar a los cultivos principales. Se trata de especies de ciclo invernal que pueden incorporarse en rotación con soja o maíz, ocupando un período en el que tradicionalmente muchos lotes quedan en barbecho.

Este punto es central para zonas como el noroeste bonaerense, donde la eficiencia en el uso del suelo y del agua es determinante. La camelina, por ejemplo, presenta requerimientos hídricos relativamente bajos —entre 200 y 250 milímetros— y un ciclo corto, de aproximadamente 120 a 150 días. Esto permite sembrarla en otoño y cosecharla hacia la primavera, liberando el lote a tiempo para la campaña estival.

Desde el punto de vista económico, los números comienzan a cerrar. Los precios de referencia rondan los 450 dólares por tonelada en el caso de la camelina, con esquemas productivos que, en muchos casos, se desarrollan bajo contratos con empresas que proveen semilla, asistencia técnica y garantizan la compra de la producción.

La carinata, por su parte, muestra rendimientos superiores —entre 12 y 20 quintales por hectárea— y un comportamiento agronómico que también aporta beneficios al sistema. Mejora la estructura del suelo, favorece la infiltración de agua y contribuye al control de malezas. Además, su desarrollo en el país ha sido rápido: pasó de unas 1.500 hectáreas iniciales en 2019 a cerca de 9.000 en la última campaña.

En tanto, la colza —la más conocida dentro del grupo— mantiene un mercado más consolidado, con precios que oscilan entre 350 y 450 dólares por tonelada y una producción que, si bien ha crecido en los últimos años, todavía está lejos de sus picos históricos.

Para el productor, la decisión no es sólo económica. También entran en juego factores agronómicos de largo plazo. Las crucíferas aportan cobertura del suelo, reducen la erosión y promueven el reciclaje de nutrientes. En sistemas cada vez más exigidos, estos atributos empiezan a pesar tanto como el margen bruto.

CUESTIÓN DE OPORTUNIDAD

El crecimiento de estas oleaginosas no puede entenderse sin observar lo que ocurre fuera del lote. La demanda internacional de biocombustibles, impulsada por políticas de descarbonización, está generando nuevas cadenas de valor donde Argentina tiene potencial para posicionarse.

El informe destaca que el país cuenta con ventajas estructurales, especialmente en la producción y procesamiento de aceites vegetales. En esa línea, ya se observan inversiones concretas, como la ampliación de capacidad industrial para procesar semillas con alto contenido de aceite destinadas a combustibles renovables.

A esto se suman proyectos vinculados a la producción de combustibles sostenibles de aviación, que podrían consolidar una demanda sostenida en el mediano plazo. Para el productor, esto implica una señal clara: no se trata de una moda pasajera, sino de un mercado en construcción

Sin embargo, el desarrollo de estas cadenas aún presenta desafíos. Uno de ellos es la falta de información estadística oficial, especialmente en cultivos como camelina y carinata, donde los datos provienen mayormente de fuentes privadas. Esto dificulta la toma de decisiones a gran escala y evidencia la necesidad de mayor articulación institucional.

Camelina, con un futuro por descubrir.

Otro aspecto clave es la dependencia de esquemas contractuales. A diferencia de cultivos tradicionales, donde existe un mercado abierto, en estos casos la producción suele estar atada a acuerdos con empresas específicas. Esto puede ser una ventaja —por la previsibilidad—, pero también limita la flexibilidad del productor.

Aun así, las perspectivas son claras. El informe estima que durante el invierno quedan alrededor de 20 millones de hectáreas disponibles en el país que podrían destinarse a este tipo de cultivos. Si una porción de esa superficie se incorpora efectivamente, el impacto productivo y económico podría ser significativo.

En el noroeste bonaerense, donde la rotación agrícola-ganadera y la gestión de los recursos naturales son temas recurrentes, estas alternativas empiezan a ser observadas con mayor atención. No reemplazan al trigo ni a la cebada, pero sí ofrecen una opción complementaria que combina ingresos, sustentabilidad y posicionamiento frente a nuevas demandas del mercado.

La clave, como suele ocurrir, estará en la información y el acompañamiento técnico. La incorporación de cultivos no tradicionales implica aprender, ajustar manejos y evaluar riesgos. Pero también abre la puerta a sistemas más resilientes y diversificados.

En definitiva, las crucíferas dejan de ser una curiosidad agronómica para convertirse en una variable concreta dentro del esquema productivo. Y en un contexto donde la energía, el ambiente y la economía están cada vez más entrelazados, su protagonismo parece destinado a crecer.

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