Por: Redacción Semanario de Junín
En un pueblo rural de Córdoba, Ramiro Lezcano, un maestro de música, descubre que las fumigaciones cercanas a las escuelas ponen en riesgo la salud de sus alumnos.
Este relato inspirador que nació de las entrañas del sufrimiento de un colegio rural refleja lo que ocurre en distintas partes del país; el escenario podría ser Rosario, Pergamino, o Junín, donde las realidades entre el campo, la salud de los habitantes y algunos bolsillos, imponen realidades similares.
Desde SEMANARIO hemos dado cuenta en numerosas publicaciones, cómo, en Junín y zonas rurales aledañas, persisten denuncias sobre la fumigación con agroquímicos cerca de escuelas. Aunque la ordenanza local establece distancias mínimas —500 metros para zonas urbanas y 300 metros para escuelas rurales—, el incumplimiento, la falta de control y las aplicaciones aéreas ilegales ponen en riesgo a la comunidad educativa.
En este contexto, Una canción para mi tierra es una acción inédita en nuestro país. Ya tuvo la edición de un primer disco hace más de cinco años, y el proyecto fue seguido durante varios años por la cámara del realizador Mauricio Albornoz Iniesta, quien acompañó al docente, a sus colaboradores y a los chicos de escuelas rurales de Córdoba y Santa Fe que participaron de la creación de las “canciones urgentes”.
El resultado ahora es un largometraje documental realizado hacia finales de 2023, que condensa y compila ese movimiento humano y artístico desde sus orígenes, cuando la idea era simplemente componer y cantar una canción en el aula y, tal vez, pasarla en alguna radio local pero que ahora, desde este 30 de abril ya puede disfrutarse en varios cines de todo el país.
En las primeras escenas de Una canción para mi tierra Lezcano acepta la oportunidad de llevar adelante un taller de música en una escuelita rural a la vera de la ruta. A poco de ingresar al aula, y luego de ensayar con guitarra española los primeros versos del Himno a Sarmiento, un avión fumigador hace su tarea muy cerca de la escuela y llama la atención del recién llegado, aunque la docente a cargo del colegio le cuenta que allí, ‘eso es moneda corriente’.

“Lo único que pedimos es que nos avisen con tiempo”, dice la mujer, y los chicos completan la idea con las reacciones de sus cuerpos a la lluvia de pesticidas: picazón de garganta, dolor de cabeza, mareos. De allí la idea de una canción que hable del tema, cuya letra reemplaza simbólicamente los aviones por pájaros carroñeros de material no biológico. “Carancho de metal / que acechas desde el cielo / Carancho de metal / no tires más veneno”, terminarían cantando los chicos junto a Albornoz y… León Gieco, uno de los artistas que se sumó a la movida.
Los mejores momentos de la película de Albornoz Iniesta, que funciona como documento, son aquellos que registran esa pequeña aula transformada en una verdadera escuela de rock y también las instancias en las cuales las fuerzas vivas de la municipalidad y la gobernación comienzan a poner algunos palos en la rueda, habida cuenta de que allí “todos vivimos del campo”, y es mejor no tocar ciertos temas ni remover el avispero de los plaguicidas.
'Una canción para mi tierra' es un proyecto musical político que culminó en un Festival multitudinario junto a primerísimas figuras como León Gieco, Lito Nebia y muchos más
Cuando varios artistas latinoamericanos como Gieco, Lito Vitale, Pablo Milanés, Rubén Blades y Rubén Rada –por nombrar apenas cinco nombres de un combinado de excepción– se suman al proyecto, el camino al éxito y al deseado recital multitudinario ya están asegurados, y la tensión narrativa es reemplazada por una cámara testimonial.

La dinámica ecológica de esta acción se extendió más allá del medio ambiente. “Cuando terminamos de filmar, seguimos asistiendo a estas escuelas para dar talleres de cine. Este es el tercer año y ya hicieron dos cortometrajes: una ficción y un documental, que después presentan en los pueblos con un montón de gente. Más allá de las canciones, se van vinculando con otros lenguajes, todo con el fin de que puedan expresar sus realidades de manera artística” contó Lezcano.
Entre los reconocimientos obtenidos, Una canción para mi tierra, cosechó el premio a la Mejor Película Ambiental del Mundo 2025, otorgado por Green Film Network. La obra también ha despertado el interés de instituciones académicas de prestigio, como la Universidad de la Sorbonne (Francia), donde fue proyectada y debatida junto a su director y Ramiro Lezcano con estudiantes y docentes de la institución.
Con dirección de Mauricio Albornoz Iniesta; Ramiro Lezcano, Silvia Ghio, niños, niñas y docentes de escuelas rurales argentinas y la participación especial de León Gieco, Lito Vitale, Gustavo “Chizzo” Nápoli, Mavi Díaz, Andrea Echeverri, Héctor Buitrago, Una canción para mi tierra es un potente mensaje de resistencia de las escuelas rurales, de la ruralidad, que siempre está invisibilizada.