viernes 22 de mayo de 2026

LOCALES | 22 may. 2026

NOTA DE TAPA

Precarizados

07:10 |El empleo es cada vez más escaso y hay quienes se aprovechan cruelmente de los trabajadores. Adoradores de la meritocracia, pero mamando de la teta del Estado, se regodean los funcionarios del Ejecutivo de Junín. Mientras, los defensores a ultranza de la justicia social siguen adormecidos en sus bancas y sus espacios políticos. Un debate que todos prefieren silenciar.


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Por: Redacción Semanario de Junín

NOTA DE TAPA PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 514 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL16 AL 22 DE MAYO DE 2026

La fotografía causa indignación, preocupación y frustración. En la vereda de la calle Alberdi, un trabajador, motoguadaña en mano, corta el césped amarillento frente a las oficinas de Obras Sanitarias Municipales. No lleva casco ni máscara facial, siquiera unas antiparras de protección. Menos todavía cuenta con botas antideslizantes; no usa protectores auditivos y, como si fuera poco, la máquina no tiene el deflector de residuos alrededor del cabezal de la tanza, que permite evitar que vuelen piedras o basuras hacia el cuerpo y la cara.

Más adelante, otro grupo, dentro del predio, coloca plantas. Están con implementos de jardinería, pero ninguna protección para su seguridad.

La escena ocurre a plena luz del día, frente a una dependencia municipal. Nadie se esconde. Nadie controla. Nadie parece sorprenderse.

La tarea, si no es realizada por empleados municipales, está avalada por el municipio, ya que debió ser ella la que contrató a semejante organización. La pregunta es por qué la brutal precarización es naturalizada, a punto tal de que la legislación laboral argentina protege la integridad psicofísica del trabajador a través de normas de higiene y seguridad. Por eso está establecido que el empleador debe prevenir accidentes y enfermedades profesionales, garantizando un ambiente seguro, a menudo mediante una Aseguradora de Riesgos de Trabajo (ART).

El Artículo 14 bis de la Constitución Nacional y la Ley de Contrato de Trabajo (N° 20.744) sustentan estos derechos. ¿Por qué se naturaliza la violación de la ley?

¿La empresa contratada para las tareas está en regla? Ampliando el espectro: ¿el municipio tiene en regla a sus trabajadores? Ya es sabido el pésimo salario que pagan a los trabajadores municipales los funcionarios administrativos juninenses, que se la pasan filmando videos y promocionando locales comerciales, usando los autos oficiales como si fueran privados y promoviendo gastos onerosos en las oficinas; mientras que, en sus discursos, avalan los recortes del gobierno nacional y apuntan a las carencias del gobernador bonaerense, aunque soslayando la deuda que Milei tiene, no para con Axel Kicillof, sino con todos los bonaerenses.

¿Acaso resulta lógico que los autos de los funcionarios sean de alta gama y último modelo, mientras la maquinaria para cumplir con los servicios que paga el vecino —salvo algunas pocas excepciones— tiene hasta más de 20 años de antigüedad y muere herrumbrada en depósitos municipales?

Tenemos demasiadas preguntas para el “senador-intendente” canchero que publica en redes que “sin prensa libre no hay democracia, solo propaganda”, pero odia al periodismo que no le rinde pleitesía y tiene justamente una oficina propia para propaganda.

Se debe abordar sin limitaciones el debate acerca de por qué el crecimiento del desempleo llevó a esta suerte de esclavitud, en la cual el trabajador no es más

MALOS EJEMPLOS SOBRAN

En otra de las recorridas por la ciudad, se observa a un trabajador de la cooperativa de trabajo que creó Petrecca junto con algunos de sus socios militantes, y que factura millones de pesos anualmente —aunque nadie investigó respecto de su constitución— recogiendo hojas sobre la cuneta. El muchacho tampoco tiene ningún tipo de protección, aunque cuando los presentaron para la foto, hace algunos años, los vistieron con todo lo necesario para la ocasión.

No cuenta siquiera con una pala para levantar las hojas y lo hace con dos pedazos de cartón prensado. Ni hace falta mostrarlo, porque seguramente cualquier vecino que viva en la ciudad los ve. Aunque, por la naturalización, probablemente no repare en esa desprotección hacia el trabajador, avalada por un Estado ausente como el de Junín, gobernado por “pituquitos” que se creen por encima del resto y vienen vagando por los pasillos municipales en “modo Adorni”, haciendo gala de su fanfarronería y arrogancia, pero nunca de su aptitud para el cargo.

Se debe abordar sin limitaciones el debate acerca de por qué el crecimiento del desempleo llevó a esta suerte de esclavitud, en la cual el trabajador no es más que un desecho y, por eso, ni siquiera se cumplen las leyes que lo deben amparar por parte de, paradójicamente, quienes luego tienen que exigirlas.

¿Acaso de qué modo puede un funcionario municipal exigir normas de cualquier tipo a comerciantes, empresarios o industriales cuando ellos mismos las incumplen en todos los ámbitos?

Y algo mucho más grave todavía: ¿dónde están el resto de los organismos que deben velar por buenas condiciones laborales?

Dejemos de lado la delegación del Ministerio a nivel nacional, cuyo gobierno parece odiar tanto al laburante como lo confiesa con los periodistas. Pero… ¿dónde están los representantes provinciales, que debieran mirar meticulosamente estos desaciertos haciendo cumplir las obligaciones de los empleadores?

Tal vez, enfrascados en las internas propias y ajenas, olvidaron leer el capítulo en que la doctrina peronista sitúa al trabajador como el eje central de la justicia social, definiendo el trabajo como la “suprema dignidad” y el medio indispensable para la realización material y espiritual del individuo.

¿Acaso el peronismo no proclama que el trabajo es un derecho y un deber, elevando al trabajador al rango de protagonista fundamental de la comunidad organizada?

Por eso la gravedad se agiganta cuando vemos que, en mayor o menor medida, este tipo de ejemplos se extienden a través de la mayoría de los rubros laborales, mientras prácticamente “nadie” mueve un solo músculo para hacer cumplir la legislación y quien intenta llevar el alimento a su mesa está atravesado por la desidia de quienes cruelmente lo denigran y por otros que hipócritamente dicen defenderlo, pero terminan naturalizando las situaciones, acaso por recibir algún privilegio que nunca alcanzarán sus “representados”.

La celebración de inversiones foráneas destinadas al consumo de unos pocos, o la llegada de oportunidades cuentapropistas de aplicaciones, suman precarización. Los nuevos ganan apenas lo indispensable para vivir dignamente, exponiendo su cuerpo y sus bienes, sin ninguna red de contención laboral. Los que ya estaban ven cómo su emprendimiento local, registrado y habilitado, se esfuma. La cuenta final es que todos pierden, mientras la casta sale a vender espejitos de colores. De todos los colores.

Queda a la vista que el enemigo que iba a combatir no era la casta política, sino a los trabajadores, que paradójicamente son los que la mantienen.

¿Acaso el peronismo no proclama que el trabajo es un derecho y un deber, elevando al trabajador al rango de protagonista fundamental de la comunidad organizada?

SIN MEDIAS TINTAS

El argumento no admite medias tintas: la naturalización del trabajo precario es el proceso sociocultural y económico mediante el cual condiciones laborales inestables, inseguras y con derechos limitados pasan a ser aceptadas como “normales” o inevitables, tanto por la sociedad como por los propios trabajadores. Este fenómeno implica una pérdida de percepción de los derechos laborales básicos, convirtiendo la precariedad en una modalidad de empleo cotidiana.

En Junín se nota, y mucho. El problema no solo recae en aquellos empleadores que no valoran a sus trabajadores y los consideran simplemente un fusible reemplazable que, cuando se quema, otro ocupará su lugar, sino también en la estructura ilegal que los protege, porque quienes deben ejecutar las normas se desentienden de ello.

Por el contrario, son los mismos legisladores los que promueven la precarización laboral, generando empleos “low cost” en los que abundan los cuentapropistas que se canibalizan, mientras un sector lo celebra, aunque no aprecie su propio deterioro económico, pero —sobre todo— humano.

En este escenario se promueve el síndrome del esclavo satisfecho. En este caso, su desgracia no es tanto las formas situacionales que sufre en términos de maltrato, sino la asunción del pensamiento del poderoso, que le impide cuestionar su estado de sumisión.

Esto conlleva a que acepte, sin rebelarse, las condiciones que se le imponen, con una actitud acrítica y sin la más mínima intención de revertir su situación, llegando incluso a experimentar una sensación de satisfacción por el trato recibido.

Por eso se dice que “las cadenas no sujetan el cuerpo, sino la mente”.

Podemos asumir —lastimosamente— que para estas situaciones pareciera que de nada sirve formar parte de sociedades con leyes o convenios que “en teoría” deberían protegernos de los abusos.

Este sistema neoliberal en el que nos encontramos nos impone ciertos valores y ejerce sobre nosotros una clara manipulación de conciencia que nos lleva a aceptar condiciones que chocan directamente con la dignidad de la persona.

La celebración de inversiones foráneas destinadas al consumo de unos pocos, o la llegada de oportunidades cuentapropistas de aplicaciones, suman precarización

PERDER EL POTENCIAL

Junín ha tenido sectores importantes como generadores de trabajo. El distrito se destacó en materia textil, con prendas de excelente nivel que se exportaban a Europa y otras partes del mundo. Hasta sería probable que el ministro de Economía, Luis Caputo, un ignorante consuetudinario de la Argentina y quien afirmó que siempre compró su ropa en el exterior, haya adquirido —sin saberlo— en “El Corte Inglés” algún pantalón confeccionado por Antonelo de Junín, que producía para la gran tienda española en los años ‘90.

También la construcción resultó, hasta no hace mucho, un rubro de gran expansión en el distrito, cuando los salarios, a pesar de estar licuados por la inflación, dejaban un margen para el ahorro que se destinaba a refaccionar o construir una vivienda.

Del mismo modo, hubo un grupo de empresarios que, con gran esfuerzo, fueron edificando un futuro que en poco tiempo quedó devastado, con la proximidad de un quebranto producto de no haber concebido políticas que elevaran el nivel del salario de los trabajadores, generando una verdadera cadena virtuosa en favor del consumo.

Algo que no se vio de manifiesto. Por el contrario, en lugar de eliminar impuestos a las pymes, el actual gobierno los eliminó para bienes suntuarios que consume la minoría poderosa.

Por eso también reina el desconcierto y la incoherencia en el tándem de gobierno juninense de dos cabezas -Petrecca-Fiorini-, ya que resulta un total contrasentido que hablen casi obsesivamente de generación de trabajo en Junín y apoyen al gobierno de Javier Milei, que ha sido uno de los más destructores del empleo y los salarios desde la recuperación de la democracia. Y que este par, sin proyecto alguno, celebren la llegada de la franquicia de otra hamburguesería como si se tratara de una inversión para el desarrollo del distrito.

Craso error, ya que es sabido —y no admite falacias— que un distrito crece con inversiones clave, como podrían ser el desarrollo inmobiliario y la construcción. Se trata de emprendimientos, ya sean residenciales o industriales, que resultan un motor económico que multiplica la actividad.

Parques industriales y logísticos también atraen empresas que generan empleo formal y permanente, aumentando la capacidad de producción del distrito.

Proyectos turísticos y de sostenibilidad, con inversiones en ecoturismo y hotelería, y recién allí sí, complementados con espacios gastronómicos.

Infraestructura de conectividad, como data centers y logística, resultan inversiones en tecnología que convierten al municipio en un punto de conexión eficiente, potenciando la productividad.

Sin embargo, nada de eso ocurre y la vara queda absolutamente baja en un distrito de más de 100 mil habitantes que alguna vez fue la potencia de la región y hoy no logra despegar por las políticas berretas implementadas.

La “doble intendencia”, con funcionarios que parecen influencers, asiste a inauguraciones de comercios como si estuvieran queriendo “manguear” el asadito del domingo o la cajita feliz para los pibes. Una imagen peor no se consigue. Y un escenario como el que transitamos en materia económica y laboral, tampoco.

En lugar de eliminar impuestos a las pymes, el actual gobierno los eliminó para bienes suntuarios que consume la minoría poderosa

¿QUÉ EXIGE LA LEY PARA TRABAJOS DE MANTENIMIENTO URBANO?

Las normas de higiene y seguridad laboral en Argentina establecen que tareas como corte de pasto, poda, barrido o mantenimiento de espacios públicos deben realizarse con elementos de protección adecuados y bajo cobertura legal. Entre los principales elementos obligatorios figuran:

-Casco de seguridad.

-Protección visual (antiparras o máscara facial).

-Protectores auditivos.

-Guantes de trabajo.

-Botas de seguridad antideslizantes.

-Ropa adecuada y reflectiva.

-Deflectores de protección en máquinas motorizadas.

-Además, el empleador debe garantizar:

-Capacitación para la tarea.

-Cobertura de ART.

-Herramientas en condiciones.

-Supervisión y prevención de riesgos.

La Ley de Contrato de Trabajo y las normas de Seguridad e Higiene obligan a preservar la integridad psicofísica del trabajador. La ausencia de estos elementos puede derivar en sanciones, accidentes graves y responsabilidad legal para el empleador.

Lo que falta en muchos trabajadores de la calle no es voluntad de trabajar: son derechos básicos.

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